Un pesebre vacío en un nacimiento el 19 de diciembre de 2017 en la sede de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en Washington. (Foto: CNS/Bob Roller)
El Adviento es un tiempo para tomar conciencia y prepararnos para la venida de Dios entre nosotros. ¿Cómo podemos hacerlo? Solo o con un compañero reflexiona sobre las siguientes cuestiones:
- ¿Qué debe cambiar en mi vida para que pueda encontrarme más libremente con Jesús?
- ¿Qué hábitos, preocupaciones o pecados me distraen o mantienen cautiva mi mente?
La autora se da cuenta de los problemas que la rodean y de cómo es cómplice de ellos. También toma conciencia de la gente que la rodea y de cómo pueden unirse y ser responsables los unos de los otros.
Ven, Emmanuel, libéranos a nosotros, prisioneros
por Julia Walsh
traducido por Purificación Rodríguez Campaña
Sentado a mi lado, en otra silla de plástico rígida, hay un hombre de buen corazón que lleva una bata de colores brillantes que lo señalan como culpable de un delito. Estamos en una sala iluminada con fluorescentes dentro de la cárcel del condado: paredes blancas y ventanas de cristal, una cámara en lo alto.
Somos unos doce en este círculo rezando con las Escrituras de Adviento. Leemos en voz alta mensajes de espera, anticipación y expectación. Luego debatimos, reflexionamos: ¿Qué significa ser personas de esperanza? ¿Cómo influye la esperanza en su vida dentro de estos muros, incluso estando separados de sus hijos? Ven, ven, Emmanuel.
A primera vista, la mayoría de los observadores podrían suponer que soy la única persona libre de la sala. Que, como visitante y ministra, puedo disfrutar de la libertad y vivir como quiera, de manera acorde con el Evangelio. Pero en los días siguientes, el Espíritu me recuerda que no soy libre.
Después de visitar la cárcel, hago un recado y recojo un donativo de café para el centro de espiritualidad en el que trabajo. Deseosa de expresar mi gratitud al negocio y ser una buena vecina, hago una compra. La galleta viene en una lámina de plástico desechable. La taza de café también es desechable, servida en un vaso de espuma de poliestireno con tapa de plástico.
Mientras engullo la galleta y bebo el café con alegría, apenas pienso en el impacto de mi consumo. El café viajó miles de kilómetros para que yo pudiera tomar una dosis de cafeína a última hora de la tarde. ¿Cuánta energía ha hecho falta para cultivar el café, para prepararlo? ¿Para fabricar la envoltura de plástico? ¿El vaso? ¿Todo para que yo pudiera disfrutar de un descanso de 10 minutos en mi día y luego deshacerme de residuos que nunca se descompondrán, que permanecerán en la Tierra para siempre? Ven, ven, Emmanuel.
En la cárcel un hombre nos leyó la Palabra de Dios en voz alta. Mientras escuchábamos, sosteníamos en nuestras manos las arrugadas páginas blancas. Pensé que no conocía demasiado bien a las personas que estaban conmigo en la sala y que ellas tampoco me conocían a mí. Sin embargo, nos une nuestra humanidad común, nuestra lucha común por ser mejores personas.
Tengan paciencia, hermanos, hasta que llegue el Señor. Miren cómo el sembrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardando pacientemente hasta que caigan las lluvias del otoño y de la primavera. Tengan paciencia y anímense, porque la Venida del Señor está próxima. Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.
Les dije que yo también soy pecadora. Admití que me frustro con la gente cuando no hacen las cosas como yo creo que deberían hacerse. Les pedí que rezaran por mí para que pudiera prestar más atención a las palabras de las Escrituras y no juzgar a mis vecinos, no quejarme. Sé que estoy llamada a abrazar la diversidad, a ser paciente, a amar. Pero fracaso todos los días. Después me pongo a juzgar (y casi enfurecida) cuando otro miembro de mi parroquia quiere convencerme de que el papa Francisco está equivocado, que el capitalismo es bueno y que el cambio climático es una farsa. Ven, ven, Emmanuel.
