El papa León XIV se reúne con miembros de la junta directiva de Ending Clergy Abuse, una coalición de supervivientes y defensores de los derechos humanos que trabajan para poner fin al abuso por parte del clero, exigir responsabilidades y promover la justicia y la verdad, durante una audiencia celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano el 20 de octubre de 2025. También está presente Pedro Salinas, periodista peruano y superviviente de abusos. (Foto: CNS/Vatican Media)
Para conmemorar el primer año del pontificado del papa León XIV, El Rincón de las Teólogas reúne a cuatro religiosas teólogas de todo el mundo para reflexionar sobre sus esfuerzos por abordar los abusos, reforzar la rendición de cuentas e impulsar la reforma en la Iglesia.
Julia D. E. Prinz es una hermana alemana de la Fraternidad Verbum Dei que trabaja con poblaciones migrantes en el área de la bahía de San Francisco, Estados Unidos, y el valle de San Joaquín. Imparte clases como profesora adjunta en la Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara y en el Graduate Theological Union (GTU), una institución de posgrado. Integra la dirección del Instituto de Espiritualidad Católica y del programa de Dirección Espiritual, que forma a directores espirituales, en inglés y español, para el Valle Central. Gracias a una beca de Interfaith America, imparte clases de espiritualidad en la atención sanitaria a profesionales y estudiantes de la salud. Anteriormente dirigió la Iniciativa Women of Wisdom and Action en Asia, de 2002 a 2019, empoderando a las religiosas para que estudiaran teología, y colaboró con la Unión Internacional de Superioras Generales de 2020 a 2024 para poner en marcha la iniciativa teológica internacional para hermanas religiosas.
Recientemente, el papa León XIV exclamó: "¡Basta ya de idolatría del yo y del dinero! ¡Basta ya de alarde de poder! ¡Basta ya de guerra!". Esto me consuela, tanto por su contexto inmediato —la inconcebible guerra contra Irán de Estados Unidos e Israel en 2026— como porque el llamamiento de León se vincula con las palabras del papa Francisco y señala un cambio cultural en curso en la Iglesia y, esperemos, en la sociedad en general.
A finales de la década de 1990, al mismo tiempo que el padre Gustavo Gutiérrez era silenciado por la jerarquía eclesiástica peruana, otro grupo recibió voz y poder en América Latina: el Sodalitium Christianae Vitae [Sodalicio de Vida Cristiana].
La principal ofensa de Gutiérrez fue su crítica a la apropiación privada estructural de la riqueza que creaba un ciclo interminable de pobreza. La razón principal del éxito del Sodalitium fue su buena reputación entre los ricos, al atender a las élites con una espiritualidad autoritaria.
Gutiérrez insistió: "Hubo un tiempo en que la pobreza se consideraba un destino inevitable, pero tal visión ya no es posible ni responsable. Ahora sabemos que la pobreza no es simplemente una desgracia; es una injusticia". El Sodalitium, por su parte, se compadecía de los pobres mientras se enriquecía, ejerciendo prácticas fascistas de sumisión y lealtad para sus miembros, incluyendo métodos sexuales humillantes y retorcidos que reforzaban el poder de su propio liderazgo.
Casi un cuarto de siglo después, la verdad sobre el Sodalitium ha quedado al descubierto. El 14 de abril de 2025, tras años de investigación sobre el abuso sádico de la autoridad, la espiritualidad y la sexualidad en el grupo, Francisco, en estrecha colaboración con el cardenal Robert Prevost, el futuro papa León, suprimió y disolvió el Sodalitium. Al mismo tiempo, Francisco honró a Gutiérrez por la labor de toda su vida en favor de los pobres y su radical defensa de la verdad y la justicia.
Aquí, en Estados Unidos, el grito de guerra "Deus vultus" resuena en la actual administración estadounidense, que abusa del Evangelio mientras justifica una guerra cruel que está infligiendo un sufrimiento masivo en todo Oriente Medio y más allá. Mientras tanto, la retórica interna de la Administración, basada en la superioridad y el elitismo, se opone a nuestra propia identidad cristiana al negar la dignidad humana a todas las personas y socavar los esfuerzos de humanización en el mundo que compartimos. Esa retórica muestra ecos de la mezcla fatal de espiritualidad y guerra que caracterizó al Sodalitium.
Paola Ugaz, una periodista peruana que ayudó a sacar a la luz los abusos cometidos por los líderes del Sodalitium Christianae Vitae, entrega al papa León XIV una estola de lana de alpaca, durante el encuentro del papa con miembros de los medios de comunicación el 12 de mayo de 2025, en la sala de audiencias Pablo VI del Vaticano. (Foto: CNS/Vatican Media)
León no ha tenido miedo de enfrentarse a aquellos cuya idolatría del yo y del dinero distorsiona por completo la palabra de Dios dentro y fuera de la Iglesia; y ha denunciado las prácticas, las políticas y los planteamientos que atacan el compromiso cristiano fundamental con el florecimiento de todas las personas.
