Las hermanas descubren la gracia en el ministerio con los emigrantes

La hermana Eligia Ayala Molina, de las Hermanas del Ángel de la Guarda, en el centro, camina con migrantes por las vías del tren cercanas. (Foto: Lisa Kristine)

La hermana Eligia Ayala Molina, de las Hermanas del Ángel de la Guarda, en el centro, camina con migrantes por las vías del tren cercanas. (Foto: Lisa Kristine)

Antes de leer

Solo o con un compañero, considera lo siguiente:

1 ¿Cuál es la distancia más larga que has caminado o recorrido?

2. ¿Cómo te sentiste cuando terminó tu viaje? ¿Estabas agotado o rejuvenecido?

3. ¿Cómo te recuperaste para lo que viniera después? ¿Te ayudó alguien a recuperarte?

Ten en cuenta mientras lees

Los migrantes que huyen de sus países de origen en Centroamérica para buscar refugio en Estados Unidos se enfrentan a un viaje peligroso y agotador a través de México. A menudo  sufren terribles traumas físicos o psicológicos. Las hermanas que trabajan en un albergue para refugiados los acogen con amor y hacen grandes sacrificios para atenderlos. Observa los retos a los que se enfrentan los migrantes, así como la forma en que las hermanas descubren la fuerza para servirles.

Las hermanas del  Ángel de la Guarda en México arriesgan su seguridad para ayudar a migrantes a menudo traumatizados

5 de agosto de 2019

por Soli Salgado
traducido por Carmen Notario

La hermana Lorena Hernández Jiménez, del Ángel de la Guarda, aún recuerda uno de sus primeros casos como coordinadora de la oficina de refugiados en el albergue de la frontera México-Guatemala.

Dos hermanas de sangre, de 26 y 34 años, pasaron por el refugio que cinco hermanas de la congregación Ángel de la Guarda supervisan en Ixtepec, México. Las jóvenes escapaban de la extorsión de las bandas de El Salvador. Hernández les estaba ayudando a tramitar su solicitud de asilo, que incluía ver las fotos que se habían hecho después de que unos pandilleros les dieran una paliza.

extorsión: obtener algo de una persona mediante la fuerza, amenazas o actividades ilegales.

asilo: permiso legal para permanecer en los  Estados Unidos u en otros países con fines de protección, porque una persona teme ser víctima de violencia o persecución en su país.

albergue: lugar que ofrece alojamiento y ayuda básica temporal a personas que lo necesitan, como migrantes en tránsito.

Todo empezó con una extorsión: una banda local exigió a las hermanas que les pagaran 50 dólares a la semana. Cuando la hermana menor dijo que no tenía suficiente para pagar, los hombres se la llevaron arriba.

"La destrozaron por completo, la desnudaron y la golpearon 15 veces con un bate de béisbol en la espalda", cuenta Hernández.

Más tarde, le ocurrió lo mismo a su hermana. Cuando la banda se enteró de que las hermanas les habían denunciado a la policía, empezaron a amenazar a sus hijos.

Pero en el refugio tuvieron  argumentos sólidos para solicitar asilo, con fotos de sus heridas como prueba y las continuas amenazas a su familia.

Para muchos migrantes que se dirigen al norte desde Centroamérica, especialmente los que buscan asilo, el albergue de las religiosas en la frontera es una parada crucial. 

En el Albergue Hermanos en el Camino los migrantes que reúnen los requisitos para solicitar asilo pueden quedarse durante meses; otros se quedan unas pocas noches, utilizando los recursos del albergue para curar sus  heridas, usar el aula de informática, hacer llamadas, cortarse el pelo, ponerse ropa nueva y tomar algunas comidas.

Pero para las Hermanas del Ángel de la Guarda, el refugio es más que un centro de recursos o una cama para pasar la noche: es una oportunidad para prevenir la trata e identificar a quienes puedan haberla sufrido de camino, ya que los migrantes son especialmente vulnerables a la explotación.

"Este espacio es una vía para las víctimas [de la trata], pero sobre todo para su prevención", afirma sor Carmela Gibaja Izquierdo, coordinadora de Red Ramá, organización de hermanas contra la trata en Centroamérica. Aunque Gibaja reside en El Salvador, colabora estrechamente con el albergue y lo visita con regularidad.

"Aquí es donde les ayudamos a orientar su viaje, mostrándoles en qué fijarse, adónde ir después, cómo cuidarse", explica Gibaja sobre sus esfuerzos contra la trata. "Algunos ya han sido víctimas [de la trata] de algún modo, así que les ayudamos a recuperarse de la experiencia", indicó. Las hermanas notifican al Gobierno si la persona ha sido víctima de la trata, al tiempo que ofrecen los servicios psicológicos del refugio.

