En noviembre de 2025, la Pastoral Afroamericana y Caribeña celebró por primera vez en su historia su encuentro continental en Argentina. (Foto: Ángel Morillo)
La Pastoral Afroamericana y Caribeña (PAC) era invisible a finales de los años 70, pero gracias a la Conferencia General del Episcopado de Puebla, México (1979), estos pueblos históricamente excluidos comenzaron a tomar protagonismo con un mandato que los obispos suscribieron en el documento final de esta plenaria continental: "La fe no debe destruir la cultura, sino inculturarse (n. 385)".
En 2025 se cumplieron 45 años de camino misionero y evangelizador de la PAC. En estas 'bodas de zafiro', el papel de la vida religiosa femenina afro ha sido fundamental, desde que en 1980 los pueblos afro comenzaron a escribir su propia historia en los Encuentros de la Pastoral Afroamericana (EPA).
La hermana Ruperta Palacios, de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, radicada en México, cuenta a Global Sisters Report en español que ser religiosa afro no ha sido un camino fácil, aunque le ha dejado una "riqueza muy grande".
De 2022 a 2025, Palacios fue coordinadora para América Latina de la PAC. Desde ese rol pudo palpar realidades de los pueblos afro que pueden "poner a más de uno la piel de gallina". En paralelo a su trabajo continental, su misión en Oaxaca la llevó a trabajar junto con su hermana de comunidad Juana Heidi para acompañar a jóvenes víctimas de la violencia. "Somos una congregación. Sí, es parte de nuestro carisma y, además, nacimos ahí", explica.
A 45 años de la Pastoral Afroamericana y Caribeña, religiosas afrodescendientes de América Latina viven el Evangelio desde su propia cultura, identidad y tradición ancestral, pese a la resistencia en sectores tradicionalistas de la Iglesia
Tras el último EPA —el decimosexto, celebrado en Argentina—, la Hna. Palacios concluyó su servicio continental. Meses antes, su congregación la había trasladado a Acapulco, ciudad referencia mundial del turismo y hoy azotada por la violencia criminal. "Son retos muy grandes. Tuve miedo de ir allí", confiesa. La religiosa destaca los esfuerzos de la Arquidiócesis de Acapulco para promover la paz, mientras su comunidad comienza a trazar un plan de trabajo en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.
Palacios describe calles donde la Guardia Nacional y el Ejército son presencia constante. "Yo a veces tengo la idea de que estamos en una guerra. En guerra contra el narcotráfico", relata. Para ella, los grandes operativos de seguridad "no funcionan"; sin embargo, considera que la tarea de catequizar para la paz debe continuar, porque es su "deber como religiosas apuntalar al crecimiento de las propias comunidades" y de ellas mismas; y añade: "[Tenemos que] crecer en esa identidad de nuestro ser afro".
Hna. Ruperta Palacios, mexicana y de las Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, misiona en Acapulco. (Foto: Ángel Morillo)
Garífuna y madre sinodal
La hermana María Suyapa Cacho, hondureña de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, se identifica ante todo como garífuna —pueblo de fenotipo afro y costumbres indígenas que desde la Colonia habita las zonas costeras de Centroamérica, México y Estados Unidos— y también como afrodescendiente.
A diferencia de la Hna. Palacios, la Hna. Cacho ha tenido que lidiar con una de las batallas más difíciles en su vida consagrada: la incomprensión. "Es muy difícil que otros comprendan mi forma de vivir la fe, incluso dentro de mi comunidad. Muchas veces piensan que uno anda descarriado, que no está enfocado", lamenta.
Desde sus primeros votos, Cacho siente que Dios, a través de su propia cultura afro, "lo es todo". Para ella, la vida consagrada no exige renunciar a la espiritualidad de sus ancestros sino partir de ella para beber de otras fuentes. "Entonces es muy difícil la comprensión de esto", reconoce.
En ese trajinar, la religiosa ha logrado obtener importantes reconocimientos. Primero fue delegada principal en la Asamblea Eclesial (2021), celebrada en México a través del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam); luego fue convocada por el papa Francisco como facilitadora del Sínodo sobre la Sinodalidad (2021-2024). En ese espacio, cuenta, pudo compartir su cultura, tocó tambor y le regaló uno al papa. "Un momento que atesoro en mi corazón", dice.
Cacho pone su confianza en León XIV, a quien considera un "papa tierno, afable y, sobre todo, abierto a la escucha". También celebra que su comunidad se ha acercado más al tema de la inculturación. "Me están apoyando más que nunca", dice, y atribuye ese cambio a que las vicentinas han comprendido este "esquema de vida consagrada" y puesto en práctica su principal carisma: "servir a los pobres sin distinción alguna". Entre esos rostros, los afroamericanos y garífunas siguen siendo los más marginados y "pueden ser considerados como los pobres entre los pobres", afirma.