Por eso, mi esperanza de que León aborde el cambio estructural radica en su resistencia a las corrientes de pensamiento en la Iglesia y en el mundo que se centran en la perniciosa y privilegiada idea de que las personas poderosas de la Iglesia y la sociedad civil tienen derecho a poseer a todos y todo, incluyendo el mundo natural y el espacio exterior. Sin embargo, no es así.
Podemos sumarnos a la protesta de León contra la "ilusión de omnipotencia que nos rodea y que se está volviendo cada vez más impredecible y agresiva". El mundo y las personas pertenecen a Dios.
La Hna. Mercy Shumbamhini es miembro de la Congregación de Jesús en Zimbabue. Es trabajadora social clínica colegiada, teóloga, directora espiritual, consultora en seguridad, terapeuta narrativa, investigadora y escritora con una amplia experiencia en liderazgo y gestión de proyectos. Ocupó el cargo de líder regional de su congregación en Zimbabue durante ocho años y es la expresidenta de la Conferencia de Superioras Mayores de Zimbabue. Trabajó como responsable de desarrollo en la Universidad Jesuita Arrupe y actualmente es directora del desarrollo misionero de su congregación en Zimbabue. Forma parte de varios consejos de administración e imparte clases a nivel universitario sobre trabajo social, teología, espiritualidad, pensamiento estratégico y planificación, y ha sido examinadora externa de la Universidad de Sudáfrica.
A través de mi experiencia en la atención pastoral, la seguridad y el acompañamiento al trauma en los contextos eclesiásticos africanos, he llegado a comprender la respuesta de la Iglesia a la crisis de los abusos como un camino continuo de conversión hacia el corazón de Cristo. En el centro de este camino se encuentra el Buen Pastor, que se agacha para cargar a la oveja herida, conduciendo a la Iglesia hacia una verdad, una compasión y una sanación más profundas.
El énfasis del papa León XIV en que los más vulnerables deben permanecer "en el centro del Evangelio", y en que los pobres son "sujetos creativos que nos desafían a encontrar formas novedosas de vivir el Evangelio hoy", se refiere directamente a lo que he encontrado en comunidades afectadas tanto por el sufrimiento como por la resiliencia. Los niños, las mujeres, las personas marginadas y los supervivientes de abusos no son solo aquellos a quienes la Iglesia atiende; son también aquellos a través de quienes Cristo habla, llamando a la Iglesia a la responsabilidad, la conversión y la renovación.
El papa Francisco distribuyó una tarjeta con esta pintura del Buen Pastor, del artista alemán Lucas Cranach el Viejo a los obispos italianos durante su asamblea de 2021 sobre "el camino sinodal de la Iglesia en Italia". (Foto; CNS/cortesía de la Oficina de Prensa de la Santa Sede)
El papa Francisco nos recuerda: "El dolor de las víctimas y de sus familias es también nuestro dolor". Esto no es solo una declaración moral, sino una verdad eclesial que reconfigura nuestra forma de entender la comunión en el cuerpo de Cristo. En la sabiduría africana del ubuntu —"yo soy porque nosotros somos"— esto se concreta: ninguna herida está aislada, ninguna sanación es individual y ninguna comunidad está completa hasta que todos son restaurados.
Protección, rendición de cuentas y reforma
La respuesta de la Iglesia bajo el pontificado del papa León XIV muestra una creciente conciencia de que la protección forma parte de su propia identidad, no solo de sus políticas. La responsabilidad debe basarse en el Evangelio: el daño debe ser nombrado con veracidad, la justicia debe perseguirse con integridad y la sanación debe abordarse con cuidado y paciencia. La reforma de las comunidades religiosas también requiere un cuidadoso discernimiento pastoral que mantenga unidas la verdad, la misericordia y el respeto por las personas. Incluso en situaciones dolorosas, la gracia sigue actuando silenciosamente y, a menudo, de manera oculta.
Continuidad y profundización de la visión de Francisco
La orientación bajo León XIV puede verse tanto como una continuidad como una profundización del enfoque de Francisco. La protección, la formación y la responsabilidad institucional se mantienen más claramente dentro de una única visión de comunión. La sinodalidad —la escucha, la participación y la responsabilidad compartida— está dando forma a este proceso, alejando a la Iglesia del silencio y el aislamiento hacia una mayor transparencia y corresponsabilidad.
