El viaje vocacional de una hermana milenial

Las hermanas más jóvenes interpretan música para la liturgia en un encuentro de Giving Voice, una organización nacional para religiosas menores de 50 años. (Foto: cortesía de Giving Voice)

Las hermanas más jóvenes interpretan música para la liturgia en un encuentro de Giving Voice, una organización nacional para religiosas menores de 50 años. (Foto: cortesía de Giving Voice)

Antes de leer

Por tu cuenta o con un amigo, comenta:

1 .¿Cuáles son algunas de las suposiciones que la gente hace sobre tu generación?

2. ¿Son válidas? Si no es así, explica por qué no lo son.

3. ¿Qué generalizaciones haces sobre las personas de la generación de tus padres o de tus profesores? ¿Son justas? Si es posible, pídeles que respondan.

Ten en cuenta al leer

Sé consciente de los esfuerzos que hace la Hna. Tracy Kemme al explorar su vocación. ¿Qué opciones toma y qué riesgos asume para descubrir a qué la llama Dios?

He aquí la respuesta de una hermana milenial

2 de agosto de 2019

por Tracy Kemme

traducido por Magda Bennásar

Estoy navegando por mi feed de Facebook cuando mis ojos se posan en un titular fascinante: "He aquí, las hermanas mileniales". Hago clic un poco tímidamente, porque soy una de ellas. Una hermana milenial. ¿Qué tendrá que decir el autor sobre nosotras, aparentemente una raza digna de contemplar?

El artículo es fascinante. A decir verdad, algunos aspectos resuenan en mí, pero otros muchos no. Mi falta de coincidencia total tiene sentido; las hermanas mileniales nos caracterizamos por una increíble  diversidad que sería difícil recoger en un artículo. Como le gusta decir a Debbie Borneman, de la Conferencia Nacional de Vocaciones Religiosas: "Si has conocido a una hermana milenial... has conocido a 'una' hermana milenial".

discernidores: personas que están sopesando una llamada o decisión, a menudo hacia una carrera, servicio o vocación religiosa.

director(a) espiritual: persona que acompaña a otra a tomar conciencia de la presencia de Dios en su vida y a vivir fielmente la vida a la que Dios le llama.

discernimiento ignaciano: proceso de exploración de la llamada de Dios que sigue la guía de san Ignacio de Loyola, fundador de la orden jesuita de sacerdotes y hermanos.

evangelizado(a): que ha recibido el mensaje evangélico de salvación.

apostólico: salir al mundo, como hicieron los apóstoles de Jesús.

carismas: dones otorgados por el Espíritu Santo para el bien de la Iglesia.

En cualquier caso, agradezco que la autora Eve Fairbanks sintiera la suficiente curiosidad por nuestro modo de vida como para sumergirse en él y darle su lugar. Admiro la valentía de las mujeres que aparecen en el artículo, especialmente Tori y Mackenzie, que permitieron una aproximación cercana y personal en su proceso de discernimiento. Me encanta el trasfondo de reflexión sobre la fe de las nuevas generaciones. Y apoyo de todo corazón el título  del artículo: "La vida religiosa sigue siendo una opción atractiva para los jóvenes de hoy".

Curiosa por saber lo que piensan mis compañeras, me meto en el grupo de Facebook  Giving Voice, una organización de hermanas menores de 50 años, y veo que ya hay comentarios sobre el artículo. Muchas hermanas tienen sentimientos encontrados como yo; hay elementos del artículo que suenan verdaderos y elementos que parecen fuera de lugar. Sin embargo, casi todas destacan que al artículo sobre las hermanas mileniales le falta precisamente eso: hermanas mileniales. Fairbanks entrevistó a dos discernidores y a varias hermanas veteranas, pero estamos de acuerdo en que incluir las voces de las mileniales que han entrado y permanecido en la vida religiosa profundizaría el debate.

Esta columna intenta añadir esa perspectiva. En cuanto a Borneman, yo solo soy una hermana milenial y de ninguna manera pretendo ser totalmente representativa de 'nosotras'. Simplemente ofrezco mi historia con la esperanza de que contribuya en algo a la conversación.     

