Un autobús quemado el 22 de febrero de 2026 permanece en una autopista en Santa Rita Tlahuapan, México, que conecta la Ciudad de México con el estado de Puebla. Miembros del crimen organizado en varios estados levantaron barricadas y llevaron a cabo ataques incendiarios tras una operación militar en la que murió el narcotraficante mexicano Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, en Tapalpa, en el estado mexicano de Jalisco. (Foto: OSV News/Reuters/Paola García)
Las religiosas en México dicen que están rezando por la paz en este país tras la captura y muerte de un narcotraficante, el 22 de febrero, que produjo una ola de violencia con saldo de 60 personas muertas.
Buses, automóviles y edificios fueron incendiados en el centrooeste de México después de la noticia del asesinato de Nemesio el Mencho Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, por parte del Ejército mexicano.
Turistas reportaron una explosión seguida de una nube de humo negro que permaneció durante horas sobre el horizonte de la ciudad turística de Puerto Vallarta. Los llamados ‘narcobloqueos’, cierres de carreteras establecidos por los cárteles, y otros cortes de vía por parte del Gobierno, paralizaron el transporte en gran parte de México.
Una hermana dijo a Global Sisters Report (GSR) que debido al cierre de una carretera no pudo llegar a su casa el domingo 22 de febrero, después de visitar una comunidad religiosa en el sur de México, lejos del lugar donde se llevó a cabo la operación militar. Ella sospechaba que la falta de electricidad y los problemas con Internet ese día estaban relacionados con la operación.
La violencia continuó el 22 de febrero en Jalisco, donde se llevó a cabo la operación militar, y en estados vecinos. En Jalisco, que alberga importantes ciudades turísticas como Guadalajara —un destacado centro cultural del país— y Puerto Vallarta —frecuentado por sus playas— se produjeron ‘narcobloqueos’ y quema de vehículos. Aerolíneas cancelaron vuelos hacia y desde los aeropuertos cercanos, lo que dejó a turistas asustados y varados, pero algunas compañías reanudaron sus operaciones el 24 de febrero.
Pese a la muerte de el Mencho —el narcotraficante más buscado de México y uno de los más buscados por Estados Unidos—, otros cárteles siguen operando en varias partes del país y las autoridades temen que la violencia se extienda a medida que las facciones se disputen el poder y luchen por ocupar su lugar.
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Miembros de comunidades religiosas en Jalisco y otros lugares cercanos se quedaron en casa, esperando a que el Gobierno recuperara el control de las calles.
Obispos del país instaron a miembros de la Iglesia católica de la región a no salir y a escuchar instrucciones de autoridades locales, y además advirtieron sobre la contraproducente difusión de rumores y alarma innecesaria.
Aunque no todas las partes de México, con una población de más de 130 millones de habitantes, se vieron igualmente afectadas, muchos expresaron preocupación. Desde la pandemia del COVID-19, la población no se ha alarmado de esa manera al salir de sus casas, dijo una hermana de Ciudad de México a GSR el 23 de febrero.
“Ha venido a México el ‘quédate en casa’ otra vez por cuestión de salvaguardar la vida”, dijo. “Siempre ha habido muertes, siempre ha habido violencia, pero no bajo el peso de poner miedo a toda la población”, añadió. (GSR no nombrará a las hermanas entrevistadas para este artículo por motivos de su seguridad).
Aunque las escuelas siguen abiertas, en lugares como la Ciudad de México hay más soldados de lo normal patrullando las calles y se respira una sensación de hipervigilancia, de “zozobra e incertidumbre”, dijo la hermana.
“Existe un sentimiento también de solidaridad, de unión, de rezar, de orar, por la paz”, añadió.
Muchas cosas parecen normales en algunos lados, aunque probablemente no sea así cuando se acerca a lugares como Jalisco, Michoacán o Guanajuato, “los epicentros de los acontecimientos", dijo, pero la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México está abierta.
Algunos padres y niños llamaron a la hermana, directora de un colegio, el domingo por la noche para preguntar si la escuela abriría el día después de los disturbios.
“Les digo: ‘Pues mientras no nos venga un comunicado oficial, tenemos que laborar’”, afirmó.
La presidenta de México Claudia Sheinbaum dijo el 23 de febrero que casi todas las actividades normales del país se habían reanudado y que las carreteras estaban abiertas.
La Confederación Latinoamericana de Religiosas y Religiosos (CLAR), en una declaración del 24 de febrero, afirmó que la lucha contra las drogas no puede reducirse únicamente a combatir a los cárteles e instó a luchar contra los mercados de algunos países que sostienen el flujo de drogas, así como contra los sistemas económicos que ocultan sus ganancias.
“Allí donde hay consumo indiferente, hay complicidad; allí donde el lucro se impone sobre la vida, se alimenta la cadena de violencia”, afirmó la CLAR. “Se requiere un compromiso internacional ético y vinculante que involucre por igual a países productores y consumidores, que ataque las raíces económicas y culturales del crimen/negocio, y que ponga la dignidad humana en el centro por encima de cualquier interés. Solo una conversión global, cultural y espiritual podrá romper este círculo de muerte”.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 24 de febrero de 2026.