Esperanza para la Iglesia
Mi esperanza es una Iglesia que refleje el rostro de Cristo, el Buen Pastor: una Iglesia que no se aleje del sufrimiento, sino que se adentre en él con compasión, valentía y humildad. Espero una protección que sea profundamente espiritual —arraigada en la escucha, la sanación y la restauración—. Espero en comunidades en las que se escuche verdaderamente a los supervivientes, donde el liderazgo de las mujeres se reconozca como un don para la renovación, y donde los pobres sean acogidos como portadores de la sabiduría del Evangelio.
En definitiva, espero en una Iglesia donde la justicia y la misericordia se encuentren: donde se vea, se crea y se acompañe a quienes han sido heridos, y donde aprendamos de nuevo a caminar juntos con confianza, dignidad y esperanza.
Nameeta Renu es miembro de la Orden de las Vírgenes Consagradas en Bombay. Ha estudiado atención pastoral de migrantes y refugiados en situación liminal, y tiene un doctorado en teología sobre orientación espiritual y formación integral basadas en viriditas (lo verde o fuerza vital de Dios) en la espiritualidad de santa Hildegarda de Bingen. Ha publicado artículos sobre la vida consagrada en diversos boletines y revistas teológicas.
Me alegré de la elección del papa León XIV. Habiendo vivido tres pontificados, espero contra toda esperanza que continúe purificando a la Iglesia del pecado institucional y su encubrimiento. Durante décadas, las revelaciones de captación, abusos y manipulación psicológica me han conmocionado.
Desmond Tutu dijo una vez que la neutralidad ante situaciones de injusticia no es virtud, sino complicidad. Por eso me siento destrozada cuando León cita el derecho del acusado a un proceso justo, mientras que los derechos humanos y el sufrimiento de las víctimas, que esperan indefinidamente justicia y reparación, pueden parecer infravalorados.
Existe una conocida máxima jurídica que dice que la justicia retrasada es justicia denegada. A menudo, el denunciante sufre exclusión social, aislamiento y lucha por sobrevivir, mientras que al acusado rara vez se le retira del ministerio y, a veces, quienes participan en los encubrimientos incluso dirigen comités de protección. Parece que la presunción de inocencia no impide el traslado o el ascenso del acusado a un cargo superior.
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Por el contrario, Jesús en los Evangelios nunca se queda como un espectador silencioso, sino que asume la responsabilidad moral de la justicia restaurativa, incluida la conversión de los pecadores. Si la salvación fuera barata, ¿habría pagado por ella en la cruz? Sin embargo, los clérigos acusados de "romper y comer la carne de su rebaño" están, en algunos casos, protegidos por sus compañeros dentro de las estructuras de responsabilidades existentes.
El episcopado tiene autoridad judicial, canónica, jurídica y pastoral, pero la autoridad moral hay que ganársela.
¿Por qué no hay muchos ejemplos de mujeres consagradas en la India que obtengan justicia en la Iglesia? ¿Por qué las hermanas dudan en denunciar los abusos? El modus operandi de los encubrimientos es claro: las víctimas son tratadas como terceras personas en sus propios casos.
En mi labor pastoral y de investigación, he observado preocupantes lagunas en materia de transparencia y garantías procesales dentro de los tribunales eclesiásticos. Los problemas con el acceso a los documentos y las apelaciones ponen de relieve una necesidad apremiante de una mayor responsabilidad y claridad procesal.
Esto es solo la punta del iceberg de las tácticas de encubrimiento observadas a lo largo de décadas. El enfoque de León sobre la necesidad genuina de un proceso debido presenta graves lagunas que frenan la rendición de cuentas que el papa Francisco intentó establecer a través de Vos Estis Lux Mundi, que es poco conocida, comprendida o implementada adecuadamente.
Una monja es consolada durante una protesta el 13 de septiembre de 2018 en Cochin, India. La protesta tenía como objetivo exigir justicia después de que una antigua superiora acusara al obispo Franco Mulakkal, de Jalandhar, de haberla violado. Las monjas indias cuestionaron el silencio de la Iglesia en el caso de violación y expresaron su apoyo a la monja denunciante después de que un tribunal absolviera a Mulakkal de todos los cargos el 14 de enero de 2022. (Foto: CNS/Reuters/Sivaram V)
Esto plantea una cuestión práctica: ¿cómo se pueden reforzar los mecanismos de rendición de cuentas para que el debido proceso no se convierta en un obstáculo para la justicia?
Sugiero una plataforma global en línea con auditores independientes para recibir denuncias y almacenar de forma segura los documentos presentados. Además, la Iglesia universal podría crear una aplicación de IA multilingüe y canónica que los tribunales pudieran utilizar para realizar entrevistas e introducir toda la documentación y las pruebas para su análisis, con el permiso de las partes. Esto acortaría notablemente los procesos. Las partes implicadas deberían poder acceder en línea a actualizaciones periódicas. La justicia implica transparencia y también debe verse que se hace.
