La presidenta electa de la LCWR, la Hna. Betsy Pawlicki, dominica de Sinsinawa, aparece en la imagen el 14 de agosto de 2026, durante la asamblea anual de la organización en Orlando, Estados Unidos. (Foto: GSR/Dan Stockman)
Cuando la hermana Betsy Pawlicki crecía durante las décadas de 1950 y 1960 en Buffalo, Nueva York [Estados Unidos], ser polaca y ser católica iban de la mano.
Y aunque ser católica era más una cuestión cultural que espiritual, creció en una de las parroquias situadas al norte de Buffalo que habían estado bajo el cuidado pastoral del padre John Neumann en el siglo XIX. En 1977, este sacerdote fue canonizado como san John Neumann. "Incluso entonces, antes de que fuera beatificado, aquello era algo muy importante", dijo Pawlicki.
Aun así, pasaría mucho tiempo antes de que la fe se convirtiera en el aspecto más importante de su vida. Entre tanto, recibió una formación catequética deficiente y pasó brevemente por otras confesiones religiosas.
"Aprendí algo de cada una de ellas, pero finalmente encontré el camino de regreso a la Iglesia católica", contó a Global Sisters Report.
También obtuvo una licenciatura en Ciencias Forestales y un máster en Relaciones Laborales e Industriales en la Universidad de Virginia Occidental. Después trabajó en la administración de asuntos estudiantiles en su universidad de origen, en la Universidad Estatal de Carolina del Norte y en la Universidad de Notre Dame.
Hna. Betsy Pawlicki, presidenta electa de la LCWR, habla de decisiones que "desgarran el corazón", como derribar edificios de su casa madre, pero ve un futuro prometedor para la vida religiosa. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #Entrevista
Luego, después de seis años en Notre Dame, ingresó en la vida religiosa con las dominicas de Sinsinawa. Esto la llevó a desempeñar diversos ministerios en un centro de formación para adultos y en un centro comunitario de servicios sociales en el Noveno Distrito de Nueva Orleans. Posteriormente estudió Derecho y trabajó durante cinco años como abogada laboralista en Chicago y, después, durante nueve años como abogada de la Asociación de Educación de Illinois, el sindicato de docentes de ámbito estatal, hasta 2016. Ese año fue elegida para formar parte del equipo de gobierno de su congregación.
Desde entonces, ha tenido que ayudar a dirigir el proceso de decisión de demoler varios edificios, entre ellos el singular edificio de planta circular que alberga la capilla.
"Estamos vaciando todos los edificios construidos en 1964, cuando se esperaba que ingresara un gran número de hermanas, porque esa era la tendencia de la época. En octubre comenzarán a derribarse esos edificios", explicó.
Actualmente, Pawlicki, de 70 años, es la presidenta electa de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR, por sus siglas en inglés), una organización que representa aproximadamente a dos tercios de las casi 35 000 religiosas católicas de Estados Unidos.
Pawlicki asumió el cargo el 14 de agosto, durante la asamblea anual de la LCWR. En ese encuentro, la entonces presidenta electa, la Hna. Debra Sciano, de las Hermanas Escolásticas de Nuestra Señora, pasó a ser presidenta; la Hna. Vicky Larson, de las Hermanas de la Presentación de Dakota del Sur, pasó de presidenta a expresidenta; y la expresidenta, la hermana Kathy Brazda, de las Hermanas de San José, concluyó su mandato de tres años.
Global Sisters Report: Tenía una prometedora carrera en la educación superior. ¿Qué la llevó a la vida religiosa? ¿Y por qué no eligió a las Hermanas de la Santa Cruz, cuya casa madre está justo enfrente de su lugar de trabajo en la Universidad de Notre Dame?
Pawlicki: Fue allí donde, en cierto modo, volví a descubrir la madurez de la fe católica después del Concilio Vaticano II. No estaba buscando ingresar en la vida religiosa; simplemente era un buen trabajo.
Nadie intentaba captarme, pero entablé amistad con muchos religiosos y religiosas que ejercían su ministerio allí, y empecé a darme cuenta de que mi vida y mis valores no eran tan diferentes de los suyos.
Tradicionalmente, quienes dirigían las residencias universitarias solían ser hombres o mujeres pertenecientes a la vida religiosa. Procedían de congregaciones con carismas muy diferentes, por lo que tuve la oportunidad de conocer una gran variedad de carismas y congregaciones.
