Cristo y la samaritana, óleo de Alonso Cano, siglo XVII. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua. Jesús le dice: "Dame de beber". Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. Le responde la samaritana: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva". Le dice [la mujer]: "Señor, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es profundo, ¿dónde vas a conseguir agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños?". Le contestó Jesús: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, porque el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna". Le dice la mujer: "Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla". Le dice: "Ve, llama a tu marido y vuelve acá". Le contestó la mujer: "No tengo marido". Le dice Jesús: "Tienes razón al decir que no tienes marido; porque has tenido cinco hombres, y el que tienes ahora tampoco es tu marido. En eso has dicho la verdad". Le dice la mujer: "Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; ustedes en cambio dicen que es en Jerusalén donde hay que dar culto". Le dice Jesús: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. Ustedes dan culto a lo que no conocen, nosotros damos culto a lo que conocemos; porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque esos son los adoradores que busca el Padre. Dios es Espíritu y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad". Le dice la mujer: "Sé que vendrá el Mesías, es decir, Cristo. Cuando él venga, nos lo explicará todo". Jesús le dice: "Yo soy, el que habla contigo". (…) La mujer dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a los vecinos: "Vengan a ver un hombre que me ha contado todo lo que yo hice: ¿no será el Mesías?". Ellos salieron del pueblo y acudieron a él (…). En aquel pueblo muchos creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice". Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días, y muchos más creyeron en él, a causa de su palabra; y le decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que nos has contado, porque nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que este es realmente el salvador del mundo"» (Juan 4, 5-42).
En este tercer domingo de Cuaresma, el Evangelio de Juan nos ofrece el bello texto del encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Lo primero que sorprende es que sea Jesús quien toma la iniciativa pidiéndole que le dé de beber. Ella se queda sorprendida y se lo hace saber: “¿Cómo tú siendo judío me pides de beber a mi que soy samaritana?”. Y el evangelista añade que los judíos no se tratan con los samaritanos.
Desde nuestra lectura actual podríamos añadir una nueva pregunta: ¿cómo Jesús le pide de beber a una mujer? Porque en su cultura la mujer no podría ser un interlocutor válido. Pero el evangelista no tiene en ese momento esa intención y, sin embargo, debió ser tan real la relación efectiva de Jesús con las mujeres que los escritos sagrados no pueden obviar esos encuentros. En efecto, el comportamiento de Jesús es contracultural en muchos sentidos porque así es la buena noticia que él trae: es para todos sin distinción de sexo, ni de grupo étnico ni de condición social.
"La samaritana (...) ha sido una real evangelizadora, mostrándonos el papel que las mujeres jugaron en la misión de Jesús!": teóloga Consuelo Vélez, comentario al Evangelio dominical para la serie Al partir el pan
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El diálogo sigue adelante y nos permite entender en qué consiste la buena noticia que Jesús anuncia: él es quien quita la sed de una vez para siempre. El agua del pozo calma la sed momentáneamente, pero el amor de Dios que Jesús está anunciando al acercarse a todos aquellos que las instituciones judías mantienen al margen por considerarlos no dignos del amor divino, brinda la oportunidad de entender cuál es el agua viva.
Jesús quita la sed porque llega a lo íntimo de la persona y la acoge con toda su realidad sin juzgarla, sin rechazarla. Es lo que siente la mujer samaritana cuando en el diálogo, Jesús le revela que conoce su situación con sus cinco maridos y con quien vive en la actualidad que no es su marido, condición que no impide que el agua viva que le está ofreciendo sea para ella.
Ese diálogo permite que la mujer vaya entendiendo quién es Jesús, realidad que revela en los títulos que le va dando. Al inicio le reconoce como judío, posteriormente como Señor, luego como profeta y cuando va a anunciar a los suyos el encuentro que ha tenido con Jesús ya está vislumbrando quién es Jesús, mostrándolo en la pregunta que hace a los suyos: “¿No será este el Mesías?”. Así se lo había confirmado Jesús y ella comienza a creer, anunciándoselo a los de su pueblo.
Finalmente llegan los samaritanos hasta donde está Jesús y luego le dicen a la mujer que ya no creen por lo que ella les ha dicho sino por lo que pudieron escuchar directamente de él. Es decir, la samaritana ha sabido conducirlos a Jesús y ellos han podido encontrarse con él. Ella ha sido una real evangelizadora, mostrándonos el papel que las mujeres jugaron en la misión de Jesús.
Cuaresma nos invita, entonces, a abrir el corazón a la acogida de todas las realidades que en nombre de Dios han sido excluidas, comprendiendo que el agua viva es Jesús, buena noticia para comunicar a todos. Esto sin dejar de seguir rescatando el papel de las mujeres en la tarea evangelizadora, como verdaderas protagonistas y ministras de la Palabra, al estilo de la mujer samaritana.
