Una tutora trabaja con un estudiante de inglés como segunda lengua en el Centro San Pablo, un espacio de acogida para inmigrantes en Salem, Ohio, Estados Unidos, gestionado por la iglesia de San Pablo. En la imagen, están escribiendo palabras en crema de afeitar. (Foto: Hna. Rene Weeks)
Reflexiona por tu cuenta o con un compañero sobre las siguientes preguntas. Te ayudarán a conectar con la historia que vas a leer.
- ¿Cuál crees que sería el mayor desafío para un refugiado de otro país que llega a tu comunidad?
- ¿Quién ayuda a los refugiados cuando llegan a Estados Unidos?
Intenta ponerte en la piel de los solicitantes de asilo descritos en este artículo.
- ¿Qué parte de su viaje te parece más difícil?
- ¿Qué aspectos de la adaptación a la vida en Estados Unidos les parecen más confusos?
- ¿Qué es lo que más temen?
En busca de refugio: las hermanas acogen y ayudan a los solicitantes de asilo a adaptarse a EE. UU.
por Maria Benevento
traducido por Magda Bennásar
Con una hoja de pegatinas de caras sonrientes y un carrito lleno de juguetes, Jocelyn, de 3 años, no tenía miedo. Mientras jugaba en el salón, cubriendo de pegatinas a todo el que encontraba a su paso, su madre, Andrea, de 18 años, hacía de vez en cuando una pausa en la cocina para admirar las manualidades de Jocelyn. Mientras tanto, Carlos, de 7 meses, demostraba sus nuevas habilidades para gatear.
Esta feliz escena no habría sido posible sin la Casa de Hospitalidad Bethany, un centro de acogida cerca de Chicago, donde viven Andrea, Jocelyn y Carlos (identificados con seudónimos para su protección). Andrea, que llegó a Estados Unidos procedente de Guatemala cuando tenía 17 años, busca asilo para ella y sus hijos.
El centro de acogida, patrocinado por 28 congregaciones de religiosas, atiende a mujeres solicitantes de asilo que llegaron a Estados Unidos como menores no acompañadas, pero corren el riesgo de pasar a detención de adultos. No suele acoger a menores, pero hizo una excepción cuando su personal y su junta directiva se dieron cuenta de que cuando Andrea cumpliera 18 años, la familia podría ser separada o, en el mejor de los casos, sometida a malas condiciones de detención familiar.
"Su necesidad era tan grande… y ¿pensar en separarla de esos dos niños pequeños? Todos tuvimos que decir: 'No podemos decir que no a esto'", dijo la Hna. Peggy Geraghty, de las Hermanas de la Caridad de la Santísima Virgen María y miembro de la junta de Bethany House. "No podíamos soportar separar a una familia, y mucho menos a todas las familias que se están separando ahora", acotó.
Andrea es una de las ocho mujeres alojadas en Bethany House. Huyendo de las peligrosas condiciones de sus países de origen, llegaron a la frontera entre Estados Unidos y México y fueron internadas inicialmente en centros de detención para menores inmigrantes, la mayoría en Chicago o Texas.
El centro de acogida abrió sus puertas en octubre de 2017 después de que la hermana Patricia Crowley, de las Hermanas Benedictinas de Chicago, se reuniera con la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas (LCWR, por sus siglas en inglés) para discutir cómo las hermanas podrían abordar los problemas de inmigración. Ya ha alojado a 17 mujeres y tres niños por períodos que van desde una semana hasta varios meses hasta que puedan mantenerse a sí mismas o mudarse con familiares.
Crowley y otros miembros de la junta sugirieron que a medida que las congregaciones religiosas se reducen y sus miembros envejecen, los proyectos de colaboración podrían ser el futuro de la vida religiosa. Gracias a la financiación de varias congregaciones, Bethany House pudo alquilar un edificio con 10 habitaciones y contratar a varias personas para gestionar el centro de acogida y poner en contacto a las jóvenes con los recursos.
Este modelo es una de las muchas formas en que las hermanas católicas de todo el país apoyan a los solicitantes de asilo. Sus esfuerzos incluyen asistencia jurídica, alojamiento y ayuda para adaptarse a la vida en Estados Unidos.
