A 20 kilómetros de la línea del frente de guerra, tres hermanas basilianas permanecen en Zaporizhzhia, Ucrania. Entre sirenas, drones y explosiones, rezan, sirven y mantienen abierto su monasterio para soldados, familias y jóvenes que buscan esperanza, como lo cuenta la Hna. Yeremiya Steblyna, quien vivió una semana entre ellas. "Permanecer consagrada en un lugar de peligro (...) es mostrar a las personas que Dios no ha abandonado a su pueblo", escribe.