De izquierda a derecha: Esther Ruth Modonig, Martha Akoul y Sarah Yar son estudiantes de secundaria en la escuela femenina St. Mary Assumpta, cerca de Adjumani, dirigida por las Hermanas Misioneras de María Madre de la Iglesia. Son líderes del grupo de estudiantes sursudanesas. (Foto: GSR/Melanie Lidman)
Reflexiona por tu cuenta o con un compañero sobre las siguientes preguntas. Te ayudarán a conectar con la historia que vas a leer.
- Piensa en alguna ocasión en la que hayas sido un extraño en un lugar o grupo nuevo, o simplemente en alguna ocasión en la que no hayas estado seguro de cuál era tu sitio. ¿Cómo te has sentido?
- ¿Por qué crees que la gente suele abandonar su hogar para ir a un lugar nuevo?
- En general, ¿cómo han tratado los ugandeses a los refugiados de Sudán del Sur?
- ¿Por qué han tenido esta actitud?
En busca de refugio:
Los ugandeses, que en su día fueron desplazados,
ahora acogen a los refugiados de Sudán del Sur
por Melanie Lidman
traducido por Magda Bennásar
Algunos días, Angelika Ouma ni siquiera está segura de en qué lado de la frontera se encuentra.
"Nací en Sudán, luego vine aquí [a Uganda] cuando la situación era mala, luego volví a Sudán cuando la situación era mala en Uganda, y ahora estoy de vuelta aquí", dice esta maestra de guardería de 73 años.
A lo largo de 60 años, Ouma ha cruzado la frontera repetidamente en busca de un lugar tranquilo donde enseñar a los niños. Terminó la escuela primaria en Uganda, pero regresó a Sudán para cursar estudios superiores. Escapando de la violencia en Sudán, trabajó primero como maestra de guardería en Uganda, donde conoció a su marido. Juntos huyeron al sur de Sudán [lo que hoy es Sudán del Sur] cuando el norte de Uganda era inseguro. Ouma terminó su carrera y se jubiló, esperando descansar en Sudán del Sur. Pero, de repente, tras estallar los combates en su pueblo, se encontró, ya viuda, escapando de nuevo a través de la frontera.
Ahora, junto con las Hermanas Misioneras de María Madre de la Iglesia, ayuda a coordinar las clases de guardería para más de 70 refugiados Sudán del Sur de su comunidad en la aldea de Kocoa, en el norte de Uganda. Los refugiados constituyen aproximadamente una cuarta parte de los alumnos de la Escuela Infantil y Primaria Bishop Caesar Asili Memorial.
Además, un pequeño porcentaje de refugiados de Sudán del Sur que pudieron conseguir becas en escuelas fuera de los asentamientos han sido absorbidos en clases regulares con ugandeses.
Mientras países de todo el mundo tratan de hacer frente a las oleadas de refugiados que inundan sus fronteras, Uganda ha acogido en silencio a un millón de refugiados de Sudán del Sur, casi la mitad de los más de 2.5 millones de personas que han huido de Sudán del Sur desde 2014, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). En la actualidad, el país absorbe una media de 500 refugiados de Sudán del Sur a la semana, lo que se considera un periodo de calma. En ocasiones, 1000 niños huían de Sudán del Sur cada día.
Esto ha convertido a Uganda, en el transcurso de unos pocos años, en la nación africana con mayor población de refugiados y en una de las cinco principales naciones de acogida del mundo.
El país también acoge a casi 250 000 refugiados de la República Democrática del Congo y a más de 70 000 refugiados de Burundi y Somalia, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2017.
Aunque existen retos importantes, y muchos refugiados que viven en asentamientos se quejan de problemas de seguridad y saneamiento, la actitud de Uganda hacia los refugiados se considera más acogedora que la de muchos otros países.
Uganda tiene "una de las políticas de refugiados más abiertas de África, y probablemente del mundo", declaró a la prensa Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, tras visitar el asentamiento de Imvepi, en Uganda.
Esto se debe, en parte, a que el recuerdo de ser refugiado aún está fresco para muchos habitantes del norte de Uganda, donde se encuentran la mayoría de los asentamientos.
A partir de 1989, Joseph Kony, que se autodenominaba profeta empeñado en derrocar al presidente de Uganda Yoweri Museveni, dio instrucciones a sus seguidores para que secuestraran a niños de tan solo 8 años. Su plan consistía en lavarles el cerebro y obligarles a quemar casas y violar y matar a sus vecinos. La violencia desplazó a más de 2.5 millones de personas en el norte de Uganda y dejó 100 000 muertos. Kony y su grupo de guerrillas secuestraron a más de 30 000 niños y los obligaron a cometer atrocidades durante dos décadas de guerra.