Hna. María Suyapa Cacho, vicentina, participó en el Sínodo de la Sinodalidad convocado por el papa Francisco (Foto: cortesía María Langarica)
Con el corazón en Argentina
La historia de la hermana Mercy Mabuti Muthii, religiosa misionera de la Consolata, nacida en Kenia (África), tiene un profundo significado: vive en Argentina, donde fundó la primera pastoral afro en la historia de este país, bajo el apoyo de Juan José Chaparro, obispo de Merlo Moreno, a 43 km de Buenos Aires. La religiosa participó en la coordinación del último EPA, en su versión 16. "Ha sido un regalo y honor", dijo. Si bien es africana, comparte esa dualidad de ser afrodescendiente. "Tenemos las mismas raíces; es una palabra que se extiende a todos sin distinción", apuntó.
Mabuti lleva ocho años de servicio en América Latina. Hace un año, su comunidad le pidió constituir legalmente la pastoral afro por pedido del obispo. "Me invitó a integrarme al equipo que desde hace tres años venía trabajando de manera extraoficial", explica. Para la religiosa, lo más difícil de su tarea ha sido desmontar estereotipos sobre la identidad afrodescendiente en un país donde reconocerse como tal no es sencillo. "En Argentina hay más afros de lo que uno cree", afirma.
El desafío de la nueva pastoral es ir al encuentro de quienes se consideran afrodescendientes, porque "es muy difícil que la gente se acepte", ya que "en el gentilicio argentino hay una resistencia sobre este tema", señala Mabuti. Vale recordar que Argentina debe la devoción a su patrona, la Virgen de Luján, a un negro esclavo llamado Manuel Costa. En esta pastoral inédita, la hermana reconoce que "siguen avanzando" en un proceso que "se irá consolidando".
La Hna. Mercy Mabuti Muthii, misionera de la Consolata, oriunda de Kenia, ayudó a fundar la primera pastoral afro en Argentina. (Foto: Ángel Morillo)
El principal obstáculo es la resistencia que Mabuti encuentra dentro de la propia Iglesia —algo que enfrenta también la Hna. Cacho—, donde algunos sectores, sostiene, siguen aferrados a la tradición y califican de herética toda expresión vinculada con los pueblos afrodescendientes. "Lo hacen por desconocimiento, por no aceptar nuestra cultura tal como es. Dios nos ama, así como somos", señala. Ante eso, prefiere no caer en las mismas descalificaciones. "No los juzgo, cada uno es diferente", dice, y solo espera que "abran mente y corazón", porque "Dios existe también en la cultura [afro] y se manifiesta a través de esta".
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La Hna. Sandra Milena Mancilla, de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María, también es autora de dos libros. (Foto: Ángel Morillo)
Evangelio inculturado
Se crió con buen pescado, jaiba (cangrejo), camarón y plátano sancochado. "Nací al caer el sol", cuenta Sandra Milena Mancilla, religiosa colombiana de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María, congregación fundada por la beata María Berenice Duque Hencker, pionera en atender a las poblaciones afro del Chocó e Istmina, en el Pacífico colombiano.
La Hna. Mancilla, oriunda de Timbiquí —pueblo negro del Cauca—, recuerda cómo se emocionaba cuando las hermanas llegaban a su comunidad. La religiosa admiraba su capacidad de entrega por los más necesitados y se enamoró de la Eucaristía, de tener al Santísimo de frente cada día. "Gracias a las hermanas, eso me dio la chispa de lanzarme a esta bella misión", dijo. Para ella, expresar a Dios en la cultura es parte de su esencia vital.
La fundadora de la congregación sentó las bases de ese camino evangelizador. "Ella siempre decía: '¿Quién mejor que ellos para llevar la buena nueva?'", recuerda Mancilla. Así, su comunidad se fue conformando con afrocolombianas de Guapi, Timbiquí, Istmina y Quibdó, que "llegaban a Potrerillo a formarse como religiosas y después las mandaban a misión a su propio territorio", un proceso natural de predicar desde lo propio para poder 're-leerse' como pueblo.
Mancilla siempre ha sido espontánea. "Alguna vez me cuestioné, pero una religiosa me dijo: 'Dios te quiere tal como eres'", recuerda. Desde entonces se muestra al natural: canta, baila, recita y escribe poesía, porque no le hace daño a nadie. Para ella, ser religiosa es vivir con alegría el Evangelio. "Dios es un Dios alegre, misericordioso, cercano", afirma, y lo ve presente en el tambor, las maracas, los atuendos, los cantos, y en el ser y hacer de los pueblos afromericanos.
La historia de la Pastoral Afroamericana y Caribeña se escribe recta sobre renglones torcidos: pese a los obstáculos y la exclusión, estas mujeres consagradas siguen trazando un camino esperanzador con fe, alegría y reconocimiento del valor de su identidad cultural.
