Anita Areli Ramírez Mejía, solicitante de asilo de Honduras, abraza a su hijo de 6 años, Jenri, el 13 de julio en el refugio La Posada Providencia de San Benito, Texas, Estados Unidos. La madre y el hijo se reunieron después de haber sido separados cerca de la frontera entre México y Estados Unidos. (Foto: CNS/Reuters/Loren Elliott)
¿Se ha quedado Cristo fuera de tu Navidad? Detente un momento y reflexiona:
- ¿Qué sacrificios hizo María para dejar sitio a Jesús? ¿Arriesgó su reputación e incluso su vida?
- ¿De qué manera hizo espacio José para María y Jesús? ¿Cómo antepuso el honrar a Dios a su propia honra?
El tiempo de Adviento está lleno de oportunidades para recibir el amor de Dios. Observa lo que hace la autora para abrir su corazón a Dios. ¿Qué acciones lleva a cabo ella que tú puedas realizar? ¿Qué supondría un mayor esfuerzo?
La Navidad es para los enamorados
por Tracy Kemme
traducido por Purificación Rodríguez Campaña
Nunca se insistirá lo suficiente en la centralidad del amor dentro de nuestra hermosa tradición. El misterio del amor es inagotable, estuvo presente al principio cuando Dios creó todo lo que existe, cantando en la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesús, palpitando a través de cada uno de nosotros como Espíritu, y atrayéndonos hacia un futuro en el que la paz y la justicia reinarán para siempre. Esta Navidad he vuelto a recordar en qué consiste realmente todo: amor.
Recibir
Justo antes de que comenzara el Adviento, me senté a orar en silencio preguntándome cómo quería Dios que pasara este tiempo sagrado que a menudo me parece demasiado corto. Con tantas reflexiones diarias sobre el Adviento y calendarios temáticos circulando por ahí, me preguntaba: ¿cómo debería actuar?, ¿cómo podría hacer espacio y esperar?, ¿cómo maduraría?
En el silencio surgieron tres palabras: "Recibe mi amor".
La sencillez me sorprendió.
¿Solo recibir? Me quedé pensando. Parecía demasiado bueno para ser verdad. No sé muy bien qué esperaba, pero supuse que requeriría más esfuerzo por mi parte. Me imaginaba verbos activos del Adviento: hacer espacio, limpiar el desorden, prestar atención.
Esperé un poco más.
No me vino nada. La breve frase había echado raíces en mi corazón y sentí que Dios quería que permaneciera allí.
Recibe mi amor.
Tres palabras. Y el valor de toda una vida de aprendizaje.
Sonreí. Paso mucho tiempo esforzándome. Incluso cuando anuncio a los demás lo mucho que Dios les ama, a veces un bloqueo en mi corazón (quizá debido a heridas del pasado o preocupaciones del presente) me impide creer de verdad en el inconmensurable amor de Dios por mí. Aunque le he entregado mi vida a un Dios que sé que es pura bondad, me resistía a creer que ese Dios quería que yo simplemente recibiera amor. Me parecía un regalo que no merecía. Volví a sonreír. Por supuesto, de eso se trata. Así es la historia judeocristiana. Nuestro Dios es don. Cada uno de nosotros es amado con un 'amor indescriptible'.
Como buen ser humano, me vi a mí misma haciendo las cosas más complicadas a lo largo del Adviento. Pero cuando más lo necesitaba, hojeaba mi diario y recordaba la invitación de Dios que debía enmarcar todo mi camino de Adviento: Recibe mi amor. De algún modo, mi ser suspiraba de alivio. Me quedaba en silencio, con las manos abiertas, sin trabajar ni pensar, simplemente descansando en el amor de Dios.
A medida que avanzaba el Adviento, la invitación de Dios se hacía más profunda. En la oración se amplió la frase: Recibe mi amor y compártelo con los demás. Una vez más, sonreí ante la profundidad revelada en la sencillez. El cariño y la ternura que Dios ofrece gratuitamente se desbordan de forma natural obligándome a ofrecerles lo mismo a los demás. El amor verdadero no se queda ahí. Y no nace de nosotros, sino de la 'fuente' de todo. Creo que ya lo he oído en alguna parte: "Ámense unos a otros como yo los he amado".
(Foto: Tracy Kemme)
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Nunca olvidaré el abrazo de Adriana. Sus brazos me rodeaban por completo, los dedos casi se clavaban en mi espalda, la cabeza descansaba sobre mi hombro, las lágrimas humedecían mi chaqueta y la mayor parte del peso de su cuerpo se apoyaba en mí. Cerré los ojos en señal de oración mientras la abrazaba. Me quedé quieta haciéndole saber en silencio que podía quedarse en mis brazos todo el tiempo que quisiera. Era como si llevara semanas esperando un abrazo.