Sentía una especial afinidad con las dominicas de Sinsinawa, por la manera en que hablaban de su vida, su predicación, su ministerio y su oración. Visité varias congregaciones, pero finalmente ingresé en las dominicas de Sinsinawa en 1993.
En aquel momento tenía abonos para los partidos de fútbol americano y una oficina en el edificio principal de la universidad, la emblemática Cúpula Dorada (Golden Dome). Mi familia pensaba que estaba loca.
¿Buscaba usted formar parte del equipo de gobierno? ¿Y cómo se siente ahora respecto al liderazgo?
No, no era así. Estaba contenta con el ministerio que desempeñaba en la Asociación de Educación de Illinois y no buscaba ningún cambio. Sin embargo, durante el período de presentación de candidaturas, mientras nos preparábamos para un capítulo general, respondí a una llamada de las hermanas y, después de un largo proceso de discernimiento, dije que sí.
Ya me habían propuesto como candidata para un capítulo anterior, aunque entonces no fui elegida, así que sabía lo que se sentía. Pero también tenía un buen trabajo al que regresar, de modo que no estaba preocupada.
Disfruto con esta tarea. La mayoría de los días es una experiencia gratificante, aunque no todos. Cada día aprendes algo nuevo, ocupas una posición privilegiada dentro de la congregación y de la Iglesia, y llegas a conocer profundamente a todas las hermanas, tanto sus fortalezas como sus vulnerabilidades.
No existe una fórmula única para todas. La cuestión es cómo atender las necesidades de cada persona, el bien común y los votos que hemos hecho unas a otras y a la Iglesia.
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Hay una dimensión administrativa del liderazgo para la que, evidentemente, su trayectoria profesional la ha preparado. Pero también existe una dimensión pastoral. ¿Cómo se ha adaptado a ese papel?
Tengo un máster en Estudios Pastorales del Instituto de Teología Aquinas, así que he tenido ocasión de aprender sobre el tema. Pero tampoco era algo completamente nuevo para mí, porque el trabajo de un abogado tiene una dimensión pastoral, aunque no la llamemos así.
Hay que escuchar, y escuchar más allá de lo que las personas dicen, para llegar a comprender lo que realmente quieren expresar. No es una desconexión tan grande como podría parecer.
También podría suponerse que un título en Ciencias Forestales no sería de mucha ayuda para ejercer el liderazgo.
Creo que la gestión forestal es una aplicación específica de la gestión y la biología: es Laudato Si’. Una de las cosas que estamos haciendo ahora como congregación es planificar el futuro de nuestras tierras, adaptando prácticas de agricultura regenerativa y de gestión forestal sostenible.
Hice unas prácticas en la explotación forestal Mt. St. Helens Tree Farm durante el verano anterior a que la erupción del monte Santa Helena la destruyera por completo. Estábamos investigando cómo conseguir que los árboles crecieran más rápidamente mediante distintas prácticas, sin causar otros daños. Se trata de las mismas habilidades, aplicadas a un ámbito diferente.
Se avecinan cambios físicos importantes en el recinto de Sinsinawa, en Wisconsin. ¿Le ha ayudado ese proceso a prepararse para este nuevo papel de liderazgo en LCWR?
Por supuesto, porque todas las congregaciones están investigando, estudiando la situación y tomando decisiones que desgarran el corazón. LCWR ya está examinando estas cuestiones: si nuestras congregaciones están cambiando, ¿qué estructuras y servicios diferentes necesitaremos para seguir desarrollando nuestra misión? Las parroquias también están afrontando estos cambios.
Pero gestionar esa transición ha sido, hasta ahora, el aspecto más importante y más difícil de mi ministerio.
Desde 2016 hemos estado intentando decidir qué hacer con el edificio de la rotonda. Creo que tiene la capilla más hermosa de todas las casas madre de las congregaciones religiosas. Sé que todo el mundo piensa lo mismo de la suya, pero esta es única, sus obras de arte son extraordinarias y es enorme. Lo hemos intentado una y otra vez, buscando a alguien que pudiera darle uso, pero no lo hemos conseguido.
Sin embargo, el futuro de la vida religiosa es prometedor. Esa es también otra parte del liderazgo: ayudarnos a discernir los próximos pasos y encontrar las preguntas adecuadas que debemos plantearnos.
¿Cuál es la forma de ministerio apostólico de las mujeres que el mundo necesita hoy? Ha pasado la época de construir edificios e instituciones, pero aquello solo ocurrió porque respondía a una necesidad. ¿Cuál es la necesidad ahora?
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 6 de octubre de 2020.