Las panelistas de La Vida de octubre reflexionaron sobre estas interrogantes: Si pudieras pasar un día con un santo hoy, ¿quién sería y qué harían juntos de divertido, inesperado o curioso? En la imagen, santos y mártires se acercan al Cordero en La adoración del Cordero Místico (detalle), óleo sobre tabla de Hubert y Jan van Eyck, 1432. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
En la solemnidad de Todos los Santos celebramos no solo la memoria de quienes nos precedieron en la fe, sino también el legado vivo que nos dejaron. Sus historias de valentía, humildad, compasión y entrega siguen inspirándonos y recordándonos que la santidad se manifiesta de muchas maneras, incluso en los gestos más sencillos de la vida cotidiana.
Más allá de las imágenes que conocemos, las oraciones que les dedicamos y los relatos de sus grandes obras, los santos fueron también personas de carne y hueso, con sus propias virtudes y debilidades, inquietudes, alegrías, desafíos y particularidades. Recordar su humanidad nos permite acercarnos a ellos desde una perspectiva más personal y descubrir nuevas dimensiones de sus vidas.
Este mes, las religiosas del panel La Vida nos invitan a conocer a los santos desde una mirada más cercana, creativa y hasta divertida, respondiendo a las siguientes interrogantes: Si pudieras pasar un día con un santo hoy, ¿quién sería y qué harían juntos de divertido, inesperado o curioso?
El cura Brochero, Teresa de Ávila, Teresa de Calcuta y san José: cinco hermanas del #panelLaVida eligieron santo para imaginar un día a su lado. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #SolemnidadDeTodosLosSantos
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La Vida, testimonios de la vida consagrada
Liliana Beatriz Parlanti es una religiosa de las Misioneras de Nuestra Señora de los Apóstoles en Argentina. Tras su consagración en 1999 fue enviada a Benín, África Occidental, donde trabajó en evangelización rural y promoción de la mujer. Entre 2011 y 2015 estuvo en Argelia, África del Norte, una misión enfocada en diálogo de vida y acompañamiento a jóvenes universitarios subsaharianos. Actualmente trabaja en animación misionera y acompañamiento a migrantes en Buenos Aires, Argentina.
Si pudiera pasar un día con un santo, elegiría a san José Gabriel del Rosario Brochero, conocido como el cura Brochero, e imaginaría un encuentro con él en Traslasierra, la zona montañosa de Córdoba (Argentina), donde desarrolló su misión en el siglo XIX. Me gustaría acompañarlo en sus visitas a los paisanos, en sus ranchos dispersos por la montaña. ¡Sería como encontrarme con un 'superhéroe'!
Él es para mí un modelo de misionero ad gentes, ingenioso y creativo en su forma de llevar a Jesús a la gente sencilla de esos parajes. Por las distancias y el aislamiento, el padrecito consideraba necesario acercar humanidad a esas personas.
Le expresaría mi admiración, le compartiría mi opción de vida como misionera ad gentes y le contaría cuánto me recuerda a nuestro fundador, el padre Agustín Planque: un hombre sencillo, rudo y cercano a la gente.
Me invitaría a acompañarlo para ser testigo de cómo acercaba a Jesús a quienes aún no lo conocían, a través de su amistad sincera, compartiendo la vida.
Solía decir: "Dios es como los piojos: está en todas partes, pero prefiere a los pobres".
Nos detendríamos en la casa de don José y su esposa Rosalía. Compartiríamos unos mates amargos acompañados de relatos sobre cabras y chivos, parte de la tarea cotidiana de don José.
Escuchando atentamente y respetando los silencios, el 'curita' explicaría el motivo de su visita: invitarlos a participar en los ejercicios espirituales que predicaría en Córdoba. Quedaría admirada de su poder de convicción y de la confianza que le tendrían. ¡El Espíritu obrando!
El sacerdote José Gabriel Brochero (1840-1914) montado en su mula, con la que recorría el curato de San Alberto, hoy valle de Traslasierra. Hacia 1870-1880. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Después de despedirnos, me diría con picardía: "Vamos a lo de Eusebio, es un viejo duro pero va a aflojar". Me reiría de su ocurrencia, contagiada por su certeza de estar realizando la obra de Dios.
