Los precursores de Cristo con santos y mártires, pintura al temple de Fra Angelico, década de 1420. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: "Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados ustedes cuando los insulten, los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo"» (Mateo 5, 1-12).
Este Evangelio resulta muy significativo para la celebración de la solemnidad de Todos los Santos que hoy conmemoramos. Se refiere a las bienaventuranzas, conocidas también como el programa del Reino. En efecto, para ser santos hay que vivir el Reino de Dios anunciado por Jesús. La santidad no se refiere a alejarse de este mundo, a llevar una vida ascética o a refugiarse en prácticas religiosas o sacramentales: consiste en ser discípulo de Jesús y poner en práctica el Reino que él nos trajo. ¿Cómo hacerlo?
Si nos fijamos en las bienaventuranzas, tanto Mateo como Lucas (6, 20-26) nos las presentan, aunque con énfasis distintos. Mateo las propone como actitudes que hemos de vivir; mientras que Lucas, como fruto de cambiar las situaciones que oprimen al ser humano. De todas maneras, los dos evangelistas nos ofrecen el horizonte para vivir la santidad.
La teóloga laica Consuelo Vélez reflexiona sobre las bienaventuranzas como programa de vida que transforma la pobreza y busca la justicia, en su comentario al #EvangelioDelDomingo para la #serieAlPartirElPan #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
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Mateo comienza con la invitación a ser “pobres en el espíritu”, que significa dejar a Dios ser Dios, poner toda nuestra confianza en él; y Lucas, de manera más directa, llama bienaventurados a los que son pobres, porque Dios cambiará esa situación y serán herederos del Reino.
En ningún caso esto hay que entenderlo como resignación ante la pobreza, sino como transformación de la misma, como se reafirmará más claramente en las siguientes bienaventuranzas y sobre todo en las “maldiciones” (que solo aparecen en el Evangelio de Lucas), donde increpa a los ricos por su condición.
Las bienaventuranzas de Mateo nos llaman a ser mansos, a llorar por lo que no corresponde al Reino de Dios, a tener hambre y sed de justicia, a ser misericordiosos y limpios de corazón y a trabajar por la paz. Todas estas actitudes pueden causar persecución porque la búsqueda de justicia trae la oposición de los que mantienen las estructuras injustas. El Evangelio de Mateo finaliza reafirmando estas consecuencias de insulto, persecución y calumnias, frente a las cuales hay que alegrarse y regocijarse porque la promesa de Dios se hará realidad en quienes mantengan la fidelidad a la causa de Reino.
Por lo tanto, celebremos esta fiesta buscando asumir el programa del Reino para que también nosotros recibamos la recompensa que ya recibieron los santos por su fidelidad al Evangelio y por su compromiso con la justicia. Recordemos también lo que dijo el papa Francisco en su exhortación Gaudete et Exsultate (2018) sobre “los santos de la puerta de al lado”. No todos llegan a los altares, pero todos estamos llamados a aspirar a la santidad y ya conocemos el camino.