Los solicitantes de asilo se benefician de este apoyo intensivo porque se enfrentan a múltiples retos en sus esfuerzos por prosperar en Estados Unidos. Al igual que otros refugiados, llegan huyendo de la persecución y a menudo sufriendo traumas, y luego tienen que asimilarse y mantenerse en un nuevo país.
A diferencia de los refugiados, que son examinados en sus países de origen por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), los solicitantes de asilo no reciben una aprobación previa para emigrar. Deben navegar por el sistema judicial para demostrar su derecho a permanecer en el país mientras intentan integrarse y sobrevivir con poca o ninguna ayuda del Gobierno. (Más información sobre la diferencia entre un refugiado y un solicitante de asilo).
Salih, que pidió ser identificada solo por su apellido, quedó horrorizada cuando al llegar a la frontera sur de Estados Unidos como menor no acompañada fue esposada y detenida. Lloraba a diario y se sentía culpable, aunque no había pensado que fuera malo buscar protección en Estados Unidos tras huir de Sudán.
Ahora, la vida de Salih parece mejorar. Fue liberada de su detención y posteriormente recibió el apoyo de la Comunidad Interreligiosa para Inmigrantes Detenidos, una organización sin ánimo de lucro fundada por hermanas católicas, pero en la que participan diversas confesiones. Ofrece atención pastoral, defensa y otros tipos de apoyo a los afectados por la detención de inmigrantes. Salih tiene un apartamento en Chicago con las Helpers of the Holy Souls. En Bethany House ha encontrado una comunidad de apoyo entre otros inmigrantes y defensores, como Crowley y otras hermanas, que la ayudan a encontrar recursos.
Como los solicitantes de asilo pueden recibir permisos de trabajo si sus casos no se resuelven en 180 días, Salih trabaja legalmente y espera empezar pronto la universidad para ser higienista dental y trabajadora social. Pero no tiene la tranquilidad que supondría conseguir el asilo y saber que puede quedarse en Estados Unidos de forma permanente.
Esa seguridad no llegará pronto; la próxima cita de Salih con el tribunal está fijada para 2021.
Huyendo de la persecución
Salih y otros solicitantes de asilo deben demostrar no solo que correrían peligro si se vieran obligados a regresar a su país, sino también que están en peligro por razones válidas.
Los solicitantes de asilo entran primero en el país (sin permiso o con un visado temporal) o llegan a una frontera o puerto de entrada estadounidense y solicitan quedarse. Si expresan un "temor creíble" a regresar a su país, la ley estadounidense exige que sean admitidos temporalmente en el país mientras solicitan asilo.
Solo la persecución por motivos de raza, religión, opinión política, nacionalidad o pertenencia a un determinado grupo social da derecho a protección a los inmigrantes. Mientras que en el pasado la violencia doméstica y la violencia de pandillas se consideraban factores, el ex fiscal general de Estados Unidos Jeff Sessions intervino en el tribunal de inmigración para decir que esas razones normalmente no deberían calificar.
La hermana franciscana Suzanne Susany de Pittsburgh, Pensilvania, es una abogada que ofrece servicios legales gratuitos o de bajo costo a inmigrantes, incluidos los solicitantes de asilo. A menudo se encuentra con migrantes de América Central que escapan de la violencia de las pandillas, así como con otros de países como Turquía y Venezuela que huyen por razones políticas [y por razones humanitarias, además, en el caso de esta última].
Susany, miembro de las Hermanas de San Francisco de las Comunidades Neumann, habló de una clienta reciente con un hijo de Centroamérica cuya solicitud de asilo fue denegada. "Regresó a su país y planeaba trasladarse a México inmediatamente porque estaba petrificada de estar en su propio país. Realmente hay miedo y miedo a la muerte", dijo.
En la pequeña ciudad de Salem, Ohio, la Hna. Rene Weeks, de las Hermansa Dominicas de la Paz y directora del ministerio hispano de la Iglesia de San Pablo, dirige el Centro San Pablo, un espacio de acogida para inmigrantes que atiende a muchos solicitantes de asilo.
Un hombre que Weeks conoce salió de Guatemala huyendo de una banda, intentó volver a casa y luego huyó de nuevo a Estados Unidos después de que su vida y su familia se vieran amenazadas.
"Tiene una solicitud de asilo que básicamente se ha alargado y alargado y alargado", dijo Weeks. "Tiene miedo de volver. Me dijo: 'Sabes, allí tienen una memoria muy larga'. Y todavía hay gente de la que huyó", explicó.