La hermana del Ángel de la Guarda Lorena Hernández Jiménez visita a una voluntaria en la cocina del Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México. Poner al día la cocina es una prioridad para el albergue, dijo, ya que a menudo se calienta demasiado para los que tienen que trabajar cerca de las ollas

La hermana del Ángel de la Guarda Lorena Hernández Jiménez visita a una voluntaria en la cocina del Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México. Poner al día la cocina es una prioridad para el albergue, dijo, ya que a menudo se calienta demasiado para los que tienen que trabajar cerca de las ollas. (Foto: Lisa Kristine)

Procedentes en su mayoría de Honduras, El Salvador o Guatemala, quienes viven en el centro a la espera de obtener el estatuto de refugiado comparten una historia común: escapar de la violencia de las bandas. A veces la amenaza es la intimidación selectiva o el reclutamiento de sus hijos por las bandas.

Una mujer que vive en el albergue con su familia contó a Global Sisters Report que las bandas de El Salvador habían amenazado a su marido que es policía, quien se negó a entregarles sus armas. Las amenazas a sus hijos siguieron y, con los niños pequeños a cuestas, la pareja huyó. Su hija llegó desnutrida, mientras que la mujer necesitó de ayuda psicológica por el trauma del viaje.

"Para trabajar con esta población,  tienes que tener esta vocación, porque es increíblemente difícil trabajar con personas que vienen con antecedentes traumáticos", dijo Hernández.

La gente quiere que desaparezcan

El estado de Oaxaca, donde se encuentra el refugio, tiene una de las tasas más altas de analfabetismo y pobreza extrema, y la ciudad de Ixtepec —con una población de unos 24 000 habitantes— se ha convertido en un centro favorito para el crimen organizado, pues los migrantes son objetivos fáciles, dijeron las hermanas.

Antes de 2014, el tren de carga, conocido comúnmente como la Bestia, era una forma popular de transporte para que los migrantes llegaran al Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México.

Antes de 2014, el tren de carga, conocido comúnmente como la Bestia, era una forma popular de transporte para que los migrantes llegaran al Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México. (Foto: Lisa Kristine)

El padre Alejandro Solalinde, fundador del albergue, empezó a atender a los migrantes que llegaban regularmente a la ciudad en la Bestia, un tren de mercancías al que suben personas. Allí, Solalinde les daba de comer y charlaba con ellos a medida que arribaban. Con el tiempo, encontró un terreno cercano donde supervisaría la construcción del refugio con el apoyo de las hermanas.

Más de 400 inmigrantes durmieron en el albergue la primera noche que abrió en febrero de 2007. Hoy, con 160 camas, el albergue puede acoger hasta 600 por noche, cubriendo el patio con colchones cuando llegan grandes caravanas. Según su sitio web, acoge a 20 000 personas al año. En este lugar, los solicitantes del estatuto de refugiado tienen su propio alojamiento, ya que su régimen de vida es a largo plazo; sus hijos asisten a una escuela local durante toda su estancia.

El tren de mercancías dejó de ser el medio de transporte elegido en 2014, a raíz del Programa Frontera Sur de México  que impedía a los migrantes viajar seguros en él sin ser entregados. Hasta entonces, las hermanas acudían a las vías hasta las 2 de la madrugada para recibir a los recién llegados, registrarlos en el albergue y ofrecerles comida y atención médica.

Ahora, los migrantes pueden tener que caminar 75 millas [unos 120 kilómetros] para llegar al albergue, exponiéndose a mayores riesgos en el camino, como agresiones físicas o sexuales, extorsión y secuestro tanto por parte de las bandas como de las autoridades públicas.

"Hay que proteger estos albergues porque la gente quiere que desaparezcan", afirma la hermana Concepción Marroquín Nolasco, una de las primeras hermanas que ayudaron en el albergue cuando se abrió. "Algunos albergues han sido incendiados, pero en realidad eso es más peligroso para la comunidad, porque entonces los migrantes se quedan sin un lugar a donde ir y pueden ser reclutados por pandillas o para vender drogas, o se convierten en víctimas de la trata de personas", explicó.

La Hna. María Elena Cordero Duarte visita a los migrantes varones en su habitación de literas en el Albergue Hermanos en el Camino de Ixtepec, México. Los hombres y las mujeres tienen habitaciones separadas.