Así, de rancho en rancho, reuniría paisanos para llevarlos a Córdoba a participar en los ejercicios. ¡Qué ardua tarea! Significaba guiar a decenas de personas a caballo a través de las montañas.
El cura Brochero evangelizó Traslasierra y trabajó por el desarrollo de sus comunidades. Luchó para conseguir caminos y el ferrocarril, que reducirían el aislamiento de su gente.
Al terminar ese día imaginario, me llevaría la alegría de haber conocido a un santo y una renovada inspiración para mi vida misionera.
¡Santo cura Brochero, ruega por nosotros!
"Si no llevo en mi pecho la Caridad, ni a cristiano llego" ( José Gabriel del Rosario Brochero).
"Sería como encontrarme con un superhéroe". Hna. Liliana Parlanti imagina un día con el #curaBrochero visitando a los paisanos en sus ranchos. #Argentina #SolemnidadDeTodosLosSantos #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #serieLaVida
Alicia Antonia Rotela Segovia es una religiosa consagrada de la Compañía Santa Teresa de Jesús en Paraguay. Estudió profesorado en Cultura Religiosa con especialidad en Ética en el Instituto Superior Salesiano de Estudios Filosóficos Don Bosco, en Asunción, Paraguay. Cuenta con una licenciatura en Psicopedagogía por la Universidad Iberoamericana, también en Asunción. Actualmente concluye su formación en Teología Espiritual en el Instituto de Espiritualidad Santa Teresita del Niño Jesús en Quito, Ecuador. Ha trabajado como docente y coordinadora de pastoral en el sur de Paraguay. Actualmente es coordinadora de la Pastoral Juvenil Vocacional de la Provincia Teresiana. Reside en San Juan Bautista de las Misiones, Paraguay.
Si pudiera pasar un día con una santa, elegiría a Teresa de Jesús de Ávila. Como religiosa teresiana, la siento 'de casa', y tenerla conmigo sería un regalo inimaginable. Para que se sienta en familia, la recibiría con lo mejor de mi Paraguay.
Antes del amanecer, tomaríamos mate. Le explicaría cómo se prepara, cómo se comparte y cómo la guampa y la bombilla pasan de mano en mano, porque en tierra guaraní compartir el mate es compartir la vida. Imagino a Teresa probándolo con curiosidad y diciendo que su querido amigo fray Juan de la Cruz también debería conocerlo. "¡La próxima lo invitamos!", respondería sonriendo.
"¡A remangarnos y a la cocina, Teresa, que la chipa no se hace sola!". Encenderíamos el tatakua, nuestro horno de barro, y prepararíamos también sopa paraguaya y asado a las brasas. Ella, cómplice, me recordaría que "entre los pucheros anda el Señor", y agregaría que desde hoy también anda contento entre los asados. Recordando que "cuando penitencia, penitencia; cuando perdices, perdices", disfrutaríamos la mesa sin remordimientos.
Por la tarde viajaríamos por la ruta jesuítica, como ella hacía para sus fundaciones, aunque esta vez sin carreta. Recorreríamos las antiguas misiones de Trinidad, Jesús de Tavarangué y San Cosme y Damián, entre campos, tierra colorada y cielos enormes. Tomaríamos un tereré bien frío para aliviar el calor. La imagino admirada por la naturaleza y la fe de aquellos pueblos que unieron música, arte y evangelio.
Retrato de santa Teresa de Jesús (detalle), de fray Juan de la Miseria, óleo sobre lienzo, 1576. Convento de las Teresas, Sevilla, España. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Al atardecer llegaríamos a Santa María de Fe. Contemplaríamos el cielo estrellado, donde la oración nace sola. Recostadas en el pasto, le enseñaría tres palabras en guaraní: Tupã, Dios; angirũ, amigo; y mborayhu, amor.
