Niñas a orillas del lago Victoria, en el oeste de Kenia, compran pescado mientras las barcas regresan de la faena el 17 de julio. La mayoría son niñas de tan solo 12 años que afirman haber sido explotadas sexualmente por pescadores mientras intentan mantener o mejorar sus medios de subsistencia. (Foto: GSR/Doreen Ajiambo)
A primera hora de la mañana en Puerto Victoria, esta pequeña ciudad del oeste de Kenia, y en sus alrededores, niños de tan solo 5 años no se dirigen a la escuela, sino al cercano lago Victoria para pescar.
La pesca es la principal actividad económica de Puerto Victoria, ubicada a orillas del lago Victoria, en la frontera entre Kenia y Uganda. Aquí, la pesca tiene prioridad sobre la educación. Los chicos suelen ser los principales proveedores de sus familias, mientras que las chicas suelen encargarse de las tareas domésticas y quizá de limpiar, procesar o vender pescado.
"Tuve que dejar de ir a la escuela muy joven y empecé a pescar para mantener a mi familia después de que mi padre falleciera cuando yo nací", explica Joseph Ahadi, de 17 años, mientras prepara sus redes de pesca. "Esta es la realidad de la mayoría de los niños de aquí: trabajar y ganar dinero para mantener a tu familia es lo primero, y la educación viene después", apunta.
Como la mayoría de los niños de su edad, Ahadi abandonó la escuela en el tercer curso y se mantiene firme en su decisión de no estudiar. Cuando Ahadi tenía 11 años, su tío le introdujo en la pesca como forma de mantener a su familia. Trabajando con otros niños bajo la dirección de su tío, pescan una gran variedad de peces, entre ellos perca del Nilo, tilapia, pez plata y otras especies locales.
"No tenemos otra opción que trabajar aquí. La vida es dura, y nos pagan muy poco por las largas horas de trabajo", afirma y explica que pescan al anochecer y soportan noches frías en el lago. "Cuando empezamos, nos prometieron una vida mejor a cambio de nuestro duro trabajo. Nuestros empleadores nos aseguraron un buen dinero que transformaría nuestras vidas, pero esa promesa aún no se ha cumplido", agrega.
Las autoridades están dando la voz de alarma sobre la creciente explotación del trabajo infantil por parte de los empleadores de la región, planteando el tema en escuelas, iglesias, actos gubernamentales y locales, mercados y otros lugares de reunión.
La Hna. Bernadette Nthenya, de las Hermanas de María de Kakamega, interactúa con una niña a la que rescató de la venta de pescado a orillas del lago Victoria. La religiosa dio a la niña la oportunidad de asistir a la escuela en la institución que dirige en Puerto Victoria, una ciudad del oeste de Kenia. (Foto: GSR/Doreen Ajiambo)
La hermana Bernadette Nthenya, defensora de la educación de los niños en torno al lago Victoria, expresó su preocupación por la situación. Si no se aborda el problema de los niños que abandonan la escuela para trabajar en las orillas del lago, el lago Victoria — destinado a mejorar los medios de subsistencia de las personas que viven a su alrededor— acabará obstaculizando el desarrollo a largo plazo.
La monja destacó la pobreza como la causa principal que lleva a miles de niños a abandonar su educación y recurrir a la pesca o al trabajo barato a orillas del lago. Subrayó que el atractivo del dinero rápido en las playas está provocando tasas alarmantes de ausentismo y abandono escolar.
"En esta zona, un gran número de personas viven en la pobreza y dependen del lago Victoria para sobrevivir", afirma Nthenya, miembro de las Hermanas de María de Kakamega. "Como consecuencia, muchos niños crecen en hogares empobrecidos. Cubrir las necesidades básicas de la vida ya es una tarea de enormes proporciones, y cuando se tiene en cuenta la educación, se convierte en un reto aún mayor", apunta.
Arthur Papa Odera, vicegobernador del condado de Busia, en Puerto Victoria, declaró a Global Sisters Report (GSR) que "los padres han estado desatendiendo sus responsabilidades y permitiendo voluntariamente que sus hijos trabajen en la industria pesquera".
"Algunos niños incluso son explotados por sus padres como mano de obra, entregándoles toda la pesca del día para que la vendan", afirmó y añadió: "Esta situación incumple las leyes sobre trabajo infantil y las políticas de atención a la infancia, y está destruyendo el futuro de estos niños".
