En la parábola de los viñadores homicidas, el dueño envía a sus siervos y, finalmente, a su propio hijo, pero los arrendatarios lo matan para quedarse con la herencia. Para la teóloga Consuelo Vélez, el texto interpela a quienes, como los sumos sacerdotes, ven la culpa de los malvados pero rechazan "la piedra angular" que es Jesús mismo. "Pidamos al Señor no ser de los que sabiendo tanto de Dios, no reconocen a su Hijo", escribe en su comentario al Evangelio del domingo.