La primera vez que pensé en ser hermana fue a los 22 años, mientras trabajaba como voluntaria en Rostro de Cristo, cerca de Guayaquil (Ecuador). Durante dos años, viví en una comunidad de base  con otros jóvenes adultos, colaboré como voluntaria con organizaciones de ayuda ecuatorianas, maduré  en mi relación con mis vecinos ecuatorianos y aprendí a ver el mundo, y especialmente mi fe, con ojos nuevos.    

A principios del primer año, en un retiro de fin de semana en la playa, estaba contemplando  el océano, sopesando muchas preocupaciones que se arremolinaban, cuando varias palabras aparecieron en mi conciencia: "Deberías ser hermana". El pensamiento fue sorprendente, incluso inquietante. ¿De dónde venía? Nunca había conocido a una hermana de mi edad y, además, siempre me había imaginado casada y con una familia. Intenté ignorar la idea, pero persistía, surgía en la oración y me sorprendía en los encuentros cotidianos.

Con el tiempo, me di cuenta de que necesitaba ayuda para filtrar mis pensamientos aparentemente descabellados. Providencialmente, la hermana Macarena, una directora espiritual española, vino a vivir cerca de mi casa. Como era una chica de los 90, me encantó su nombre, y desarrollamos una amistad  mientras me guiaba en el discernimiento al estilo ignaciano durante las sesiones semanales en la pequeña capilla de su comunidad. Maca me ayudó a mirar mi vida a la luz de la fe y a explorar mis deseos más profundos sin miedo. Descubrí que anhelaba una vida centrada en una relación profunda con Dios y entregada  por el bien de los demás.

En Ecuador, había palpado el profundo dolor y la injusticia a la que se enfrentan tantas personas en nuestro mundo, y había sido evangelizada por los pobres. Quería pasar mi vida caminando al lado de esas personas y contribuyendo a la gran tarea de transformar el mundo: el trabajo del Evangelio, de continuar la misión de Jesús. Para mi sorpresa, me di cuenta de que mi vida como voluntaria era similar al trabajo apostólico de la vida religiosa hoy, y a pesar de las dificultades me proporcionó un gozo y un sentido más profundos de lo que jamás había experimentado.

Cuando salí de Ecuador, sabía que tenía que seguir discerniendo. Me convertí en voluntaria laica asociada con las Hermanas de la Caridad de Cincinnati en su casa de discernimiento cerca de El Paso, Texas [Estados Unidos]. Las hermanas Carol, Janet y Peggy me habían acogido cuando fui a la frontera para hacer un trabajo de  investigación para la universidad en 2007. Ahora, venía  a compartir su vida y su ministerio.

Mudarme con ellas fue como asistir a un espectáculo de vida salvaje: "Observé a las hermanas en su hábitat natural...". Descubrí que las hermanas se cepillaban los dientes, se enviaban mensajes de texto, comían palomitas y se ponían de los nervios unas con otras. Al mismo tiempo, entretejido con esta ordinariez había algo bastante notable, algo parecido a lo que había experimentado en Ecuador, pero más firme y profundo, porque esto era para toda la vida.

Empezábamos temprano cada mañana rezando juntas y luego pasábamos el día en nuestros ministerios: en educación, sanidad, ayuda en la frontera, pastoral juvenil, pastoral parroquial,  justicia social, escribir, pastoral vocacional y mucho más, a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Para estas hermanas, la vida religiosa no era un refugio del mundo, sino una total  integración en el mundo por amor.

Por las tardes, nos turnábamos para cocinar y compartíamos largas sobremesas. Los fines de semana vivíamos hermosas liturgias en la capilla de la casa y en las parroquias locales, y celebrábamos jornadas mensuales de reflexión comunitaria. Y nos divertimos juntas, jugamos a las cartas, cultivamos el huerto, paseamos, vimos Call the Midwife y bebimos vino alrededor de la hoguera.

The group from this summer's Giving Voice National Gathering in St. Louis.

The group from this summer's Giving Voice National Gathering in St. Louis (Courtesy of Giving Voice)

Por mucho que mi corazón se resistiera, me estaba enamorando de la vida religiosa. Al igual que las mujeres del artículo de Fairbanks, anhelaba algo radical, significativo y comunitario, y me estaba dando cuenta de que podía ser eso.

Sin embargo, en un giro  inesperado, también empecé a enamorarme de una persona. Steve y yo habíamos estrechado lazos durante el voluntariado en Ecuador, pero fue a través de llamadas telefónicas entre Boston y el convento de El Paso cuando nos dimos cuenta de que nuestro vínculo era más profundo que la amistad.