Cría de albatros, 2009, Refugio Nacional de Vida Silvestre del Atolón de Midway. (Foto: U. S. Fish and Wildlife/Chris Jordan)
Días después, estoy viendo 60 Minutes con mis compañeras de casa. Es un ritual que se repite de vez en cuando los domingos por la noche: consumimos nuestra comida casera de origen local junto con una toma de conciencia global. Esta vez, el plato principal parece ser el horror de los plásticos en el océano. Me pongo enferma al enterarme de cómo playas remotas están llenas de basura que ha flotado allí desde todo el planeta, desde lugares a miles de kilómetros de distancia. Veo imágenes de la basura mundial agitándose en el agua como una extraña sopa química. Veo imágenes de aves muertas, su carne y esqueletos, descomponiéndose (en los huecos que habrían sido sus vientres hay pilas de plástico de colores brillantes).
Más tarde, por la noche, me viene a la mente una idea: ya no sé cómo vivir un día sin usar plástico. Tengo un cepillo de dientes de plástico, un rosario de plástico, un interruptor de plástico. Todos mis cosméticos vienen en envases de plástico. Me cepillo el pelo con plástico. Llevo gafas de plástico. Incluso uso un mechero de plástico para encender la vela de mi rincón de oración. El plástico siempre ha formado parte de mi vida. No sé cómo resistirme a este sistema, cómo despojarme de la cooperación con el mal del despilfarro y la destrucción. Ven, ven, Emmanuel.
A veces, ser conscientes de los problemas sistémicos puede resultar abrumador. Podemos sentirnos paralizados por el miedo, incapaces de responder con compasión. Podemos sentirnos impotentes, atrapados. Podemos decidir ignorar los problemas o convencernos de que no tenemos ninguna responsabilidad. Es fácil dudar y volverse cínico: ¿cómo podría cada uno de nosotros provocar un cambio positivo cuando los problemas son tan inmensos? Cuando los problemas de este planeta son complejos y enormes, es fácil insensibilizarse, quedarse quieto. Es normal ignorarlo y seguir adelante en nuestras zonas de confort sin que nuestros estilos de vida y nuestros corazones y mentes se vean perturbados.
A pesar de nuestra oposición, participamos en la opresión dañando a otras personas y al planeta. Los sistemas de nuestra sociedad global nos tienen a todos prisioneros. Ninguno de nosotros es completamente libre. Pero estamos hechos para ser los guardianes de los demás, Dios nos hizo los unos para los otros. Todos estamos llamados a la comunión con la bondad de la creación, incluso las aves marinas que mueren en las playas con sus vientres llenos de plástico. Ven, ven, Emmanuel.
En la cárcel, el hombre sentado a mi lado en otra silla de plástico rígida habla de lo que supone estar encerrado y de cómo mantiene la esperanza. Su rostro es amable, alentador. Estoy aprendiendo a ser paciente y humilde. Cada vez comprendo mejor el significado de estas palabras.
Ven, ven, Emmanuel.
A medida que avanzaba la historia, la autora fue siendo más consciente de varias cosas, entre ellas:
- Cómo su uso de plásticos la hace cómplice de la degradación medioambiental.
- Cómo todo el mundo, en cierta medida, es cómplice de situaciones que perjudican al planeta o a sus habitantes.
- Que somos responsables los unos de los otros y que Dios está con nosotros en nuestras luchas.
Solo o con un compañero reflexiona sobre las siguientes cuestiones:
- ¿Te sientes a veces abrumado, como la autora, por la magnitud de los problemas de nuestro mundo? Explícalo.
- ¿Cómo podrías encontrar esperanza para no estancarte a la hora de responder a estos desafíos?
El profeta Isaías da esperanza al pueblo de Dios en tiempos turbulentos en este pasaje que escuchamos a menudo en la época de Adviento:
"Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: 'Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del abismo, o arriba, en las alturas'. Pero Ajaz respondió: 'No lo pediré ni tentaré al Señor'.
Isaías dijo: 'Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel'".
Solo o con un compañero reflexiona:
- Ajaz ni siquiera le pidió a Dios una señal. ¿Nos da Dios señales que no le pedimos? Pon algunos ejemplos. ¿Qué señales puede ofrecerte Dios en este Adviento?
- ¿Qué señales da Dios a la gente para indicar que la tierra está en crisis? ¿De qué manera tu fe te capacita para unirte a otros, como la activista medioambiental Greta Thunberg, para cuidar de nuestra casa común?
- ¿Qué significa la presencia de Dios, a través del Hijo, cuando nos enfrentamos a problemas abrumadores como la degradación del medio ambiente?