El grupo de Kony, el Ejército de Resistencia del Señor, acabó desmoronándose y la guerra terminó en la década de 2000. A pesar de los intentos internacionales de capturar a Kony, este huyó a Sudán o a la República Centroafricana con un pequeño grupo de seguidores y a la fecha sigue huyendo.
Angelika Ouma, a la izquierda, directora de la Escuela Infantil y Primaria Bishop Caesar Asili Memorial, y la Hna. Laura Kaneyo, subdirectora, sentadas en el exterior de la escuela, supervisan una ampliación que les permitirá abrir un aula adicional. (Foto: GSR/Melanie Lidman)
Aunque la mayoría de los estudiantes están de vacaciones, la cocinera responsable(derecha) de la Escuela Infantil y Primaria Bishop Caesar Asili Memorial prepara el almuerzo para algunos de los alumnos de Sudán del Sur que, de otro modo, podrían no tener suficiente para comer durante el receso escolar. (Foto: GSR/Melanie Lidman)
El norte de Uganda empezó a salir de los años de terror. Los que habían huido de sus pueblos —muchos a la parte de Sudán que se convirtió en Sudán del Sur tras su independencia en 2011— regresaron. Los líderes religiosos supervisaron ceremonias tradicionales de perdón para tratar de curar las heridas de las comunidades. Hermanas y educadores crearon oportunidades especiales de formación y educación para los niños soldados que regresaban, con el fin de ayudarles a integrarse. Con el tiempo, estos niños traumatizados se convirtieron en líderes comunitarios y defensores de la paz.
Los agricultores plantaron cultivos en tierras que antes estaban abandonadas. Gulu, la capital regional, empezó a crecer a una velocidad vertiginosa, con una red de carreteras recién pavimentadas que la unían a otras ciudades de la región.
Entonces estalló la guerra civil en Sudán del Sur en diciembre de 2013. En poco tiempo, cientos de miles de sudaneses del sur comenzaron a huir a través de la frontera hacia la relativa estabilidad de Uganda.
"Aquí en Uganda hay una cultura de acogida", explica la Hna. Helen Tabea, miembro de las Hermanas Evangelizadoras de María de Uganda, profesora de inglés y coordinadora de programas del Servicio Jesuita a Refugiados en Uganda. "Y el hecho de que los ugandeses han vivido tiempos difíciles durante mucho tiempo, hace que recordemos cómo es. Los sudaneses del sur y los ugandeses del norte son básicamente primos. Hablan la misma lengua", acota.
El padre jesuita Kevin White, director nacional del Servicio Jesuita de Refugiados, dice que Uganda tiene hoy una excelente ley de refugiados "y es porque tienen memoria viva de cuando ellos mismos lo eran".
El Gobierno de Uganda tiene cuidado de referirse a los "asentamientos" de refugiados, no a los "campos". Cada pocos meses, construye un nuevo asentamiento, que rápidamente se llena hasta los topes. Bidi Bidi, considerado ahora el mayor asentamiento de refugiados del mundo, con casi 250 000 personas, se inauguró en agosto de 2016 y se llenó en diciembre.
Los refugiados en Uganda pueden moverse libremente por el país y obtener permisos de trabajo. A la mayoría se les asigna una parcela de 30 metros por 30 metros (unos 10 000 pies cuadrados) en un asentamiento, donde se les anima a construir sus propias casas, cavar una letrina y cultivar algunos de sus propios alimentos en un esfuerzo por fomentar la autosuficiencia y promover la dignidad. Esto también disminuye un efecto secundario habitual de los campos de refugiados en lugares rurales de todo el mundo: la inflación galopante para la población local cuando las organizaciones no gubernamentales internacionales dan dinero en efectivo a los refugiados.
"La respuesta humanitaria sobre Uganda ha sido silenciosa porque Uganda está haciendo un buen trabajo. Solo llama la atención cuando sangra": padre Kevin White, Servicio Jesuita a Refugiados, Uganda
En algunas partes del norte de Uganda, los refugiados pronto superarán en número a los ciudadanos ugandeses, ya que el país iba camino de absorber 400 000 refugiados más durante 2018. En 2016, la región de Adjumani contaba con 170 000 refugiados y 210 000 ciudadanos ugandeses. La tierra se está agotando rápidamente, y los refugiados que lleguen estos días podrían recibir solo una parcela de 10 metros por 10 metros, lo que no será suficiente para cultivar sus propios alimentos.