Los residentes de Bethany House no suelen hablar en profundidad de sus motivos para huir. Cuando se les pregunta por qué vinieron a Estados Unidos, responden simplemente: "para estar a salvo", "para tener una vida mejor" y "yo escapé".
"En realidad, vine porque estaba amenazada", dice Andrea y añade: "No podía quedarme en mi país".
Salih, una solicitante de asilo de Sudán, a la derecha, habla con la Hna. Patricia Crowley, presidenta de la junta de Bethany House of Hospitality, que trabaja con la Comunidad Interreligiosa para Inmigrantes Detenidos, el 19 de junio de 2018, en el apartamento de Salih en Chicago. (Foto: NCR/María Benevento)
Una joven de Eritrea, que pidió ser identificada como Eden, explicó lo que ocurre en su país de origen: "No tienes derechos, no tienes libertad; no te permiten hablar de lo que sientes."
Darlene Gramigna, directora ejecutiva de Bethany House, dijo que todas las mujeres han sufrido traumas: en sus países de origen, en el viaje a Estados Unidos y en centros de detención de menores. Algunas reciben prestaciones a través de un programa gubernamental para víctimas de la trata de personas. Añadió que tanto si las mujeres se lo dicen como si no, los miembros del personal saben que pueden haber sido violadas durante el viaje a Estados Unidos.
Algunas residentes de Bethany House se benefician del Centro Marjorie Kovler, que ofrece asesoramiento a víctimas de torturas patrocinadas por el Estado. Otros han sufrido violencia extrema que no está patrocinada por el Estado, dijo Gramigna. "Casi todo el mundo debería recibir asesoramiento si no lo está recibiendo ya", indicó.
Los pocos antiguos o actuales residentes de Bethany House que han recibido sus veredictos obtuvieron todos asilo. Este éxito se debe en parte a que la mayoría —aunque no todos— ya tenían representación legal cuando empezaron a vivir allí.
La representación legal hace que los solicitantes de asilo tengan cinco veces más probabilidades de ganar sus casos, pero el Gobierno no proporciona abogados a los inmigrantes. Los solicitantes de asilo tienen dificultades para pagarlos.
Los servicios jurídicos pro bono y de bajo coste "son extremadamente importantes, porque las personas que solicitan asilo lo han dejado todo, así que no tienen recursos", afirma Susany.
Una niña juega con una piñata en el centro para inmigrantes en Salem, Ohio, de la iglesia de San Pablo. (Foto: Hna. Rene Weeks)
La conexión de los residentes de Bethany House con los servicios jurídicos y de defensa es parte de la razón por la que fueron remitidos a la casa y entregados a su custodia la noche antes de cumplir los 18 años, en lugar de ser "encadenados y llevados a detención de adultos" a medianoche, dijo Gramigna.
Cada vez más, los solicitantes de asilo, especialmente los que llegan por la frontera sur [entre Estados Unidos y México], son detenidos en centros donde es casi imposible acceder a servicios jurídicos. "He [representado a solicitantes de asilo detenidos], pero he intentado sacarlos", dijo Susany y agregó: "Lo primero que hacen es solicitar una fianza".
Adaptarse a la vida estadounidense
A los solicitantes de asilo que no son detenidos, las hermanas también les ayudan en la transición a la vida en Estados Unidos (EE. UU. ) y a acceder a los servicios necesarios.
Las dificultades para adaptarse a EE.UU. incluyen enfrentarse al sentimiento antiinmigrante, demostrar la cualificación laboral sin educación formal o diplomas, y encontrarse con lugares desconocidos como conductores de Uber, gente de Amish [comunidad cristiana anabaptista] y mascotas que llevan pañuelos, dijo Gramigna.
Para Nuru, una etíope residente en Bethany House que pidió no ser identificada por su nombre real, la mayor adaptación fue aprender a ser independiente después de venir de un país donde no podía salir sola.
En mi país, "no te puedes fiar de la gente, tienes que llevar a tu hermano o a tu padre", dice. "Pero aquí, puedes ir donde quieras", apunta.
Bethany House también la ha ayudado a entablar amistad con personas de diversas culturas.
"Es un poco difícil vivir con gente que no conoces, gente que no entiende el idioma que hablas", dijo Nuru. "Un poco difícil. Es un reto, pero ya me he acostumbrado", añadió.
