Noé después del diluvio, autor anónimo, óleo sobre lienzo, siglo XVI. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«La llegada del Hijo del Hombre será como en tiempos de Noé: en [aquellos] días anteriores al diluvio la gente comía y bebía y se casaban, hasta que Noé se metió en el arca. Y ellos no se enteraron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Así será la llegada del Hijo del Hombre. Estarán dos hombres en un campo: a uno se lo llevarán, al otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán, a la otra la dejarán. Por tanto, estén prevenidos porque no saben el día que llegará su Señor. Ustedes ya saben que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría vigilando y no permitiría que asalten su casa. Por tanto, estén preparados, porque el Hijo del Hombre llegará cuando menos lo esperen» (Mateo 24, 37-44).
Comenzamos el tiempo de Adviento y el nuevo ciclo litúrgico. Pero tenemos que evitar caer en la rutina de repetir ‘año tras año’las mismas celebraciones. Precisamente la llamada a la ‘vigilancia’que nos hace el primer domingo de Adviento puede sacudirnos y pedirnos una renovación a fondo.
"Estar vigilantes no significa rezar más o solo organizar fiestas y celebraciones litúrgicas. Implica leer los signos de los tiempos y buscar responder a ellos": teóloga laica Consuelo Vélez sobre el Adviento
El Evangelio de este domingo comienza recordando que en tiempos de Noé la gente comía, bebía, se casaba y no se enteraron qué venía el diluvio. Solo Noé se metió en el arca y pudo salvarse. Esa misma historia parece repetirse a lo largo del tiempo, y el texto bíblico lo expresa con las imágenes de que a la llegada del Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, uno será llevado y al otro lo dejarán; lo mismo ocurrirá con dos mujeres que estén moliendo. En otras palabras, todos son ejemplos para invitarnos a estar atentos, a leer los signos de los tiempos y buscar respuestas para ellos.
Conviene preguntarnos: ¿Qué significa celebrar Adviento en el momento actual? ¿Cómo está nuestro mundo? ¿A qué situaciones responderá la venida del Señor? En la medida en que busquemos atender a estos interrogantes podremos entrar en la dinámica del Adviento, siempre nuevo en cada año que comienza.
Cada uno habrá de nombrar las situaciones en las que urge que el Niño venga para transformarlas. Pero podríamos señalar algunas que nos comiencen a convocar. El mundo está sediento de paz y el Niño que nace puede liberarnos del ánimo guerrerista, que envenena a tantos corazones, y fortalecernos para no cansarnos de buscar la paz, mediante el diálogo y el encuentro.
En un mundo donde la violencia del mercado sigue favoreciendo solo a unos pocos, el Niño que nace puede enseñarnos el arte del compartir y el favorecer siempre a los más débiles.
Igualmente, en un mundo donde la exclusión margina a tantos seres humanos, el Niño que nace puede fortalecernos para trabajar por la inclusión y la acogida de todos, comenzando por los últimos.
En definitiva, estar vigilantes no significa rezar más o solo organizar fiestas y celebraciones litúrgicas. Implica leer los signos de los tiempos y buscar responder a ellos. Y, precisamente, en esa actitud vigilante podrá nacer Jesús en el aquí y ahora de nuestra historia, abriendo caminos de novedad para este Adviento que comenzamos.
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