El Buen Pastor, óleo de Bartolomé Esteban Murillo, hacia 1660. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«"Les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante. El que entra por la puerta es el pastor del rebaño. El cuidador le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca. Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas le siguen; porque reconocen su voz. A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños". Esta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería. Entonces, les habló otra vez: "Les aseguro que yo soy la puerta del rebaño. Todos los que vinieron [antes de mí] eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia"» (Jn 10, 1-10).
Este cuarto domingo de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor. El capítulo 10 del Evangelio de Juan nos habla de Jesús como Buen Pastor, pero esta afirmación no está contemplada en el Evangelio de hoy, porque ese capítulo 10 se reparte entre los tres ciclos litúrgicos, y esa parte corresponderá al próximo ciclo.
Jesús se presenta como la puerta que conduce a la vida en abundancia. La teóloga Consuelo Vélez relee el Evangelio del Buen Pastor, destacando la necesidad de reconocer su voz frente a quienes no cuidan al rebaño.
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Lo central del mensaje de este Evangelio viene en conexión con la confrontación de Jesús con los fariseos y escribas a lo largo de su vida pública. Aunque aquí no los nombre explícitamente, Jesús diferencia entre los que deberían ser buenos pastores —pero están actuando como ladrones y salteadores— y los que sí cuidan a las ovejas y les dan la vida en abundancia.
En este Evangelio Jesús se va a definir como la puerta por donde entran las ovejas para encontrar buenos pastos. Las ovejas entran porque reconocen la voz del pastor, pero se apartan de los extraños porque saben que no les harán bien. Ellos tienen otros intereses y por eso no entran por la puerta, sino que saltan por otra parte, como ladrones, mientras que Jesús llama a cada una de las ovejas por su nombre y ellas al reconocerlo pueden seguirle, confiadas en el conocimiento que él tiene de ellas y ellas de la voz de su pastor.
En la actualidad la metáfora del pastor y las ovejas puede resultar difícil de entender porque son tiempos de mayor autonomía y menos de obediencia entre los miembros de un grupo. Por eso, situar el texto en la confrontación de Jesús con los fariseos y escribas libera de esa posible interpretación de actuar como ‘borregos’ e invita a distinguir entre el Evangelio de Jesús y las deformaciones en nombre de la literalismo de la ley. De eso habla Jesús e invita a los suyos a reconocerlo como la puerta de las ovejas, donde se puede entrar para tener la vida abundante que él nos trae.