Hace casi dos décadas, el papa Juan Pablo II nos alertó de que la paz mundial no solo se encuentra amenazada por la carrera armamentística, los conflictos regionales y las continuas injusticias, sino también por la falta de respeto hacia la naturaleza. Él escribió:
"Hoy la cuestión ecológica ha tomado tales dimensiones que implica la responsabilidad de todos. Los verdaderos aspectos de la misma, que he ilustrado, indican la necesidad de esfuerzos concordados, a fin de establecer los respectivos deberes y los compromisos de cada uno: de los pueblos, de los Estados y de la comunidad internacional. Esto no solo coincide con los esfuerzos por construir la verdadera paz, sino que objetivamente los confirma y los afianza. Incluyendo la cuestión ecológica en el más amplio contexto de la causa de la paz en la sociedad humana, uno se da cuenta mejor de cuán importante es prestar atención a lo que nos revelan la tierra y la atmósfera: en el universo existe un orden que debe respetarse; la persona humana, dotada de la posibilidad de libre elección, tiene una grave responsabilidad en la conservación de este orden, incluso con miras al bienestar de las futuras generaciones.
La crisis ecológica —repito una vez más— es un problema moral. Incluso los hombres y las mujeres que no tienen particulares convicciones religiosas, por el sentido de sus propias responsabilidades ante el bien común, reconocen su deber de contribuir al saneamiento del ambiente. […] Los cristianos [necesitan] descubrir que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador forman parte de su fe".
Paz con Dios Creador, Paz con toda la Creación, papa Juan Pablo II, 1990
Preguntas para reflexionar:
- ¿Cómo puede la crisis ecológica alimentar la violencia y amenazar la paz mundial?
- ¿Cómo pueden las empresas y los Gobiernos invertir hábitos ecológicos poco saludables para proteger la Tierra para las generaciones futuras?
- ¿Cómo puede la gente cambiar su estilo de vida para cuidar nuestra casa común?
El Adviento es una época para ir más despacio y pasar tiempo con Jesús, y una forma estupenda de hacerlo es la práctica de la adoración perpetua, o la oración durante todo el día. Es una forma de ser conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas rezando ante el Santísimo Sacramento.
La congregación de la Hna. Julia Walsh, las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua, rezan ininterrumpidamente, día y noche, en LaCrosse Wisconsin desde 1878. Puedes enviar una petición de oración a las hermanas a través de este enlace. Aprende más sobre esta práctica aquí, o mejor aún, dedica una hora de silencio a rezar antes de la eucaristía en tu iglesia este Adviento.
Durante una semana de Adviento, invita a tu familia a participar en un 'inventario de residuos plásticos'. Busca formas de reducir los residuos y crea un programa de reciclaje en tu casa.
Este inventario puede ayudarte a determinar la cantidad y los tipos de plástico que utiliza tu hogar. Lo que descubras puede sorprenderte. Durante siete días, anota lo siguiente:
- ¿Cuántas personas componen tu núcleo familiar (hogar)?
- ¿Cuántas bolsas de plástico de la compra utilizará tu familia en una semana?
- ¿Cuántas botellas de plástico (agua, refrescos, etc.) consumirá tu familia en una semana? ¿Cuántas pajitas de plástico usará tu familia en una semana?
Al final de la semana, analiza tus datos. Observa las tendencias en los hábitos de consumo de tu familia. Por ejemplo, tus datos podrían mostrar que tu familia bebió 20 botellas a lo largo de un día. Si es así, puedes pensar en formas de reducir el consumo de bebidas embotelladas.
Ahora que se acercan las Navidades, plantéate hacer regalos a tu familia que sean buenos para el medio ambiente. Por ejemplo:
- Bolsas reutilizables suficientes para una semana de compras
- Bolsas reutilizables para frutas y verduras
- Cepillos de dientes libres de plástico
- Pajitas de metal
- Botellas de agua de acero inoxidable
Ven, ven, Emmanuel. Guíanos mientras buscamos descubrirte en los numerosos signos de esta época.
Ven, ven, Emmanuel. Guíanos para que acojamos la diversidad y recibamos a los necesitados.
Ven, ven, Emmanuel. Guíanos para que mantengamos la esperanza en medio del caos de nuestro mundo herido y roto.
Ven, ven, Emmanuel. Guíanos para que reconozcamos tu presencia en quienes cuidan de nuestra casa común.
Ven, ven, Emmanuel. Guíanos cuando nos enfrentemos a las presiones, ansiedades y problemas de la vida.
Ven, ven, Emmanuel. Guíanos en nuestros esfuerzos por estar del lado de la justicia y la verdad.
Amén.
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