No hay agua suficiente en la zona para mantener a una población tan numerosa, y el transporte de agua en camiones se ha vuelto demasiado caro. Los árboles están desapareciendo porque la gente los tala para hacer leña.
Por ahora, los ugandeses han acogido bien a sus vecinos de Sudán del Sur, pero a medida que aumenta la competencia por los recursos, esta buena voluntad puede desaparecer.
Tabea afirma que las parcelas que animan a los refugiados a cultivar sus propios alimentos son esenciales para mantener las buenas relaciones entre los refugiados y la población local. "[Los refugiados] deben valerse por sí mismos, y la gente lo hace", dijo. "La gente empieza a trabajar, o vende pequeños artículos. Uganda no tiene muchos recursos, pero sí un suelo muy rico. En dos semanas puedes tener verduras, y en un mes, alubias si las lluvias cooperan", agrega.
LA CRISIS MUNDIAL DE REFUGIADOS: Huéspedes Recíprocos
De 1989 a cerca del año 2000, la violencia en Uganda de parte de Joseph Kony y del grupo de guerrilla Ejército de Resistencia del Señor ha desplazado a más de 2.5 millones de personas y asesinado 100 000, obligando a muchos a huir a lo que hoy es Sudán del Sur. *** Uganda ahora alberga 1 millón de más de los 2.5 millones que han huído de Sudán del Sur: sigue vivo en su memoria lo que significa necesitar protección y acogida, un santuario. *** Fuentes: ONU/ The New York Times. (Gráfico: GSR/Toni-Ann Ortiz)
"Siempre hemos tenido guerras aquí"
Las hermanas del norte de Uganda han tenido que adaptar rápidamente sus ministerios a una población cambiante, especialmente las que trabajan en educación.
Sin embargo, a pesar de la gravedad del problema de los refugiados de Sudán del Sur, los cambios en las escuelas y los ministerios no fueron drásticos. Muchas de las hermanas ya trabajaban con refugiados ugandeses que estaban empezando a regresar, por lo que estaban familiarizadas con los traumas a los que se enfrentan los refugiados.
Si las paredes de la Escuela Infantil y Primaria Monseñor Caesar Asili pudieran hablar, contarían la historia de una región desgarrada. El edificio se construyó originalmente para las Hermanas Misioneras de María Madre de la Iglesia, pero en 1992 rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor irrumpieron en el recinto, mataron a un vigilante y secuestraron a una hermana, que fue rescatada más tarde. La congregación abandonó la zona y se trasladó al sur, a zonas más seguras de Uganda. Seminaristas sudaneses de los combonianos se instalaron allí, pero luego regresaron a Sudán del Sur.
Las hermanas comenzaron a regresar a la zona en la última década, primero restableciendo un centro de salud y un laboratorio de maternidad. La escuela abrió sus puertas a principios de 2017 como guardería y escuela primaria. Los refugiados constituyen aproximadamente una cuarta parte de los matriculados.
"Los niños refugiados tienen un carácter diferente al de los niños de aquí. Tienen un comportamiento un poco alterado porque están traumatizados", explica la hermana Laura Kaneyo, directora de la escuela.
Ella dice que los niños se pelean con frecuencia. "Nacieron en la guerra, crecieron en la guerra, no conocen la paz", dijo. "Sin un gran corazón, no se puede manejar a este grupo de gente; hay que tener paciencia y tolerancia", apunta.
Kaneyo depende de personas como Angelika Ouma, la maestra de guardería que fue un pilar de su comunidad en Nimule, Sudán del Sur. Cuando Ouma huyó a Uganda en la actual ronda de combates, muchas familias la siguieron hasta Adjumani para poder matricularse de nuevo en su escuela.
Ouma cuida a sus alumnos, una docena de chicos revoltosos de distintas edades que están en la escuela a pesar de ser época de vacaciones, porque no hay nada que hacer en el asentamiento. Se reúnen para cantar canciones tradicionales madi para un invitado y luego ayudan a la "mamá" (la cocinera responsable) de la escuela a preparar el almuerzo.
Sentada en una silla de plástico, Ouma observa cómo los trabajadores dan los últimos retoques a una ampliación de la escuela que permitirá abrir otra aula y atender a más niños, tanto ugandeses como de Sudán del Sur.
No sabe a qué lado de la frontera acabará o si vivirá para ver la paz. Como muchos refugiados de Sudán del Sur, anhela el día en que pueda volver a 'casa', aunque haya pasado más de la mitad de su vida en Uganda. Pero también sabe cómo proporcionar estabilidad a su principal preocupación, los niños a su cargo, a pesar de la incertidumbre de su futuro.
