La parábola del gran banquete, óleo sobre tabla del Monogramista de Brunswick, hacia 1525. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: "El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: vengan a las bodas'. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 'Amigo’', le dijo, '¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos"» (Mateo 22, 1-14).
Uno de los símbolos preferidos por Jesús para hablar del Reino de Dios es el banquete mesiánico. A este símbolo se refiere Jesús en esta parábola en la que dice que el Reino de los Cielos se parece a un rey que celebra las bodas de su hijo y avisa a sus invitados. Pero ellos se niegan a ir. Envía de nuevo a otros servidores para que les digan que el banquete está preparado y todo esta a punto. Pero no escuchan la invitación y se van a hacer otras tareas e, incluso, otros se apoderan de los siervos y los matan. Sabiendo esto el rey, se indignó y mando a invitar a todos los que estuvieran por los caminos, fuera de la ciudad, a cualquiera que encontrarán. Efectivamente, esta vez la sala se lleno de convidados.
El mensaje de esta primera parte de la parábola es claro: los invitados desprecian el banquete, por eso serán otros los que se sienten a la mesa. El Reino de Dios que Jesús anuncia es despreciado por las autoridades judías de su tiempo, dedicándose a otras cosas, sin prestar atención a la invitación de Jesús.
"La llamada siempre está activa (...). De nuestra aceptación depende que nos sentemos en la mesa del Reino": teóloga Consuelo Vélez sobre parábola del banquete de bodas (Mt 22, 1-14). #HermanasCatólicas #GSRenEspañol #serieAlPartirElPan
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Además, algunos llegarán a matar a Jesús mismo y a todos los que continúan la misión. En cambio, los que no esperaban la promesa —representados en los que están fuera de las ciudades— serán los que se sienten a la mesa y disfrutarán del banquete escatológico.
La parábola continua con algo que parece desconcertar. El rey encuentra a uno de los que llegaron como invitados sin el traje de fiesta apropiado y lo manda atar y arrojarlo fuera. Esto significa que también los que lleguen 'de afuera', han de aceptar los valores del Reino para sentarse a la mesa. No es suficiente ir al banquete, es necesario aceptar y vivir la propuesta de Jesús.
La frase final explica que muchos serán los llamados y pocos los elegidos, pero no hemos de entenderlo cómo si Dios fuera quien no elige, sino que nosotros, al no responder a su invitación, nos autoexcluimos, no participamos de los dones mesiánicos.
Por parte de Dios, la llamada siempre está activa, con banquete preparado para todo el que responda. De nuestra aceptación depende que nos sentemos en la mesa del Reino en este presente, viviendo como Jesús vivió y esperando participar del banquete definitivo en la plenitud de Dios.
