Cada domingo, una familia vulnerable y fiel llega al Monasterio de la Encarnación en Lima, Perú, y transforma la liturgia, las vísperas y la adoración en su hogar espiritual. En su oración sencilla, su lucha cotidiana como vendedores ambulantes y los dibujos de conejitos de una niña, la Hna. Marlene Quispe reconoce a los amados de Dios: "Sus acciones son lecciones magistrales: asumir la vida, cuidarla y luchar para que Esperanza [la niña] salga adelante".