Cuando por fin les conté a las hermanas mi nuevo romance, se rieron. "¡Claro que te estás enamorando! Tienes 24 años". Su tierna comprensión me conmovió. No trataban de forzar nada; realmente querían que descubriera la llamada de Dios.

Después de meses de frecuente dirección espiritual que no aportaba claridad, sentí que necesitaba ir a Boston y salir con Steve. Cuando me armé de valor para contárselo a las hermanas, volvieron a reírse. "Sí, lo sabíamos, pero queríamos dejar que llegaras allí por tu cuenta". Me despidieron con amor y total libertad.

Resumiendo, mi estancia en Boston me reveló que, aunque quería a Steve con todo mi corazón, la llamada a la vida religiosa no desaparecía. No tenía sentido para mí. Steve era todo lo que hubiera soñado en un marido y más. Nuestro matrimonio podría haber sido radical, significativo, centrado en la misión y firmemente arraigado en la fe católica que compartíamos.

Pero, por mucho que lo deseara, no podía imaginarme casada en el futuro. Aunque alguna vez había soñado con ello, no podía verme como madre. De algún modo, sentía que se cerraba una puerta en ese camino, y que la vida religiosa se abría como un gran cielo azul. Steve me dijo que sería una hermana preciosa. Irónicamente, su fuerte fe me ayudó a responder a la llamada que me alejaría de él.

Volví a la frontera, afligida por una pérdida real, pero con el tiempo, mi corazón empezó a revivir y a arder de nuevo. Recordé por qué me había sentido tan poderosamente atraída por la vida religiosa. Y esta vez, la llamada se sentía firme. Había aprendido que la vida religiosa no era mágica; no me salvaría de la soledad, la ansiedad o el autoescrutinio. No era perfecta; vivir con mujeres de diferentes generaciones y orígenes era un reto e incluso doloroso a veces. No era una vía de escape;  trabajar con los que sufren puede ser agotador y desgarrador.

Pero en su imperfección y en la mía propia, tenía la sensación de que esa era la vida a la que Dios me invitaba. Implicaría algunos sacrificios, sí; ¿qué vida que merezca la pena no los implica? Pero, sobre todo, se trataba de alegría, amor y libertad. Cuando Dios llama, es a la plenitud de la vida.   

La vida está en el corazón de nuestros votos, unos votos que yo experimento de forma  mucho más sutil  que las presentadas en el artículo de Fairbanks. Para mí y para muchas de mis compañeras, la entrada en la vida religiosa no fue una renuncia o un rechazo, sino un abrazo de  Dios, del Evangelio, de  nuestras comunidades y carismas, del mundo. Lejos de dejar atrás nuestras identidades, en este camino de seguimiento de Jesús, nos convertimos más plenamente en nosotras mismas, como parte de algo mucho más grande que nosotras mismas, por el bien del mundo. Más que una colección de noes, los votos expresan nuestro corazón lleno de '¡sí!' a Cristo. Son libremente elegidos y liberadores.

El celibato es un sí a amar a Dios y al pueblo de Dios de manera singular, libre e inclusiva. Es esforzarse por establecer relaciones justas en nuestras comunidades y en nuestros círculos de conexión cada vez más amplios.  

La pobreza es un sí a un abajamiento, a la sencillez, a tener cosas en común y a reconocer todo como un don que hay que compartir. Se trata de depender plenamente de Dios y trabajar por la justicia para que nadie sea pobre.

La obediencia es un sí a escuchar profundamente a Dios y a los demás y a seguir la llamada de Dios con valentía y devoción incondicional. Se trata de una auténtica interdependencia y de ser responsables ante las personas que sufren en nuestro mundo. El '¡sí!' de nuestros votos es más amplio y profundo de lo que podría expresarse en esta columna.

Ciertamente, la gente sigue dando ese '¡sí!'. Según la Conferencia Nacional de Vocaciones Religiosas, en 2018, 440 mujeres y hombres ingresaron a la vida religiosa en los Estados Unidos, y 240 mujeres y hombres hicieron votos perpetuos. Muchos de los nuevos miembros son mileniales, pero no todos. Las mujeres de la generación X están ingresando a la vida religiosa y lo han hecho durante décadas, a menudo sin la atención y el reconocimiento que rodea a los grupos más nuevos. Pronto, los centenarios —personas nacidas entre 1997 y la actualidad— entrarán en nuestras congregaciones.