La Hna. María Elena Cordero Duarte visita a los migrantes varones en su habitación de literas en el Albergue Hermanos en el Camino de Ixtepec, México. Los hombres y las mujeres tienen habitaciones separadas. (Foto: Lisa Kristine)

Según una encuesta realizada en julio por The Washington Post y el periódico Reforma de México, seis de cada diez mexicanos afirman que los migrantes son una carga para su país y casi el mismo número de encuestados apoya la deportación de los migrantes que viajan a través de México para llegar a Estados Unidos. Solo el 7 % cree que México debería ofrecer residencia a los inmigrantes centroamericanos que se dirigen a Estados Unidos.

"En el caso de este albergue en particular, los vecinos no nos quieren porque piensan que los migrantes son criminales, así que hay mucho miedo en torno al albergue", dijo Marroquín y agregó: "Y, por desgracia, sí, a veces cometen delitos… Pero basta una persona para que todos los migrantes sean tachados de delincuentes".

El lento camino en la búsqueda de asilo

Las hermanas del Ángel de la Guarda que gestionan el albergue pertenecen a Red Rahamim,  la red mexicana de hermanas contra la trata de personas que proporciona a las hermanas información sobre formación y noticias locales relevantes. Red Rahamim es miembro de Talitha Kum, la red internacional de hermanas contra la trata.

Cuando llegan los migrantes, pasan por dos entrevistas con voluntarios antes de que Hernández, como coordinadora de la oficina de refugiados, les ayude a rellenar el papeleo. Luego los acompaña al Instituto Nacional de Migración, a unos 65 kilómetros de distancia.

Las hermanas del Ángel de la Guarda Eligia Ayala Molina y Lorena Hernández Jiménez, al centro, caminan con los migrantes alrededor de las vías del tren vecino.

Las hermanas del Ángel de la Guarda Eligia Ayala Molina y Lorena Hernández Jiménez, al centro, caminan con los migrantes alrededor de las vías del tren vecino. (Foto: Lisa Kristine)

"Con estos primeros pasos dados, pueden sentirse seguros sabiendo que, pasando por el proceso, no pueden ser  arrestados", dijo.

El Instituto Nacional de Migración sirve de intermediario entre el albergue y la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), que oficialmente lleva a cabo el proceso pero no tiene oficinas cercanas con las que Hernández pueda trabajar directamente. Por eso, es un trámite lento: cada solicitud puede tardar hasta cuatro meses en tramitarse.

En el momento de la entrevista, Hernández dijo que solo se concede asilo a una de cada 10 personas. Aquellos cuyos resultados son negativos se dirigen a una oficina de defensa de los derechos humanos, donde un equipo de abogados se encarga de su caso, a menudo buscando más pruebas que lo apoyen en el país del que huyeron.

"El refugio puede ser peligroso"

Las dos jóvenes extorsionadas y golpeadas en El Salvador no pudieron permanecer mucho tiempo en el albergue. Cuando reconocieron a un par de hombres alojados allí mismo como miembros de una banda de su ciudad natal, Solalinde acompañó a las mujeres a Ciudad de México, donde esperarían su estatuto de refugiadas.

Desgraciadamente, esto ocurre con frecuencia en el albergue.

Incluso en el proceso de entrevistas, las hermanas y los voluntarios no siempre pueden identificar a los miembros de las bandas que se infiltran en el albergue para rastrear a sus objetivos o reclutar a los jóvenes. Ahora, las hermanas también necesitan escoltas dentro del albergue por la noche para su protección.

"En cuanto descubrimos que una persona o un joven no cumple los requisitos para obtener asilo y ha recibido el tratamiento que necesita, le animamos a que se marche, porque el refugio puede ser peligroso", explica Hernández. "Hablamos con ellos  e intentamos concienciarles, sobre todo a los niños", añadió.

Gibaja, que participó activamente en la organización del refugio desde el principio, dijo que era imperativo que las hermanas tuvieran un espacio de vida común separado del refugio.

"Eso era obvio para nosotras. A veces te sientes saturada de trabajo, y tienes que cuidarlo mucho", dijo. "Pero, por otro lado, hay que mantener las distancias. El autocuidado es muy importante; te puedes sentir quemada en este tipo de trabajo con lo doloroso que es", apuntó. 

La hermana del Ángel de la Guarda Concepción Marroquín Nolasco dirige una oración de grupo antes de comer en el patio del Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México.

La hermana del Ángel de la Guarda Concepción Marroquín Nolasco dirige una oración de grupo antes de comer en el patio del Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México. (Foto: Lisa Kristine)

Marroquín dijo que aunque sus vidas pueden "verdaderamente estar en peligro", esa es su misión.

"Somos hermanas del Ángel  de la Guarda, así que estamos aquí para proteger, acompañar y cuidar. Compartiremos nuestro espacio y viviremos nuestra misión", afirmó.

