El bautismo de Cristo, óleo de Joachim Patinir, cerca de 1515. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan se resistía diciendo: "Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? ". Jesús le respondió: "Ahora haz lo que te digo pues de este modo conviene que realicemos la justicia plena". Ante esto Juan aceptó. Después de ser bautizado, Jesús salió del agua y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él; se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo querido, en quien me complazco"» (Mateo 3, 13-17).
Comenzamos el tiempo ordinario del ciclo litúrgico con la fiesta del Bautismo del Señor, con el que se marca el inicio de su vida pública de Jesús y se explicita quién es él. Notemos que hay resistencia por parte del Bautista para bautizarlo. Esto nos deja ver la dificultad que debieron tener los escritores sagrados para narrar este hecho. ¿Cómo es posible que el Hijo de Dios vaya a recibir un bautismo de conversión? ¿Acaso tenía pecado? Sin embargo, el hecho debió ser histórico y por eso, a pesar de las dificultades que deja ver, los Evangelios nos dan testimonio de este acontecimiento. Mateo, en este caso, supera la dificultad con las palabras que Jesús le dirige a Juan, colocando el acontecimiento como parte del plan de Dios para llevar a cabo su justicia. De esa manera Juan el Bautista acepta bautizarlo.
"Que nuestro compromiso con esa misma misión [de Jesús] sea fiel y generoso", escribe la teóloga Consuelo Vélez sobre el Evangelio del Bautismo del Señor para la serie Al partir el pan
El segundo momento del texto explicita mejor aún las razones para dicho bautizo. Una vez realizado, cuando Jesús sale del agua, se abre el cielo y el Espíritu de Dios baja en forma de paloma y se oye una voz que confirma que Jesús es el Hijo querido de Dios y en quien Dios se complace. No queda duda, entonces, de la misión que va a desempeñar Jesús y del respaldo incondicional de Dios a dicho misión.
No olvidemos que los Evangelios están escritos a la luz de la resurrección y, por lo tanto, relatos como este en el que parece estar todo claro son confesiones de fe producto de la experiencia pascual. Aclaramos esto porque podríamos pensar que si muchos escucharon la voz del cielo, no deberían haber existido dudas sobre Jesús, y mucho menos llegar al rechazo y la muerte. Precisamente, aquí se nos adelante lo que será la confesión de fe de los discípulos después de la resurrección. Ese Jesús que anunció la buena noticia del Reino, pero fue incomprendido y crucificado, ese es el Hijo amado, a quien Dios respaldó en todo momento, confirmándolo definitivamente en la resurrección.
En otras palabras, se nos invita a ser de aquellos que creemos en la confirmación de Dios a la misión de Jesús para ser sus discípulos en esa misma misión, viviéndola en nuestras circunstancias actuales donde Dios quiere seguir actuando a través nuestro. Que nuestro compromiso con esa misma misión sea fiel y generoso.
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