Ver a las jóvenes encontrar una comunidad tras llegar del centro de detención desconfiadas de otros jóvenes y recelosas de las actividades de grupo es especialmente gratificante, como también lo es ver a las personas encontrar los recursos y la confianza para salir por su cuenta, dijo Gramigna.
El centro de acogida de Weeks, en Ohio, también ayuda a adaptarse a Estados Unidos. Ofrece clases de inglés y ayuda para resolver problemas como matricular a los niños en la escuela, acceder a la atención sanitaria y a los servicios jurídicos o ponerse en contacto con una iglesia local. Incluso cuando el centro no está abierto, Weeks recibe llamadas telefónicas pidiendo ayuda.
Un mapa del mundo en la Casa de Hospitalidad Betania de Bartlett, en Illinois, con pegatinas que muestran los lugares de origen de quienes viven y trabajan allí. (Foto: NCR/María Benevento)
El personal de Bethany House of Hospitality se reúne el 19 de junio de 2018, en Bethany House en Bartlett, Illinois; desde la izquierda: Jessica Alaniz, administradora de casos del personal, Darlene Gramigna, directora ejecutiva, y la hermana benedictina Patricia Crowley, fundadora. (Foto: GSR/María Benevento)
Recientemente ha estado apoyando a familias y poniendo en contacto a personas con asistencia jurídica después de que más de 140 personas fueran detenidas en una redada de inmigración en una planta local de envasado de carne. Aunque entre las 66 personas liberadas seis días después había solicitantes de asilo, Weeks señaló que algunas personas que no cumplen los requisitos para obtener asilo en Estados Unidos podrían estar huyendo del peligro.
De hecho, algunos solicitantes de asilo están optando por trasladarse a Canadá en lugar de permanecer en Estados Unidos. En Buffalo (Nueva York), la franciscana Beth Niederpruem trabaja en Vive, un refugio para inmigrantes que esperan solicitar asilo en Canadá.
El refugio de 120 habitaciones, que tenía capacidad para unas 70 personas cuando Niederpruem habló con Global Sisters Report, recibió hasta 320 migrantes durante 2017. Muchos esperan ponerse en contacto con familiares en Canadá o pasar por un proceso de asilo más rápido, mientras que otros, como una oleada de haitianos con estatus de protección temporal, temen perder la protección en EE. UU. Normalmente, los inmigrantes que llegan de EE.UU. no pueden solicitar asilo en Canadá, pero hay excepciones para los que tienen familiares allí y para las personas que llegan a pie.
Niederpruem, que forma parte de la misma comunidad que Susany, ayuda a los inmigrantes del albergue a superar el trauma que casi todos sufren. También se les pone en contacto con servicios como atención sanitaria, ropa y educación.
"Las personas que vienen están muy traumatizadas porque huyen para salvar su vida y les ha costado mucha energía salir de su país", explica y agrega: "Necesitan tiempo para reubicarse y encontrar algo que funcione, pero no es un viaje fácil".
A pesar de las dificultades de su pasado, los solicitantes de asilo siguen teniendo ambiciones.
Aunque adaptarse a la vida en Estados Unidos es "muy duro" al principio, dijo Eden, "después, cuando encuentras más gente que te ayuda y algunas personas que se preocupan por ti, te sientes libre". Quiere ser enfermera y agradece que la empujen a estudiar.
Incluso los residentes de Bethany House que no han elegido una carrera saben que quieren formarse. Sus posibles campos de estudio incluyen derecho, medicina, enfermería y trabajo social.
Sin embargo, algunos también señalan que estos sueños están supeditados a recibir asilo.
Andrea es lo bastante pequeña como para que la confundan con una niña, pero sus pensamientos se centran en su responsabilidad de elegir una profesión y mantener a Jocelyn y Carlos. Empezará a ir a la escuela en cuanto encuentre una guardería. Quiere aprender inglés y piensa que podría estudiar Derecho o ser azafata de vuelo.
Se maravilla de la generosidad de la gente y comenta que cada dos días recibe algo para ella o para sus hijos: pañales, ropa e incluso una cuna.
Pero no olvida que sigue esperando saber si le permitirán quedarse. "Espero que me den asilo aquí para poder dar un futuro a mis dos hijos", expresó.
Reflexiona por tu cuenta o con un compañero sobre las siguientes preguntas.