Una bienvenida con amor

Los coloridos edificios que conforman el recinto del albergue son intencionales: a menudo, estos sitios parecen cárceles, pero las hermanas dicen que querían que el suyo fuera lo más acogedor posible. 

Un lunes se formó una cola en torno al patio exterior donde se reúnen los barberos locales que visitan semanalmente el albergue para cortar el pelo. En una mesa cercana, la policía revisaba las mochilas de los que llegaban: este es uno de los primeros pasos antes de someterlos a entrevistas y evaluaciones. Otros se sentaban junto a los edificios, pasando el rato o jugando a las damas con chapas de botellas.

"Cuando alguien llega golpeado por el sol, cansado, deprimido, es fundamental cómo lo recibes", dijo la hermana Eligia Ayala Molina, del  Ángel de la Guarda.

Hernández se hizo eco de este sentimiento: "Si llegan y no los recibimos con cariño, si no les damos el apoyo que necesitan, les haremos más daño además del que ya traen del camino".

Pero a la hora de despedirlos, dice Ayala, no podemos ser específicas en nuestros consejos. "Les hablamos del tipo de cosas con las que se van a encontrar en el viaje, así como de sus derechos, pero no podemos darles un rumbo exacto porque van cambiando en cuanto a seguridad, condiciones, viabilidad... y tampoco podemos saber a quién confiar plenamente la información que damos".

Para Ayala, este trabajo es personal. Cuando crecía en El Salvador, su familia era "increíblemente pobre", dijo, por lo que su padre a menudo los dejaba unos años para trabajar en pequeños empleos en Estados Unidos como inmigrantes indocumentados, y regresaban cuando había ganado suficiente dinero.

"Nadie te da charlas sobre cómo hacer este trabajo", dice. "Dios te da lo necesario".

Migrantes en el Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México, reciben ropa nueva y tienen acceso a lavandería. Aquí, la hermana Lorena Hernández Jiménez, del Ángel de la guarda, ayuda a una mujer a lavar la ropa. (Foto: Lisa Kristine)

Migrantes en el Albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, México, reciben ropa nueva y tienen acceso a lavandería. Aquí, la hermana Lorena Hernández Jiménez, del Ángel de la guarda, ayuda a una mujer a lavar la ropa. (Foto: Lisa Kristine)

Ayala dice que trabajar en el albergue es como "descubrir a Dios a través de sus vidas".

"No puedo cambiar sus circunstancias, pero espero dejar una huella, así como ellos me dejan huellas de fe y valor y amor a la familia y gratitud", expresó y añadió: "Como mi padre era emigrante, esto es, para mí,  una oportunidad de devolver, transmitiendo todo lo que pude recibir gracias a lo que mi padre hizo por nosotros".

Ser testigo de la fe de la gente ha sido una fuente de inspiración para Marroquín, pues recordó a una familia que salió del albergue con una botella de agua bendita, con la esperanza de que, a pesar de sus penurias anteriores, todo les iba a salir bien.

"El Espíritu Santo es una fuerza para mí. Es mi energía, y arde en aquellos que ofrecen su tiempo y prestan voluntariamente sus servicios. ... Cuando unimos nuestras manos como seres humanos, podemos dejar que el Espíritu de Dios fluya y abra puertas", dijo. 

Después de leer

Servir a migrantes agotados y en peligro hace que las hermanas se cansen y se sientan amenazadas ellas mismas.

  1. ¿Qué retos personales afrontan las hermanas cuando acompañan a los migrantes y les ayudan con sus cargas?
     
  2. ¿Qué prácticas y valores mantienen a las hermanas enraizadas y eficaces en su ministerio?
     
  3. ¿Dónde encuentran las hermanas la fuerza espiritual para su trabajo?
Las Escrituras en primer plano

En este pasaje, Jesús nos llama a practicar la hospitalidad acogiendo, defendiendo y amando a quienes son diferentes y desconocidos para nosotros. 

"Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era forastero y me acogisteis desnudo y me vestisteis, enfermo y me cuidasteis, en la cárcel y me visitasteis".

Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?

¿Cuándo te vimos forastero y te acogimos, o desnudo y te vestimos?

¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te visitamos?".

Y el Rey les responderá: "Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí mismo lo hicisteis". 