El aumento del trabajo infantil
GSR realizó entrevistas en múltiples lugares de desembarco en el lago Victoria, desvelando el uso generalizado del trabajo infantil en las actividades pesqueras en toda la región.
Eunice Nabwire, de 19 años, dejó la escuela a una edad temprana para trabajar en la pesca con el fin de mantenerse a sí misma y a su familia. Dice que se quedó embarazada a los 16 años tras ser coaccionada por los pescadores para mantener relaciones sexuales a cambio de pescado. (Foto: GSR/Doreen Ajiambo)
De los 10 pescadores encontrados en distintos lugares de desembarque, siete eran niños de tan solo cinco años. Las entrevistas revelaron que la mayoría de estos niños habían perdido al menos a uno de sus padres, y muchos eran responsables de mantener a sus familias.
Según las autoridades, la mayoría de los padres murieron por complicaciones relacionadas con el sida mientras realizaban el mismo trabajo que sus hijos. Las investigaciones indican que las personas que viven en comunidades pesqueras alrededor del lago Victoria corren un mayor riesgo de infección por el VIH y tienen una mayor prevalencia del virus en comparación con la población general debido a varios factores, entre ellos la práctica de intercambiar pescado por sexo.
Nthenya subrayó que las actividades pesqueras en el lago amenazaban el futuro de muchos niños de la zona y de otras regiones.
"La mayoría de las niñas de la región practican el sexo prematrimonial, a menudo intercambiando sus cuerpos por pescado para vender o para sobrevivir, lo que provoca altas tasas de VIH y embarazos precoces", explicó. "La mayoría de las familias de aquí también practican la poligamia, lo que provoca altos índices de abandono y explotación infantil", agregó.
Mientras estaba encaramado a un barco pesquero en la costa de Puerto Victoria, un niño de 13 años contó a GSR que nunca tuvo la oportunidad de ir a la escuela.
"Cuando era muy pequeño, mis padres me llevaban al lago para enseñarme a pescar. No veo ningún problema en ello, ya que es una actividad común para los niños de aquí", dijo.
GSR fue testigo de cómo los niños realizaban tareas similares a las de los pescadores adultos. Aquí, a los niños se les obliga a trabajar muchas horas, sobre todo por la noche y con bajas temperaturas, ya que se cree que es el mejor momento para pescar. También se les obliga a transportar cargas pesadas, como redes de pesca.
Joseph Ahadi, de 17 años, limpia sus redes tras un día y una noche de pesca el 17 de julio. Ahadi abandonó la escuela para dedicarse a la pesca y mantener a su familia y a sí mismo. (Foto: GSR/Doreen Ajiambo)
Muchos niños también denunciaron que les descontaban o retenían el sueldo por diversos motivos, como no pescar lo suficiente, negarse a zambullirse en el lago para coger peces o no poder realizar tareas que consideraban superiores a sus capacidades.
Según la Constitución de Kenia de 2010, todos los niños tienen derecho a ser protegidos de los malos tratos, el abandono, las prácticas culturales nocivas, todas las formas de violencia, los tratos y castigos inhumanos y el trabajo peligroso o en condiciones de explotación. La Ley de la Infancia define al niño como cualquier persona menor de 18 años y garantiza a todos los niños el derecho a la educación básica gratuita, siendo el Gobierno y los padres los responsables de garantizar el acceso a la misma.
Uno de los pescadores, propietario de tres barcos, declaró a GSR que prefiere emplear a niños porque son "mano de obra barata" en comparación con los adultos, que piden más dinero.
"A veces no tienes que pagarles y no se quejan como los adultos siempre que les des comida y un lugar donde dormir", dijo. "A veces les decimos que vuelvan a la escuela, pero siguen viniendo y pidiendo trabajo, y tienes que dárselo para que puedan ganar un poco de dinero para comprar comida para ellos y sus familias", explicó.
A lo largo del lago Victoria, la industria pesquera está dividida por sexos: los hombres poseen los barcos y se dedican a la pesca, mientras que las mujeres les compran el pescado para venderlo en el mercado. La mayoría de las niñas de tan solo 12 años revelaron haber sido explotadas sexualmente por los pescadores en su afán por mantener o mejorar sus medios de vida.
