Las tentaciones de Cristo, óleo de Peter Paul Rubens, cerca de 1620. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Entonces Jesús, movido por el Espíritu, se retiró al desierto para ser tentado por el diablo. Hizo un ayuno de cuarenta días con sus noches, y al final sintió hambre. Se acercó el tentador y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estás piedras se conviertan en pan". Él contestó: "Está escrito: 'No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'". Luego el diablo se lo llevó a la ciudad santa, lo colocó en la parte más alta del templo y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, pues está escrito: 'Dios ha dado órdenes a sus ángeles, y te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra'". Jesús respondió: "También está escrito: 'No pondrás a prueba al señor, tu Dios'". De nuevo se lo llevó el diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor y le dijo: "Todo esto te lo daré si te postras para adorarme". Entonces, Jesús le replicó: "Aléjate, satanás, que está escrito: 'Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto'". De inmediato lo dejó el diablo y unos ángeles vinieron a servirle» (Mateo 4, 1-11)
Las tentaciones son tentaciones mesiánicas; es decir, son contra la misión que Jesús realiza. Lo que está en juego es la fidelidad a esa misión, sin desviarla para provecho propio o para vanagloria. La primera tentación, sobre convertir las piedras en pan, refleja esa posibilidad de convertir la misión en garantías para sí mismo.
"Cuando nuestra fe no da los frutos que debería en los ambientes que vivimos, algo está pasando. Y Cuaresma es tiempo para reenfocar todo lo que no corresponde al compromiso de vida que estamos llamados a dar": teóloga Consuelo Vélez
Jesús va a responder a las tres tentaciones con palabras del Deuteronomio, mostrando el cumplimento de la palabra divina. La segunda y tercera tentación se referirían a la vanagloria frente a los demás —al tirarse del alero del templo y que los ángeles lo salven— y a la búsqueda de las riquezas y el poder —presente en la tercera tentación—, adorando al diablo, quien le daría los reinos de este mundo. Las respuestas de Jesús superan todas las tentaciones, manteniendo de esa manera la fidelidad y poniendo en el centro a Dios mismo como artífice de la misión, reconociéndose él solo como un mediador de ella.
El Evangelio de Lucas tiene el mismo pasaje de las tres tentaciones, pero invierte las dos últimas, posiblemente por el interés de Lucas de mostrar a Jesús dirigiéndose hacia Jerusalén, y la tentación del templo así lo manifestaría. Marcos solo afirma que Jesús fue tentado y Juan no tiene este pasaje.
Lo importante para nosotros es comenzar este camino de Cuaresma preguntándonos por nuestra fidelidad a la misión encomendada, porque la conversión a la que Jesús nos llama no se refiere solo a las actitudes personales (muy importantes, por supuesto), sino también al anuncio del Reino que se nos ha confiado para que no lo traicionemos, rebajemos o distorsionemos.
Cuando vemos que nuestra fe no da los frutos que debería en los ambientes que vivimos, algo está pasando. Y Cuaresma es tiempo para tomar el pulso y reenfocar todo lo que no corresponde al compromiso de vida que estamos llamados a dar. Como Jesús, podemos vencer las tentaciones de traicionar el Evangelio, dejando a Dios ser Dios de nuestra vida para que su amor y sus actitudes se hagan presentes en nuestra realidad.
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