Mateo 25, 35-40

  • Jesús no solo se identifica con el forastero, sino que reta a sus seguidores a amar y acoger al forastero en medio de ellos. Da dos ejemplos de cómo las hermanas del Ángel de la Guarda practican la hospitalidad con los inmigrantes.
  • La Hna. Carmela Gibaja Izquierdo reconoce las dificultades que ella y sus hermanas enfrentan en su ministerio con los migrantes traumatizados que huyen de la violencia de las pandillas. ¿De qué manera la oración y la vida en comunidad capacitan a las hermanas para responder a las necesidades de los migrantes? ¿Cómo pueden sus ejemplos de servicio, compasión y amor transformar a los miembros de las bandas que se infiltran en el refugio?
  • ¿Cómo han influido en tu opinión sobre la inmigración los encuentros de las hermanas con los inmigrantes o la sensibilización hacia ellos? ¿Qué oportunidades tienes de practicar la hospitalidad?
La llamada de la Iglesia

"Los conflictos violentos y las guerras abiertas siguen desgarrando a la humanidad; las injusticias y las discriminaciones se suceden; los desequilibrios económicos y sociales a escala local o mundial resultan difíciles de superar. Y, sobre todo, son los más pobres entre los pobres y los más desfavorecidos quienes pagan el precio. En este escenario, los migrantes, los refugiados, los desplazados y las víctimas de la trata se han convertido en emblemas de la exclusión. La presencia de migrantes y refugiados —y de personas vulnerables en general— es una invitación a recuperar algunas de esas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad que corren el riesgo de ser pasadas por alto en una sociedad próspera. Nuestra respuesta a los retos que plantean las migraciones contemporáneas puede resumirse en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Si ponemos en práctica esos cuatro verbos, ayudaremos a construir la ciudad de Dios".

Mensaje del papa Francisco para la 105 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2019 en español

  • El papa Francisco afirma que nuestra respuesta a los desafíos que plantean las migraciones se resume en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. ¿Cómo abrazan estos verbos las Hermanas del Ángel de la Guarda en México en su ministerio con los migrantes? ¿De qué manera su ministerio inspira esperanza tanto a los migrantes como a la Iglesia universal?
  • La Hna. Lorena Hernández Jiménez afirma: "Cuando unimos nuestras manos como seres humanos, podemos dejar que el Espíritu de Dios fluya y abra puertas". ¿Cómo puede estar fluyendo el Espíritu de Dios en ti, moviéndote a acoger y solidarizarte con los migrantes?
Sinergia con las hermanas

Las hermanas están sirviendo a los migrantes en las fronteras sur y norte de México y en todo el mundo. Descubre el trabajo de sor Mónica y sor María José, que se sintieron llamadas  —una era  arqueóloga y la otra era atleta— a difundir el Evangelio y servir a los pobres. Conozca más sobre su congregación, las Siervas del Plan de Dios, y su ministerio con los migrantes al sur de la frontera con Estados Unidos a través de este vídeo
(Nota: cambia el idioma del audio del video a español)

Actúa

Familias y niños de Centroamérica huyen de  las violaciones de los derechos humanos, de la violencia de las bandas y del desplazamiento climático y buscan refugio en Estados Unidos. Infórmate sobre su difícil situación pidiendo a tu profesor que invite a una hermana que trabaje en la frontera, que defienda  a los inmigrantes o que ejerza como abogada de inmigración para que les  hable sobre la crisis en la frontera y las causas profundas de la migración y el desplazamiento.

  • Muchos migrantes retenidos en centros de detención experimentan sentimientos de aislamiento y rara vez tienen contacto humano. Tu clase o tu familia pueden ser una presencia compasiva convirtiéndose en amigos por correspondencia de los inmigrantes detenidos a través de First Friends. Una carta amable puede recordar a los detenidos que no están solos ni olvidados.  
Oración

Jesús, tú nos llamas a acoger al extranjero.

Que aprendamos del ejemplo de quienes sirven a nuestros hermanos y hermanas migrantes.

Que te reconozcamos en el rostro del extranjero.

Que te reconozcamos en la familia de los refugiados, que buscan protegerse de la violencia.

Que te reconozcamos en nuestros hermanos y hermanas del desierto.

Que te reconozcamos en el rostro curtido del emigrante que busca hospitalidad.

Que te reconozcamos en el rostro temeroso de la madre que protege a sus hijos de posibles traficantes.

Que te reconozcamos en el niño no acompañado, que viaja por tierras peligrosas.

Que te reconozcamos en los padres, separados a la fuerza de sus hijos.

Que te reconozcamos en el migrante, que trae  comida a nuestras mesas.

Que te reconozcamos en los miembros de las bandas que también necesitan amor y compasión.

Transfórmanos para que seamos  tus mensajeros de amor en un mundo en conflicto y para construir comunidad a través de la hospitalidad y la compasión.

Amén.