Una niña contó a GSR que al salir de la escuela, en sexto curso, pidió a los pescadores una oportunidad para limpiar y vender sus capturas en el mercado cercano. La niña dijo que uno de los pescadores, que tenía la misma edad que su difunto padre, le dijo que solo la ayudaría a encontrar trabajo si aceptaba sus insinuaciones sexuales.
Barcos pesqueros regresan cargados de tilapia, perca del Nilo, pez plata y otras especies locales en Puerto Victoria, Kenia, el 17 de julio. A lo largo del lago Victoria, los menores de 18 años participan en actividades pesqueras para ayudar a mantener a sus familias tras abandonar la escuela (Foto: GSR/Doreen Ajiambo)
"No tenía otra opción porque vivía con mi abuela y ella necesitaba dinero para mantenernos", explicó la joven de 17 años, que había abandonado la escuela a los 12 años. "Me quedé embarazada de un hombre de 42 años y di a luz a los 15 años. La vida ha sido dura porque se supone que debo cuidar del niño, y la única manera sigue siendo volver con estos pescadores", añadió.
Intervenciones
Las religiosas de la región, junto con funcionarios locales y las ONG, han clasificado la pesca como actividad laboral infantil peligrosa. Esta clasificación prohíbe emplear a menores de 18 años. Las hermanas creen que se trata de un paso importante hacia la eliminación definitiva del trabajo infantil en la pesca, aunque reconocen que siguen existiendo numerosos obstáculos, especialmente para convencer a los niños y a los propios padres.
Nthenya afirma que ya ha empezado a concienciar a la comunidad pesquera sobre los riesgos del trabajo infantil. También hizo hincapié en la necesidad de que los padres cumplan su papel a la hora de abordar estas cuestiones cruciales.
"Hay un alto nivel de analfabetismo en esta zona, y muchos padres nunca han recibido educación. Como resultado, puede que no entiendan la importancia de la educación", afirma. Nthenya añade que todos los domingos celebran reuniones con padres e hijos en parroquias de toda la región para educarles sobre la importancia de enviar a sus hijos a la escuela y combatir el trabajo infantil.
Una niña ayuda a su madre a quitar las escamas del pescado que pescaron en el lago Victoria antes de venderlo en el mercado local de Kisumu, en el suroeste de Kenia, el 5 de noviembre de 2021. (Foto: GSR/Doreen Ajiambo)
"También educamos tanto a padres como a hijos sobre los abusos que se producen en la comunidad para que puedan denunciarlos a la policía o ayudarnos a proteger a los niños", dijo Nthenya, quien subrayó que criar a un niño es responsabilidad de toda la comunidad, y que todos deben implicarse para ayudar a estos niños y asegurar sus vidas.
Por su parte, Odera declaró que su oficina había dado instrucciones a la policía para que detuviera a los individuos que explotaban a niños pequeños para obtener mano de obra barata, dando prioridad a las ganancias económicas sobre el bienestar de los menores.
La hermana Jancy Paul Chiramel, que dirige la Escuela de la Misión Santa María de Sirimba para promover la educación de niñas y niños en torno al lago Victoria, declaró que su escuela busca con mucho ahínco donantes para ofrecer becas educativas a los niños desfavorecidos de la región.
La Hna. Jansy Paul Chiramel, miembro de las Hermanas Misioneras de Santa Ana de Lucerna, supervisa el funcionamiento de la Misión Santa María de Sirimba. (Foto: GSR/Doreen Ajiambo).
"Hemos recurrido constantemente a donantes que nos han ayudado a apadrinar a cientos de niños cubriendo sus gastos escolares", explicó. También señaló que proporcionan comida, sobre todo el almuerzo, a los alumnos externos para animarles a asistir a clase.
Chiramel, de las Hermanas Misioneras de Santa Ana de Lucerna, dijo que las hermanas ofrecen orientación y asesoramiento vital a los padres y niños que participan en actividades pesqueras, abordando los problemas subyacentes del estrés, la pobreza y la falta de conocimientos.
"Celebramos seminarios semanales en esta región para animar a los niños a no abandonar nunca la educación. También animamos a los que han abandonado la escuela a que acepten volver a matricularse. A las niñas que ya han dado a luz les aconsejamos que se matriculen en formación profesional para asegurar su futuro", explica y añade: "Creo que proporcionar educación a nuestra sociedad ayudará a acabar con vicios como el trabajo infantil, la prostitución y los matrimonios precoces".
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 31 de octubre de 2024.
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