La socióloga  y hermana de la Caridad Pat Wittberg afirma que la generación de una persona influye enormemente en su forma de ver la vida, pero a  mismo tiempo —señala— las generaciones se confunden entre sí y varían internamente en función de la geografía, la raza, la cultura, la familia y las experiencias personales. Aunque la vida religiosa estadounidense ha estado protagonizada mayoritariamente por personas blancas, aun habiendo ejercido su ministerio durante años en comunidades de color, por fin está empezando a reflejar a la población desde el punto de vista racial y étnico. Este es el don y el reto que aportan las nuevas generaciones: una visión global y una llamada a enfrentarse al racismo y a abrazar la vida intercultural.

Sabremos más sobre lo que está ocurriendo en la vida religiosa gracias al próximo estudio 2020 de la Conferencia Nacional de Vocaciones Religiosas, pero podemos afirmar una cosa con certeza: no existe un estereotipo de hermana.

Los nuevos miembros se sienten atraídos por una diversidad de carismas. Los nuevos religiosos de 2018 ingresaron en 177 institutos diferentes, desde 'progresistas' a 'conservadores'. Como dice Fairbanks, los mileniales se caracterizan por aparentes contradicciones: una hermana 'tradicional' con hábito protesta públicamente por la reforma migratoria. Una hermana de una congregación 'liberal' encuentra un profundo consuelo en la adoración eucarística. Nos sentimos atraídas tanto por la espiritualidad como por el activismo, por la innovación y la tradición, por la piedad y la justicia. Anhelamos la integración intencional de toda nuestra vida.

Y, sinceramente, no queremos centrarnos en lo que nos divide. Esperamos ser testigos de la belleza de la unidad en la diversidad. Wittberg llama a esto "Baskin-Robbins 31 sabores" propio  de la vida religiosa [Baskin-Robbins es una popular franquicia de helados en Estados Unidos]. Cada uno de los distintos carismas atrae a miembros diferentes y es urgentemente relevante para la compleja misión de la Iglesia en el siglo XXI.   

Lo esencial es lo siguiente: Dios sigue llamando, y la gente sigue respondiendo. Todas nuestras historias únicas, hermanas mileniales y periodistas,  y todo el mundo, tratan del amor eterno de Dios expresado de innumerables maneras. Es un hermoso misterio.

Me encanta cómo Fairbanks termina su artículo con la imagen de Mackenzie "escalando aún más para buscar al Dios que amaba". Me recuerda a la escena del musical de Broadway (adaptado al cine) Sonrisas y lágrimas, en la que la Madre Abadesa alienta a María con una canción titulada Trepa toda montaña. Ella sabía que cada vocación encierra la promesa de la fidelidad de Dios, la marca de la santidad y el poder de construir el reino de Dios. Al final, el viaje consiste en encontrar el "sueño que necesitará todo el amor que puedas dar, cada día de tu vida, mientras vivas".

Después de leer

Solo o con un compañero, comparte:

1. ¿Qué valores adoptó la Hna. Tracy Kemme en su camino de discernimiento, y qué cosas abandonó? ¿Con qué valores o sacrificios te identificas?

2. ¿En qué se diferencian las cosas que producen alegría o tensión a los mileniales de las que tocan a las personas de otras generaciones?

3. ¿De qué manera les resulta difícil a los mileniales seguir una llamada al servicio voluntario o a la vida religiosa?

Las Escrituras en primer plano

En este pasaje, Jesús no se anda con rodeos cuando les dice a sus discípulos lo que tendrán que hacer si deciden seguirle. Seguir a Jesús requiere centrarse, compromiso y dedicación.

Cuando iban de camino, alguien le dijo: "Te seguiré adondequiera que vayas".

Jesús le respondió: "Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".

Y a otro le dijo: "Sígueme". Pero él replicó: "[Señor,] déjame ir primero a enterrar a mi padre".

Él le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú vete a anunciar el Reino de Dios".

Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero antes déjame despedirme de mi familia en casa".

Jesús les dijo: "Nadie que pone la mano en el arado y mira lo que quedó atrás es apto para el reino de Dios".

Lucas 9, 57-62

Dedica unos momentos en silencio a reflexionar sobre el pasaje. 

