En la Sierra Tarahumara, México, un tesoro vivo guarda la memoria de un siglo de misión religiosa: sus hermanas mayores. Entre las veinte congregaciones que trabajan en Chihuahua, las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres llegaron desde 1904 a comunidades rarámuris remotas, a pie, en mula o en avioneta. Hoy, retiradas o con asistencia, ya no caminan esa sierra, pero la recuerdan entera: sus derrumbes, sus caminos de terracería y la gente a la que sirvieron.