Además, formular cánones no basta para lograr la justicia restaurativa. Quienes han sufrido abusos necesitan espacios seguros para ser escuchados y creídos, para recibir solidaridad y para ver una rendición de cuentas significativa, a través de la suspensión del acusado, sanciones adecuadas y la reforma institucional de la Iglesia. La sanación integral es esencial para la justicia restaurativa. ¡Las sanciones secretas no pueden sanar una Iglesia herida!
La Hna. Rose Uchem pertenece a las Hermanas Misioneras del Santo Rosario y es antigua profesora titular de la Universidad de Nigeria, en Nsukka, y de la Escuela Internacional de Teología Espiritana en Attakwu, Enugu, Nigeria. Posee un doctorado en estudios teológicos por la Graduate Theological Foundation de Indiana y un máster en religión y educación religiosa por la Universidad de Fordham en Nueva York. Anteriormente estudió en el Instituto Milltown de Teología y Filosofía de Dublín. Entre sus numerosas publicaciones se encuentra Superar la subordinación de la mujer en la cultura africana igbo y en la Iglesia católica. Uchem es directora fundadora de IFENDU for Women's Development, una organización no gubernamental que promueve el reconocimiento de la igualdad de dignidad para las mujeres.
Con motivo del próximo primer aniversario del pontificado del papa León XIV, es inevitable pensar en diversos ámbitos de la vida de la Iglesia que pueden ser objeto de revisión. Uno de ellos es la respuesta actual de la Iglesia a la crisis de los abusos, especialmente bajo este liderazgo. Se puede decir que el logro de este periodo es un esfuerzo complejo y en desarrollo para hacer frente tanto a los fracasos del pasado como a las responsabilidades del presente.
Por ejemplo, cada vez está más claro que la crisis no se reduce a incidentes aislados de conducta indebida personal. Más bien es sistémica, e implica patrones de clericalismo, silencio institucional y una rendición de cuentas inadecuada. Se necesitaba una respuesta más integral y autocrítica de lo que ha ocurrido.
Un logro notable es la protección. Ahora existen políticas —más estructuradas, generalizadas y de orientación preventiva— en muchas partes de la Iglesia. Los programas de formación existentes, los procedimientos de denuncia y las oficinas de protección sugieren un intento serio de integrar la protección en la vida de la Iglesia. Esto difiere significativamente de los anteriores enfoques de 'bombero'.
Sin embargo, se podría hacer mucho más. Según mi observación personal, existe el riesgo de que la protección se convierta en una cuestión de 'cumplir con todas las formalidades' en lugar de interiorizar genuinamente una cultura del cuidado. Aún más preocupante es la actitud de algunas autoridades que parecen más preocupadas por no quedar en evidencia que por ofrecer un apoyo genuino a las personas afectadas, por ejemplo, en las comunidades eclesiásticas. Además, la aplicación es desigual, lo que plantea dudas sobre si la protección es verdaderamente universal.
Miembros de órdenes religiosas de todo el mundo asisten a la inauguración de un taller de tres días sobre protección en la sede de Roma de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, el 17 de noviembre de 2025. (Foto: CNS/PCPM/Marco Cordone)
Estrechamente relacionada con la protección está la cuestión de la rendición de cuentas. La Iglesia ha dado pasos para responsabilizar no solo a los autores de los delitos, sino también a los líderes por las deficiencias en la supervisión. Esto supone un importante alejamiento de una cultura del secretismo hacia una de mayor transparencia. Ante las expectativas de justicia de la sociedad en general, que siguen poniendo a prueba la autoridad moral y la credibilidad de la Iglesia en este ámbito, se necesita coherencia y una transparencia sostenida.
Una dimensión especialmente llamativa de la respuesta reciente ha sido la reforma, y en algunos casos la supresión, de ciertas congregaciones religiosas. Estas intervenciones revelan una concepción más amplia del abuso: no solo de la conducta sexual inapropiada, sino también del daño espiritual y psicológico que implica el ejercicio de formas distorsionadas de autoridad.
Tales acciones son encomiables, ya que indican una voluntad de hacer frente a la disfunción a nivel estructural. Sin embargo, también plantean cuestiones importantes sobre el respeto del debido proceso y la transparencia, como una visión coherente de renovación más que como respuestas reactivas ad hoc a las crisis.
En última instancia, la cuestión más profunda puede residir en la necesidad de una transformación cultural. Sin duda, las políticas y las sanciones son necesarias. Sin embargo, sin un cambio correspondiente en la forma en que se entiende y se ejerce la autoridad, siguen siendo insuficientes. Para que un cambio significativo eche raíces, es vital abordar el clericalismo, fomentar una mayor participación de los laicos, especialmente de las mujeres, y cultivar la humildad en el liderazgo.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 5 de mayo de 2026.
