La pesca milagrosa, óleo de Rafael, 1515. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Al saber que Juan había sido arrestado, Jesús se retiró a Galilea, salió de Nazaret y se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías: "Territorio de Zabulón y territorio de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa, a los que habitaban en sombras de muerte les amaneció la luz". Desde entonces comenzó Jesús a proclamar: "¡Arrepiéntanse que está cerca el Reino de los cielos!". Mientras caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos —Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano— que estaban echando una red al lago, pues eran pescadores. Les dice: "Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres". De inmediato dejaron las redes y le siguieron. Un trecho más adelante vio a otros dos hermanos —Santiago de Zebedeo y Juan, su hermano— en la barca con su padre Zebedeo, arreglando las redes. Los llamó, y ellos inmediatamente, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias» (Mateo 4, 12-23).
En el Evangelio de hoy nos presenta a Jesús viviendo las circunstancias de su tiempo, respondiendo a ellas y realizando su misión. Como hemos dicho muchas veces, Mateo quiere mostrar a sus destinatarios —los judíos que estaban acogiendo la buena noticia del Reino— que las Escrituras se están cumpliendo. Por eso la referencia a lo que dijo el profeta sobre la luz que llega al territorio de Zabulón y Neftalí.
Ser discípulos de Jesús hoy implica una respuesta comprometida, capaz de "sanar todas las enfermedades y dolencias" de nuestra realidad concreta, recuerda la teóloga Consuelo Vélez en comentario al Evangelio del domingo para serie Al partir el pan
De esa manera, se cumple que Jesús se traslade a esa región, concretamente a Galilea, conocida como tierra de gentiles, bien alejada del centro religioso de Jerusalén. El hecho es que Jesús sabe del arresto de Juan el Bautista y se da cuenta que la persecución puede llegarle; por ese motivo se establece en Cafarnaúm, donde comienza a desarrollar su misión.
Jesús anuncia la llegada del Reino de los cielos, llegada que exige arrepentimiento y conversión. Mateo no usa la expresión Reino de "Dios", porque los judíos, por respeto, evitan la palabra Dios. De ahí que la cambien por "cielo". Pero tenemos que tener cuidado para no creer que el reino sobre el que está predicando Jesús es para otra vida o para otra realidad alejada del mundo. Precisamente los signos que realiza mostrando que el Reino de Dios está llegando, nos hablan de un reino que es para este mundo, para el presente que él está viviendo: "sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias".
En este texto también encontramos el llamado a los primeros discípulos. Son dos parejas de hermanos: Simón y su hermano Andrés, y los hijos de Zebedeo: Santiago y Juan. La característica de ambos es la respuesta inmediata a este llamado. Los primeros dejan inmediatamente las redes y los segundos dejan incluso a su padre. Son, por tanto, señal e invitación para nuestra propia respuesta: con prontitud y libertad para realizar la misma misión que se nos confía hoy.
Hemos de ser discípulos de Jesús, anunciando la llegada del Reino y mostrándolo con nuestras acciones en la realidad que vivimos, trabajando porque se sanen todas las enfermedades y dolencias que, en términos concretos, se traducen en propiciar, exigir y velar porque a nadie le falten las condiciones dignas para vivir y, no solo eso, que se garantice la vida plena para todos.
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