La imagino repitiéndolas despacio, con su acento castellano y una sonrisa, descubriendo que en guaraní también cabe lo que ella tanto vivió: un Dios amigo y un amor que se hace camino.
Recordaría su definición de oración como "tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama". Bajo las estrellas le recitaría el Ore ru (padrenuestro en guaraní), y la escucharía repetirlo bajito, descubriendo que Dios también habla guaraní.
La última palabra sería: ¡Aguyje, Teresa! (¡Gracias, Teresa!). Por tu libertad, humor, audacia y amistad con Dios. Porque me enseñás que se puede ser profundamente de Dios y profundamente humana, y que un día sencillo, con mate, chipa y estrellas, puede convertirse en un encuentro con Él.
"En tierra guaraní compartir mate es compartir la vida". Hna. Alicia Rotela imagina un día con Teresa de Ávila entre mate, chipa y tereré por las antiguas misiones de #Paraguay. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #SolemnidadDeTodosLosSantos
Teresa Ortiz es eremita diocesana de la Diócesis de Valencia, España. Doctora en Teología por la Facultad de Teología de Valencia y licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad Católica de Valencia, se desempeña como profesora asociada en la Facultad de Teología e imparte clases en el Instituto de Ciencias Religiosas y en el Máster de Espiritualidad. Disfruta realizando pequeños mosaicos de tema paleocristiano.
La propuesta de convivir un día con un santo se ha transformado este verano, por diversas circunstancias, en varios meses teniendo de compañero de camino a san José.
José, el esposo de María que hizo las veces de padre de Jesús. La Biblia y la tradición nos lo muestran como un hombre justo, un téktôn, un artesano, un trabajador que, junto a María, acoge la vida del Niño Jesús, la cuida y la protege, en Egipto, como emigrantes, y después en Nazaret.
Tengo un alumno que está haciendo una tesina sobre Séforis. Su hipótesis es que José, desde Nazaret, iba a trabajar a pueblos cercanos, incluso a Séforis, quizás acompañado por Jesús cuando era joven. Imagino sus duras jornadas de trabajo, deteniéndose junto a un pozo para reponer fuerzas y compartir pan y vida con otros compañeros.
Jesús conocería así el mundo de los hombres sencillos que se ganan el pan con el sudor de su frente. Aprendería del buen José a trabajar con tranquilidad, pues tan malas son las épocas de paro como la extenuación de un horario sin límites.
Jesús se empaparía de la humanidad del justo José. Conocería a buenos patrones y no tan buenos, y comprendería la importancia de la misericordia de su Padre Dios, que hace salir el sol sobre buenos y malos.
Todo ello lo he ido reflexionando este verano, cuando cambio el trabajo de la universidad por otro más sencillo, pero no menos digno. He compartido junto con José la vida de los trabajadores que cada madrugada salen de sus casas para coger el transporte público.
La infancia de Cristo, de Gerard van Honthorst, óleo sobre lienzo, hacia 1620. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Somos un ejército silencioso y adormecido, vestido de uniformes de todo tipo: empleados de supermercados, cocineros, albañiles, limpiadores, auxiliares… personas de todas las nacionalidades que buscan ganarse honradamente el pan de cada día. Algunos preferirían reducir horas y ganar menos para estar con sus hijos; otros no pueden rechazar horas extras por los alquileres abusivos.
Jesús aprendió con José la vida desde la vida, y con él todo se hizo lugar del Espíritu, como decía la canción: "Creo en Dios, arquitecto, ingeniero, artesano, carpintero…"; quizás hoy sin el matiz revolucionario de los 70, pero recordando que el trabajo digno es también lugar y templo de Dios.
Finalmente, me ha ayudado un cuadro que vi en una iglesia: José anciano y enfermo, recostado sobre un joven Jesús, con María a su lado. La mirada dulce de Jesús, dirigida hacia quien contempla el cuadro, nos invita a sostener a aquellos que con su vigor nos lo han dado todo y que en su ancianidad nos necesitan.