Adriana salió de Guatemala con sus dos hijos en octubre y allí estaba, la víspera de Acción de Gracias, en el refugio Centro San Juan Diego de El Paso (Texas. Estados Unidos) que acoge a migrantes que acaban de ser puestos en libertad. Adriana y sus dos hijos pasaron cuatro días bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas tras un mes de viaje a pie, en autobús y en todo tipo de transporte. Habían sido amontonados en cuartos fríos con poca comida y solo una sábana de aluminio para dormir, vistiendo todavía la misma ropa que se habían puesto para salir de Guatemala hacía más de un mes. El centro les dio una buena comida, ropa, duchas y un lugar cálido donde dormir.
Yo estuve de voluntaria en la sala de admisión. Revisábamos los documentos migratorios de estas personas y les ayudábamos a ponerse en contacto con sus seres queridos en otros lugares de Estados Unidos que se encargarían de organizar su viaje. Momentos antes, Adriana había hablado con su hermano.
"Sí, hermano", le dijo cuando le entregué el pequeño móvil Nokia del refugio. "Sí, estamos bien, gracias a Dios".
Esto es lo que la mayoría de la gente decía cuando hablaba con la familia y a mí me dejaba helada. Acababan de viajar desde su peligrosa y pobre patria a un país desconocido donde estaban detenidos como delincuentes. El médico del refugio había diagnosticado neumonía a la hija de Adriana de 6 años. Estaba encorvada, tosiendo, con la frente sobre la mesa. El hijo de Adriana, de 3 años, estaba sentado en una sillita junto a su hermana, sin moverse como un niño sano. Pero estaban "bien". Supongo que después de semejante viaje, y de semejante vida antes del viaje, el simple hecho de estar vivos y juntos ya era algo.
Adriana me devolvió el teléfono cuando terminó de hablar con su hermano. Nos había asegurado que compraría billetes de autobús de Greyhound para que su pequeña familia se fuera a vivir con él mientras tramitaban el asilo. Adriana suspiró con fuerza y levantó la barbilla, como si reconociera lo lejos que había llegado y se armara de valor para lo mucho que le quedaba por recorrer.
"Estás tan cerca de reunirte con tu hermano", le dije mientras miraba sus ojos cansados y mostraba todo el amor que podía reunir en los míos.
"Sí, sí, hermana. En unos días estaremos allí", asintió tímidamente.
"Pero has pasado por muchas cosas", reconocí con dulzura, dándole espacio para que compartiera lo que quisiera.
"¡Oh, sí, hermana!", asintió con más vigor, con los ojos humedecidos. Ha sido tan difícil. Mis bebés están enfermos, y el viaje fue tan largo y duro, y en la detención nos trataron como animales...", dijo.
"¿Puedo abrazarte?", le pregunté.
Su respuesta no tuvo palabras; inmediatamente se echó hacia delante, acurrucándose en mí. Su cuerpo se estremecía ahora, mientras semanas de dolor y miedo se convertían en sollozos. Me invadió la presencia de Dios: sentí que mis brazos eran los brazos de Dios y que el amor de Dios se derramaba a través de mí hacia ella. La entrega del amor de Dios me estaba utilizando como un recipiente. Mi corazón cayó de rodillas, palpitando de tierna compasión y humilde ante el privilegio de acoger a esta preciosa mujer y a su familia.
Cuando por fin se apartó, respirando con más calma, tomé sus manos con suavidad.
"Lo han conseguido", susurré. "Van a estar bien".
Sonrió por primera vez.
"Me alegro de que por fin estemos en un lugar donde hay amor", dijo.
Queridos, sed amados y sed amor
No creo que sea casualidad que tantas de las epístolas que leemos en el tiempo de Navidad comiencen con la palabra 'queridos'. Después de un Adviento bendecido por haber recibido el don del amor de Dios, la palabra 'queridos' vuelve a tocar mi corazón cada vez.
"Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios", leemos durante la oración especial de Nochebuena (1 Juan 4, 7). "Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros" (1 Juan 4, 11).
Parece que el deseo más profundo de Dios es que conozcamos esta verdad (que somos queridos) y la compartamos con todas las personas que conozcamos.
Esta es la alegría de la Navidad: no se trata de un crescendo de un día que nos deja con melancolía una vez que se desenvuelven los regalos y se apagan las luces. Es la historia del amor que creó el universo y luego se encarnó para hacer ese amor aún más visible, tangible e innegable. Es la historia de un Dios que, como dice Karl Rahner, es a la vez dador y don. Es la historia de conocer y compartir, de ser amado y ser amor para los demás. Tenemos que recibir esta historia y repetirla de generación en generación.
Queridos, simplemente abran su corazón y dejen que Dios haga que la Navidad cobre vida en ustedes y a través de ustedes. Queridos, son amados. Y ustedes son amor.
Tómate un momento para reflexionar sobre estas preguntas:
- ¿De qué manera puedes saber que eres amado por Dios?
- ¿De qué manera puedes "ser amor" para los demás en los tiempos de Adviento y Navidad?
- Nombra a una persona o situación que necesite tu amor de forma continua.
El profeta Isaías habla acerca de un día en el que los débiles se harán fuertes cuando Dios venga a salvarnos:
"¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa!
¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.
Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes;
digan a los que están desalentados: '¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos!'.
Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;
entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo
Volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán".
Preguntas para reflexionar:
- Isaías y la Hna. Tracy Kemme miran hacia un futuro en el que reinarán para siempre la paz, el amor y la justicia. ¿En qué aspectos de tu vida y de tu entorno ves que esto ocurra?
- Isaías describe una tierra reseca que brota con alegría. Si tuvieras que pintar un cuadro con palabras que describieran cómo actúa Jesús en tu vida y en el mundo, ¿qué imágenes utilizarías?
- ¿A quién o a qué recurres cuando necesitas alegría en tu vida?
En su encíclica Christus vivit el papa Francisco anima a los jóvenes a reconocer su vocación de ser testigos del Evangelio.
"Enamorados de Cristo, los jóvenes están llamados a dar testimonio del Evangelio en todas partes, con su propia vida. San Alberto Hurtado decía que "ser apóstoles no significa llevar una insignia en el ojal de la chaqueta; no significa hablar de la verdad, sino vivirla, encarnarse en ella, transformarse en Cristo. Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer la luz, sino ser la luz [...]. El Evangelio [...] más que una lección es un ejemplo. El mensaje convertido en vida viviente" [...]. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. Y nos invita a ir sin miedo con el anuncio misionero, allí donde nos encontremos y con quien estemos. En el barrio, en el estudio, en el deporte, en las salidas con los amigos, en el voluntariado o en el trabajo, siempre es bueno y oportuno compartir la alegría del Evangelio. Así es como el Señor se va acercando a todos. Y a ustedes, jóvenes, los quiere como sus instrumentos para derramar luz y esperanza, porque quiere contar con vuestra valentía, frescura y entusiasmo".
Christus vivit, papa Francisco, 2019
Solo o con un compañero reflexiona:
- Somos receptores y portadores contagiosos del amor de Dios. Piensa en dos maneras en las que, durante las fiestas navideñas, puedes llevar el amor de Cristo a los marginados de la sociedad. ¿Cómo podrías compartir la alegría del Evangelio con los que te rodean?
- ¿Qué significa ser amado incondicionalmente por Dios? ¿Te resulta difícil dejar que Dios te ame? ¿Por qué?
- Nombra a tres personas de tu edad que estén difundiendo la luz y la esperanza de Dios en el mundo.
El ministerio de la Hna. Kemme en Texas forma parte de las iniciativas de su congregación, las Hermanas de la Caridad de Cincinnati, para apoyar a los migrantes y abogar por una reforma migratoria integral. Aquí encontrarás más información sobre la migración y cómo las hermanas están logrando un cambio real.
La Hna. Kemme describe un encuentro con Adriana, una madre guatemalteca, y sus dos hijos. Reflexiona sobre su peligroso viaje desde Guatemala hasta la frontera con Estados Unidos. Piensa en otros a tu alrededor que, como Adriana, necesitan cobijo, seguridad y una comunidad.
Dios nos llama a ser a la vez dadores y dones. ¿Qué regalo podrías compartir con las personas necesitadas en estas fiestas? Anima a tu familia, a tus profesores y a tus compañeros de clase a cambiar su forma de hacer regalos. Por ejemplo:
1) Pídele a tu profesor que invite a los alumnos a compartir el dinero que utilizarían en regalos para compañeros y profesores con un centro de acogida local que ayude a migrantes y refugiados.
2) Anima a tus familiares a que, en lugar de comprarte un regalo este año, hagan una donación en tu nombre a una organización que ayude a migrantes y refugiados. Esta es una breve lista de organizaciones que puedes recomendar a los miembros de tu familia:
- Bethany House of Hospitality ofrece alojamiento y servicios de apoyo a mujeres jóvenes inmigrantes en su camino hacia la independencia.
- Caridades Católicas del Valle del Río Grande proporciona ayuda humanitaria a niños y familias inmigrantes.
- Catholic Legal Immigration Network, Inc. está poniendo en marcha un proyecto en Ciudad Juárez, México, para proporcionar orientación y representación legal a las personas que solicitan asilo.
- La Posada Providencia en San Benito, Texas, ofrece alojamiento de emergencia a personas que huyen de la opresión política, la violencia y la pobreza y buscan asilo en Estados Unidos.
Dios, tú eres abundante en amor y fidelidad.
Enséñanos a ser receptores y dadores de amor en estos tiempos de incertidumbre.
Enséñanos a ser agentes de amor para construir comunidades acogedoras.
Enséñanos a practicar el amor misericordioso y a perdonar a quienes nos han hecho daño.
Enséñanos a ser voces proféticas de amor cuando denunciamos la verdad ante el poder.
Enséñanos a ser portadores de amor contagioso al servir a los necesitados.
Enséñanos a ser testigos del amor no violento, resistiendo a la guerra y abrazando la paz.
Enséñanos a ser tus pies y tus manos de amor.
Amén.
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