- ¿Por qué vinieron a Estados Unidos las personas que aparecen en este artículo: Andrea, Salih, Eden y Nuru? Piensa en todas las razones que puedas recordar.
- ¿Qué es lo que más necesitan al llegar aquí para poder quedarse legalmente y con éxito? ¿Qué pueden proporcionarles las hermanas de este artículo?
Los primeros cristianos se unieron para satisfacer las necesidades de todos los miembros de la comunidad. Inspirada por el Espíritu Santo en Pentecostés, la joven Iglesia era activa y atractiva. Los Hechos de los Apóstoles (2, 44-47) la describen así:
Se entregaban a la enseñanza de los apóstoles y a la vida comunitaria, a la fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderó de todos, y se hicieron muchos prodigios y señales por medio de los apóstoles. Todos los creyentes estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían sus propiedades y posesiones y las repartían entre todos según la necesidad de cada uno. Cada día se reunían en la zona del templo y a partir el pan en sus casas. Comían con alegría y sinceridad de corazón, alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía a los que se salvaban.
- ¿Qué podemos aprender de la gente de la Iglesia primitiva?
- ¿Qué nos impide vivir así hoy?
El papa Francisco compartió recientemente un mensaje especial con los jóvenes del mundo. En Christus Vivit prestó especial atención a los jóvenes migrantes, incluidos los refugiados y los solicitantes de asilo. He aquí parte de lo que dijo en el párrafo 91:
Los migrantes como paradigma de nuestro tiempo
91. ¿Cómo no recordar a tantos jóvenes afectados por las migraciones? Los fenómenos migratorios "no representan una emergencia transitoria, sino que son estructurales. Las migraciones pueden tener lugar dentro del mismo país o bien entre países distintos. La preocupación de la Iglesia atañe en particular a aquellos que huyen de la guerra, de la violencia, de la persecución política o religiosa, de los desastres naturales –debidos entre otras cosas a los cambios climáticos– y de la pobreza extrema: muchos de ellos son jóvenes. En general, buscan oportunidades para ellos y para sus familias. Sueñan con un futuro mejor y desean crear las condiciones para que se haga realidad". Los migrantes "nos recuerdan la condición originaria de la fe, o sea la de ser 'forasteros y peregrinos en la tierra' (Hb 11,13)".
- La Iglesia se esfuerza especialmente por las personas pobres y vulnerables, y eso incluye a quienes huyen de condiciones inseguras o intentan mejorar su vida y la de sus familias. ¿Por qué crees que la Iglesia pone tanto énfasis en ayudar a personas como estas?
- ¿Sueñas con un futuro mejor para ti? ¿Qué condiciones se interponen en tu camino para conseguirlo?
- El papa Francisco nos recuerda que somos "extranjeros y exiliados en la tierra". ¿Por qué debería aplicarse eso a todos nosotros, y no solo a las personas migrantes?
Para saber más sobre las congregaciones de religiosas mencionadas en este artículo, haz clic en uno o varios de los enlaces que aparecen tras los nombres de las hermanas.
- ¿Cuáles son algunos de los principales ministerios u objetivos de una de estas congregaciones?
- ¿Cómo podrías apoyar su labor?
- Explora más sobre lo que tu parroquia o diócesis local está haciendo para servir a los migrantes en tu ciudad o área. Averigua qué ayuda necesitan para sus esfuerzos.
- Pregunta si los programas de apoyo a los inmigrantes pueden ponerte en contacto con los recién llegados a tu zona. ¿Podría tu escuela o iglesia organizar una charla o un momento social en el que puedan hablar de su viaje, sus necesidades y sus esperanzas?
- Considera la posibilidad de trabajar con un compañero o con tu clase para abordar necesidades como la alimentación, la ropa, el alojamiento, el cuidado de los niños, el transporte y otras cosas esenciales que los emigrantes necesitan para vivir con dignidad.
Dios amoroso, te damos gracias por el ministerio valiente y solidario de las hermanas que se sacrifican para servir a los recién llegados necesitados de tu amor.
Ayúdanos, Señor, a ver tu rostro en los rostros de los recién llegados.
Toca nuestros corazones mientras les servimos y recorremos con ellos el camino que conduce a ti.
Amén.
Este artículo pertenece a la serie En busca de refugio publicada por Global Sisters Report.
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