"Algo de la vida religiosa me llamaba la atención, aunque nunca había soñado con ser monja. Tenía otros planes: formar una familia, tener un hogar, hijos, desarrollarme profesionalmente. Pero Dios tenía un sueño más grande para mí", escribe la Hna. Carmen Camacho sobre su camino hacia la vida consagrada. "Cuando Dios nos llama, también nos va transformando", añade.