Convivio durante el encuentro de coros de las comunidades católicas mapuches en El Cajón de los Barros en Caviahue, Neuquén, Argentina el 24 de enero del 2026. (Foto: Ana Maria Siufi)
El pueblo mapuche habita desde hace siglos la Patagonia argentina y chilena pero cada vez más está siendo perseguido, estigmatizado y criminalizado por los Gobiernos de ambos países. Los territorios que habitan ancestralmente son muy ricos en bienes naturales y son codiciados por intereses poderosos que planifican realizar todo tipo de extractivismo. En este difícil contexto defienden su cultura con sus valores, su memoria, sus territorios y sus celebraciones ancestrales.
Hace poco tuve el privilegio de participar en un encuentro de coros de las comunidades católicas mapuches de la zona. La convocatoria se realizó en un lugar hermoso en medio de la cordillera andina, de difícil acceso, aunque una comunidad pasa allí los veranos con sus rebaños, porque abundan los pastos y el agua. Yo fui en una vieja camioneta y confieso que en algunos tramos el angosto camino de tierra subiendo montañas se hizo muy complicado y me asusté mucho.
En el encuentro comentamos estas dificultades para arribar y nos respondieron sonriendo: "Ahora saben por experiencia lo que nos cuesta llegar aquí cada año". Ellos suben a caballo y en viejos vehículos, buscando que engorden sus ovejas, cabras, vacunos y caballos en las zonas húmedas de la alta cordillera, para regresar a sus campos de los valles cuando llega el otoño.
"Llevaron comida, mate y guitarras, acordeones y panderos para cantar alabanzas al Señor". Así relata la Hna. Ana Maria Siufi su participación en un encuentro de coros de las comunidades católicas mapuches en la Patagonia argentina.
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Llevaron comida, mate y guitarras, acordeones y panderos para cantar alabanzas al Señor. En el transcurso del día nos contagiaban el gozo con su música y cantos religiosos que expresaban una fe sencilla, alegre y profunda. La convocatoria incluyó revisar las formas de relacionarnos en comunidad.
Un hombre expresó a todos su deseo simple: "Que se termine el mal vivir porque ya no nos visitamos, no compartimos tiempo como antes lo hacíamos, ni siquiera nos juntamos a jugar futbol. Necesitamos visitarnos y comunicarnos de verdad, tenemos que dar nuestra presencia, escucharnos y escuchar a nuestros mayores. Los celulares no nos ayudan al contacto de verdad".
Otro participante aportó: "Se tienen que acabar las envidias, las rivalidades y las competencias que nos separan; tirar todos para el mismo lado… Antes, en nuestras asambleas solo hablaban los hombres, ahora hablamos con libertad varones y mujeres… Tenemos que cuidar a la familia".
Varios mencionaron la necesidad de respetarse unos a los otros por sus diversas creencias religiosas o diferentes edades y estilos de vida.
Una mujer expresó, con un rostro que reflejaba incomprensión: "Cuando nos quedamos a vivir en el campo necesitamos muy pocas cosas, con casi nada se vive y estamos bien. ¡En cambio en el pueblo, parece que necesitamos mucho más! “.
Las horas pasaron mientras cantábamos, hablábamos de la vida y comíamos las cosas ricas que todos llevamos. El cielo, que en la mañana tenía un celeste esplendoroso, por la tarde se fue volviendo gris por el humo y la ceniza de los incendios en el cercano territorio chileno. Las causas de estos fuegos que nos afectan a todos podrían ser tanto los años de sequía como el lucro de unos pocos que ganan con la devastación. También pueden ser una metáfora de estos tiempos de oscuridad y colapso que nos reclaman compromiso y amor social.
Sin duda, la sabiduría de estos campesinos mapuches ofrece a nuestra mente y corazón luz para reorientar nuestra vida hacia valores comunitarios que el sistema de mercado viene borrando y reemplazando por el egoísmo, el racismo y la exclusión. Sus voces y su música expresaron que estos encuentros les alegran el alma, encienden su fe y animan su vida en comunidad desde la armonía con la Madre Tierra y el compartir profundamente sus sentipensares con respeto y amor.
Nadie puede enfrentar la vida en soledad. Un secreto valioso para vivir plenamente es soñar y construir nuestra vida como una verdadera aventura, apoyándonos y acompañándonos unos a otros para mirar hacia adelante. Como dijo el papa Francisco en su discurso en el encuentro ecuménico e interreligioso con los jóvenes en Skopie, Macedonia del Norte, el 7 de mayo de 2019: "Hace falta soñar juntos".