1. ¿Qué palabra o frase te llama la atención? Acoge  esa palabra o frase en tu mente mientras pasas unos momentos reflexionando en silencio.

2. En este pasaje del Evangelio, Jesús pide a los tres aspirantes a seguidores un compromiso y una concentración totales. Les subraya los desafíos de recorrer el camino del discipulado. ¿En qué se  parecen los retos a los que se enfrentó la hermana Tracy Kemme a los de los aspirantes a seguidores? ¿Cómo respondió ella a esos desafíos? 

3. Reflexiona sobre tu llamada a seguir a Jesús hoy. ¿Cuáles son los retos a los que te enfrentas? ¿Cómo responderás a su llamada a seguirle?

La llamada de la Iglesia

Al hablar de discernimiento, el papa Francisco comparte sus pensamientos con quienes viven una vida consagrada y con quienes consideran una vida religiosa. 

"¿Cómo podemos saber si algo viene del Espíritu Santo o si proviene del espíritu del mundo? … La única manera [de saberlo] es a través del discernimiento, que exige algo más que inteligencia o sentido común. Es un don que debemos pedir. … El discernimiento es necesario no solo en momentos extraordinarios, cuando hay que resolver problemas graves y tomar decisiones cruciales. Es una herramienta  espiritual que nos ayuda a seguir más fielmente al Señor. Lo necesitamos en todo momento para que nos ayude a reconocer los tiempos de Dios, no sea que dejemos de escuchar los impulsos de su gracia y desoigamos su invitación a crecer".

Gaudete et Exsultate, exhortación del papa Francisco, 19 de marzo de 2018

Por tu cuenta o con un compañero, considera:

1. La Hna. Tracy Kemme nos contó algunas de sus experiencias de vida que la llevaron a comprometerse con una "vida centrada en una profunda relación con Dios". ¿Cómo la guio el proceso de discernimiento para descubrir su vocación? ¿Cómo pueden tus experiencias cotidianas conducirte a una relación más profunda con Dios y a reconocer tu llamada? 

2. Todos los días tomamos decisiones. Algunas pueden ser tan simples como qué comer en el almuerzo. Otras decisiones pueden requerir una respuesta moral. Por ejemplo, ves que acosan a un compañero de clase. ¿Responderás uniéndote a ellos, alzando la voz o marchándote? Solidarizarte con la persona acosada puede hacer que te acosen o que te desprecien. Cuando te enfrentas a situaciones difíciles, ¿'disciernes' cuál es la mejor manera de responder? ¿Le pides a Dios que te guíe para tomar las decisiones correctas? ¿Pides consejo a otras personas: un amigo de confianza, un profesor o un familiar? ¿Cómo pueden la oración y la orientación orientar tu manera de responder? 

Sinergia con las hermanas

La National Religious Vocation Conference, mencionada en este artículo, patrocina la Vision Vocation Network. Echa un vistazo a su herramienta Vocation Match, que te invita a considerar lo que buscas en la vida y te pone en contacto con congregaciones religiosas que podrían encajar bien contigo.

Actúa

La música puede tranquilizarnos, calmarnos o inspirarnos. Puede abrir conversaciones. ¿Cómo puedes utilizar la música para profundizar en tu relación con Dios y reflexionar sobre tu vocación de servir a los demás? 

Crea tu propia lista de reproducción con distintos tipos de música. Identifica música de diversos géneros: pop, cristiana, country [o música folclórica de tu país], cantos románticos o espirituales afroamericanos que contengan el término 'seguir'. Tu lista de reproducción puede utilizarse como forma de oración. Comparte tu lista de reproducción con tus amigos o con tu profesor, que puede considerar compartir canciones de tu lista con otros alumnos. 

Oración

Jesús, las palabras "te seguiré adondequiera que vayas" son hermosas,

Pero  solo, soy incapaz de comprometerme con una promesa así. 

Abre mi corazón para reflexionar sobre tu llamada en mi vida, y para mi vida.

Guíame por el camino del discipulado. 

Mantenme en el buen camino y centrado en la senda que me llevará a Ti.

Acompáñame en mi intento de evitar las malas hierbas de la vida que pueden desviarme.

Ayúdame a acallar las muchas voces que me impiden reconocer tu movimiento en mi vida. 

Traza un camino que me lleve a ser la mejor versión de mí misma en el mundo de hoy.

Inspírame a "seguirte adondequiera que me guíes".

Amén.