"El trabajo digno es también lugar y templo de Dios". Hna. Teresa Ortiz evoca a san José, artesano, y a quienes hoy salen cada madrugada a ganarse el pan. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #serieLaVida #SolemnidadDeTodosLosSantos
Norma Inés Barrozo, Religiosa de la Compañía Santa Teresa de Jesús, fue misionera por 14 años en Paraguay y es profesora de enseñanza primaria por el Instituto Santa Teresa de Buenos Aires. Posee estudios en Cultura Religiosa, Metodología Catequística, Informática y Reflexoterapia. Ha trabajado en Argentina, Paraguay, Roma, Chile y Uruguay, donde fue maestra hasta su jubilación. Actualmente vive en Uruguay, acompaña a adultos mayores, coordina grupos bíblicos, ofrece apoyo escolar, acompañamiento espiritual y colabora en reflexiones radiales parroquiales.
¡Pasar un día con santa Teresa de Jesús (de Ávila) sería una aventura divertidísima y llena de cafeína! Lejos de la imagen rígida de una estatua, ella era una mujer sumamente ingeniosa, con un sentido del humor afilado y una energía inagotable.
Esto es lo que haríamos en nuestro día juntas:
Por la mañana, un viaje por carretera: nos subiríamos a un coche moderno (o mejor aún, a una moto) para viajar por carretera. Ella se pasó la vida fundando conventos y viajando en carromatos incómodos por caminos horribles. Le encantaría la velocidad, el aire acondicionado y, sobre todo, la música. ¡Seguro compondríamos canciones y poemas con rimas improvisadas para pasar el rato!
Al mediodía, cocina y competencia de patatas: iríamos a un mercado a comprar ingredientes y nos meteríamos a la cocina. Teresa decía que "entre los pucheros anda el Señor". Prepararíamos un almuerzo gigante y haríamos un concurso de chistes. Ella era famosa por sus respuestas rápidas y sarcásticas cuando la gente se ponía demasiado seria o mística.
Por la tarde, el momento de las quejas con café: nos sentaríamos en una cafetería moderna a tomar un café bien cargado. Teresa tenía una relación tan cercana con Dios que a veces le reclamaba. Es famosa su frase: "Si así tratas a tus amigos, ¡con razón tienes tan pocos!". Le pediría que me enseñara a quejarme con Dios con esa misma confianza y honestidad.
Por la noche, batalla de cartas y poesía: nos reuniríamos con amigos a jugar juegos de mesa, como el Uno o el ludo, donde su mente estratégica de fundadora brillaría. Terminaríamos la noche escribiendo poesía satírica o emotiva en servilletas de papel.
Pero no sería suficiente un día. ¿Una semana quizás? Ya llevo con ella 45 años y, aun así, volvería a pedirle que me enseñe a orar.
Santa Teresa de Ávila, de Pedro Pablo Rubens, 1615. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Teresa de Ávila es considerada una de las grandes maestras de oración de la historia. Su método es muy humano, práctico y directo. No nos enseñaría a repetir rezos de memoria de forma mecánica, sino a platicar con Dios como con un amigo.
En un rincón tranquilo, me recordaría su famosa definición: "Orar no es otra cosa que tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama".
Me invitaría a imaginar a Jesús a mi lado y hablarle con naturalidad de mis alegrías, frustraciones y experiencias cotidianas. Si mi mente se distrajera, me comprendería. A ella le pasó lo mismo y descubrió que leer un buen libro la ayudaba a concentrarse.
Sobre todo, me recordaría: "No está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho".
La oración, me explicaría, no requiere el silencio absoluto de un convento. Podemos encontrarnos con Dios en el autobús, en la cocina o antes de dormir.
Y san Enrique de Ossó diría: "¡Todo por Jesús" o "¡Viva Jesús y su Teresa!".
