La Institución Técnica San José Obrero, que gestionan las Siervas de San José con el apoyo de laicos en Medellín, Colombia, ofrece formación para el trabajo y emprendimientos. En la imagen, el grupo de gastronomía en la terraza del centro educativo durante la certificación de auxiliares de enfermería, en julio de 2025. (Foto: cortesía ITSJO)
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En este camino de discípula, seguidora de Jesús, he tenido el regalo de estar rodeada de vida, de compartir espacios de cercanía, acogida, transformación y resiliencia. La Institución Técnica San José Obrero (ITSJO), proyecto de la congregación Siervas de San José en Medellín, Colombia, ha sido uno de ellos.
La ITSJO, ubicada en el barrio El Playón, Comuna 3, se inserta en un ambiente sencillo y popular, marcado a lo largo de su historia por la violencia y la pobreza. Es, como su nombre lo indica, un espacio de educación para el trabajo en diferentes programas técnicos. Una alternativa para jóvenes y adultos, no solo para formarse de cara al mundo laboral, sino también para su crecimiento integral: una formación humana que libera, acompaña, confía y espera.
La droga, la calle, la prostitución y las bandas son realidades de algunos de los chicos y chicas que llegan a la institución. Muchos ingresan esperando recibir solo una formación académica y culminan agradeciendo esa educación de calidad, pero también la escucha, el apoyo y la ayuda en sus vidas, que trascienden el aula de clases.
"Buscamos la dignificación de estas personas vulneradas, para que sean solidarias, resilientes y comprometidas con una sociedad más inclusiva y equitativa": Hna. Daylenis Rodríguez, sobre Institución Técnica San José Obrero en Medellín
Para mí está siendo una experiencia hermosa la posibilidad de compartir con el equipo de trabajo, que incluye hermanas y laicos muy comprometidos con la institución y el carisma josefino. Si bien no trabajo directamente en el proyecto, trato de colaborar, desde lo pequeño, en todo lo que me es posible.
La Hna. Deisy Camargo Echeverría, quien lleva varios años trabajando en este proyecto, me comentó que su experiencia en la institución —como Sierva de San José— ha sido muy significativa. Para ella, el Taller de la Madre Bonifacia (nuestra fundadora) toma un nuevo rostro en este espacio de acogida, crecimiento, acompañamiento y formación para el trabajo y el desarrollo humano, dirigido a hombres, mujeres y jóvenes que llegan con el deseo profundo de una oportunidad para alcanzar sueños y cumplir metas.
Ella considera que, en este proceso de crecimiento de los estudiantes y del equipo de trabajo, la Institución Técnica San José Obrero es, sin duda, una experiencia carismática. Desde el primer día que se acercan a solicitar ser recibidos y durante el tiempo de permanencia, apostamos por transformar sus vidas a través de procesos de formación de calidad. Buscamos generar la promoción y la dignificación de estas personas vulneradas, para que sean solidarias, resilientes y comprometidas consigo mismas y con una sociedad más inclusiva, equitativa y solidaria.
Luz Marina Monsalve, trabajadora social y parte del equipo de la ITSJO apuesta por este proyecto porque su trabajo en él le da sentido y la llena de satisfacción. El amor a Dios y al prójimo es una misión en su vida, por eso se ha comprometido a rescatar a los jóvenes de sus depresiones y de la tristeza, a través del trabajo que dignifica a la persona. Y eso es precisamente lo que se brinda en la institución: conocimiento, formación técnica, apoyo económico, estudio y vinculación laboral.
En la ITSJO, además de los programas técnicos, se encuentra el proyecto Emprendamos, que busca generar condiciones de trabajo dignas para personas de la comuna y sectores aledaños, y fundamentalmente empoderarlas para que sus negocios sean sostenibles. Ana Beatriz Ramírez, trabajadora social y coordinadora actual de este proyecto, me comentó que para ellos el centro es la persona. "Que se sostenga, que aprenda, que sea feliz, que disfrute lo que hace", dijo
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Para ella, es fundamental el trabajo que realizan desde cuatro componentes: ser, hacer, saber y tener, donde el centro es el ser. Ana Beatriz Ramírez me contó que trabajan con hombres y mujeres, pero de manera especial con las mujeres, y remarcó que es fundamental respetar el proceso y el tiempo que cada uno requiere. Constantemente ingresan nuevas personas, pero hay continuidad en el acompañamiento. El proyecto se basa en la generación de autoempleo y el fortalecimiento de los emprendedores, fundamentalmente para la población en situación de vulnerabilidad.
He tenido la dicha de participar y apoyar en algunos de los encuentros preparados para las emprendedoras. Es hermoso ver el crecimiento y el proceso de estas mujeres, escucharlas hablar del proyecto y de cómo han sacado sus emprendimientos adelante.
La calidad y la calidez humana en la institución se hacen notar. El equipo de trabajo se vive como familia. La acción del Espíritu, que mueve y conmueve, se intuye cada vez que estos hombres y mujeres van más allá de 'lo establecido'. Se preocupan por el otro, levantan, abrazan y sostienen. Un espacio cotidiano de estudio se vuelve uno de alegría y esperanza, una verdadera apuesta por la persona y su vida.
Para mí, la invitación es al compromiso con el otro y a ir más allá de lo que me toca. Me invita a mirar a la persona que tengo al frente con toda su riqueza y su potencial. El equipo de trabajo de la Institución Técnica San José Obrero apuesta por la vida tendiendo manos, derribando el muro de la indiferencia, escuchando, acogiendo y alentando. Desde lo pequeño y cotidiano, sostenemos esa esperanza de vida.