"Desde 1955, siempre hemos tenido guerras aquí", dice Ouma. "Desde que tenía 10 años hasta ahora, siempre hemos estado en guerra", apunta.
Reflexiona por tu cuenta o con un compañero sobre las siguientes preguntas.
- Los ugandeses que han acogido a refugiados sudaneses han sufrido a menudo desplazamientos y trastornos, como escasez de agua y deforestación. ¿Cómo ha afectado esto a su actitud hacia los sudaneses?
- ¿En qué se parece o en qué se diferencia esta actitud de la que tienen las personas que conoces hacia los refugiados que quieren venir a Estados Unidos [o a tu país]?
En el Antiguo Testamento, Dios reta con frecuencia a su pueblo elegido a recordar que tienen algo importante en común con los extranjeros, personas que vienen de tierras extranjeras a vivir entre ellos. Deuteronomio 10, 17-19:
Porque el Señor, tu Dios, es el Dios de los dioses, el Señor de los señores, el Dios grande, poderoso y temible, que no tiene favoritos, que no acepta sobornos, que hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al extranjero residente, dándole comida y ropa. Así que ustedes también deben amar al extranjero residente, porque eso es lo que eran en la tierra de Egipto.
- Tras ser esclavizados en Egipto y escapar de la ira del faraón, el pueblo de Dios conoció la opresión, el miedo y las penurias. ¿Qué penurias han soportado tus antepasados —en su tierra natal o en este país— para que tú puedas vivir libremente?
- ¿Por qué es tan importante la empatía —la capacidad de comprender los sentimientos de los demás— para servir a la gente en momentos de gran necesidad o angustia?
El papa Francisco compartió recientemente un mensaje especial con los jóvenes del mundo. En Christus Vivit, exhortación apostólica postsinodal a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios, el 25 de marzo de 2019, animó a la gente a mantener la mente abierta sobre las personas obligadas a emigrar debido a situaciones drásticas:
También expresaron su grave preocupación las Iglesias cuyos miembros se sienten obligados a huir de la guerra y la persecución, y otras que ven en estas migraciones forzadas una amenaza para su supervivencia. El hecho mismo de que la Iglesia pueda abarcar todas estas variadas perspectivas le permite desempeñar un papel profético en la sociedad con respecto a la cuestión de las migraciones. De modo especial, exhorto a los jóvenes a no seguir a quienes les enfrentarían a otros jóvenes, recién llegados a sus países, y les animarían a considerar a estos últimos como una amenaza, y no poseedores de la misma dignidad inalienable como cualquier otro ser humano.
- Muchos refugiados cruzan las fronteras con pocas posesiones o con las manos vacías, a menudo sin nada más que la ropa que llevan puesta. ¿Cómo amenazan a las naciones en las que entran?
- ¿Por qué crees que el papa tiene la esperanza de que los jóvenes no se dejen arrastrar por la hostilidad hacia los inmigrantes?
Considera las perspectivas especiales que las hermanas de este artículo tienen sobre las personas a las que sirven.
- ¿Qué cualidades ve la hermana Helen Tabea en el pueblo ugandés que le dan esperanza para los refugiados de Sudán del Sur? ¿Qué hay que hacer para mantener buenas relaciones?
- ¿Qué preocupa a la Hna. Laura Kaneyo de sus alumnos refugiados? ¿Qué dones utilizan ella y sus profesores para responder a sus necesidades?
Comenta cómo un profesor, una hermana, un sacerdote u otro líder que hayas observado utilizó la empatía o la comprensión para aliviar un conflicto importante.
- Explora cómo se explota y pone en peligro a los niños en situaciones de guerra y violencia en todo el mundo. Considera los factores que hacen que los niños sean más vulnerables y las formas de apoyar a las organizaciones que protegen y curan a los niños amenazados o marcados por la guerra.
- Miles de niños se encuentran entre los emigrantes que buscan protección y oportunidades en Estados Unidos. Considera esta lista [la lista está en inglés] de sugerencias de un importante grupo católico de defensa de los inmigrantes y elige una forma de defender a los niños vulnerables.
Señor, acompáñanos cuando nos sintamos perdidos o heridos.
Envíanos personas cariñosas que nos guíen y nos curen.
Y cuando encontremos la paz y la fuerza para seguir adelante, danos también la compasión para ayudar a otros que están sufriendo como nosotros lo hicimos una vez.
Amén.
Este artículo pertenece a la serie "En busca de refugio", publicada por Global Sisters Report. Puede descargar el libro electrónico completo aquí.
Dinos lo que piensas de este recurso, o danos ideas sobre otros recursos que te gustaría ver, poniéndote en contacto con nosotros a través de [email protected].