"Ya llevo con ella 45 años y, aun así, volvería a pedirle que me enseñe a orar". Hna. Norma Barrozo imagina un día con Teresa de Ávila entre viajes, cocina y café. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #serieLaVida #SolemnidadDeTodosLosSantos
María Guadalupe Alfaro, religiosa de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad, actualmente es vicaria y secretaria general de su congregación. Lidera procesos de formación permanente, impulsa la espiritualidad y coordina el equipo de comunicación. Tiene estudios en Ciencias de la Educación, Gestión Escolar, Teología Pastoral y Archivística. Su labor misionera se ha desarrollado en México, Bolivia y Perú, especialmente en pastoral educativa y acompañamiento a mujeres campesinas en Bolivia y grupos de infancia misionera. Reside en la Ciudad de México.
Si tuviera la oportunidad de pasar un día entero con una figura de la santidad contemporánea, no dudaría ni un segundo: elegiría a santa Teresa de Calcuta. Pero no imagino esa jornada en un restaurante ni siquiera en mi convento, sino en la cotidianeidad más sencilla y sorpresiva, compartiendo un café de esos que venden en las esquinas y recorriendo juntas las calles del centro histórico de la Ciudad de México… allá por Correo Mayor, el Mercado de Lagunilla y luego a Tepito.
¿Qué haríamos de divertido o inesperado? Me la imagino mirando curiosa los puestos que están en las calles, preguntando a los vendedores a qué hora salen de su casa para venirse a trabajar y cuántos hijos tienen; caminando sin prisa, escuchando las historias de la gente común en el transporte público. La llevaría a conocer las iglesias que están en esa zona. Sería un día para descubrir que la santidad no está peleada con la sonrisa abierta ni con el sentido del humor.
Esta elección no es casual; guarda el sabor de un reencuentro. Mi historia con ella no comenzó en los libros, sino en la incertidumbre de la juventud. Siendo yo novicia en mi congregación, las dudas sobre mi vocación me asaltaron con fuerza: ¿será este realmente el lugar que Dios soñó para mí? En busca de claridad, pedí a mi formadora permiso para vivir una experiencia vocacional de un mes con las Misioneras de la Caridad.
Fue precisamente durante esas semanas de entrega profunda cuando la Providencia me regaló un momento imborrable: presenciar la visita de la Madre Teresa para acompañar el paso al postulantado de un grupo de jóvenes aspirantes; en medio del ajetreo, de la sencillez del convento y de la mirada atenta de aquella mujer tan pequeña de estatura, pero gigante de fe. Las hermanas me presentaron con ella y le dijeron que yo era novicia de otra congregación; Teresa puso sus manos sobre mi cabeza y me dijo una frase que se grabó a fuego en mi corazón para siempre: "Lo más importante es ser de Jesús".
La madre Teresa de Calcuta (1910-1997) en Bonn (Alemania), 1986. (Foto: © Túrelio, CC BY-SA 2.0 DE, vía Wikimedia Commons/ imagen recortada)
Si hoy pudiera pasar un día con santa Teresa, me gustaría sentarme a su lado y conversar con ella sobre aquella etapa de mi vida. Le contaría mis dudas de novicia y le preguntaría cómo distinguir la voz de Dios entre tantas preguntas interiores. Aunque, conociéndola por lo que su vida nos ha mostrado, sospecho que nuestra conversación no duraría demasiado. En algún momento me invitaría a seguir caminando para ir a servir a alguien. Quizá terminaríamos compartiendo el alimento con una persona necesitada, metiéndonos en algún hospital para acompañar a alguien que se siente solo. Y si yo intentara organizar demasiado nuestro encuentro, tal vez terminaría descubriendo que el amor tiene sus propios horarios y que Dios también habla en medio de los imprevistos.
Al caer la tarde, volvería a preguntarle por aquella frase que me acompañó durante mi experiencia con las Misioneras de la Caridad. Hoy le diría que sigo descubriendo lo que significa ser de Jesús en las circunstancias concretas de mi vida, en las responsabilidades, en la convivencia comunitaria, en el servicio y también en las incertidumbres que, de vez en cuando, vuelven a tocar la puerta del corazón.
"La santidad no está peleada con la sonrisa abierta". Hna. María Guadalupe Alfaro imagina un día con Teresa de Calcuta por el centro de Ciudad de México. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #serieLaVida #SolemnidadDeTodosLosSantos
