La parábola de las vígenes necias y las prudentes, acuarela de William Blake, cerca de 1825. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A media noche se oyó una voz: '¡Que llega el esposo, salgan a su encuentro!'. Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: 'Dennos de su aceite, que se nos apagan las lámparas'. Pero las prudentes, les contestaron: 'Por si acaso no hay bastante para ustedes y nosotras, mejor que vayan a la tienda y lo compren'. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: 'Señor, Señor, ábrenos'. Pero él respondió: 'En verdad les digo que no las conozco'. Por tanto, velen, porque no saben el día ni la hora"» (Mateo 25, 1-13).
Nos acercamos al final del año litúrgico y el Evangelio de hoy nos habla de la necesaria vigilancia para cuando el esposo llegue. Para eso se nos ofrece la parábola de las diez vírgenes, cinco necias y cinco prudentes. Recordemos que la parábola es un género literario que no podemos tomar al pie de la letra, sino que hemos de descubrir el mensaje central de la misma y ver cómo todos los elementos que allí se relatan van en función de ese significado y no pretenden dar otra enseñanza.
Para el caso de esta parábola, si la tomáramos al pie de la letra nos haría pensar que las cinco vírgenes prudentes son egoístas, porque no fueron capaces de compartir el aceite con las otras cinco. El mensaje, por tanto, es la vigilancia.
La teóloga laica Consuelo Vélez lee la parábola de las diez vírgenes del #EvangelioDelDomingo como una llamada hoy a vigilar la justicia social y la vida digna de los más excluidos. #serieAlPartirElPan #GSRenEspañol #HermanasCatólicas
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Por otra parte, la imagen de la boda remite al momento escatológico. En esta parábola se nos propone la figura del esposo que va a llegar a la casa a celebrar el banquete de bodas. Solo las prudentes podrán entrar, porque están esperándolo. Por eso el Evangelio termina invitando a la vigilancia, porque no sabemos el día ni la hora.
Estos textos escatológicos no se refieren solo al futuro, porque este se comienza a vivir en el presente. De ahí la necesaria vigilancia en nuestro compromiso cristiano con las realidades que vivimos. Hay que estar vigilantes de la justicia social: que esta llegue a todos, comenzando por los últimos. Vigilantes también para que no haya ninguna exclusión en razón del sexo, de la clase social, del color de piel, de la religión que se profesa, etc. Al banquete de bodas están llamados todos.
Hay que estar vigilantes de una Iglesia que sea signo del servicio, la misericordia, la paz —como decía el papa Francisco, una Iglesia sinodal, servidora, misionera, que “no teme herirse ni mancharse”— y vigilantes de la vida digna de las mujeres, los indígenas, los afros o los migrantes, tan golpeados por la condición subordinada en la que se les coloca con frecuencia, al negarles incluso los derechos más básicos.
En conclusión, que cada uno siga enumerando aquellas situaciones donde el esposo ha de encontrarnos vigilantes para entrar al banquete de bodas. De esa manera comenzaremos a saborear la vida definitiva con Dios, en el aquí y ahora que vivimos.
