Un hombre enciende una vela de la corona de Adviento en la iglesia de San Rafael Arcángel en St. Louis [Estados Unidos] en 2015. (Foto: CNS/Lisa Johnston)
Solo o con un compañero reflexiona:
- ¿Qué sientes cuando se rompe algo valioso para ti (por ejemplo tu brazo, tu teléfono o una promesa que alguien te hizo)?
- ¿Qué sientes cuando tienes la culpa de haber quebrantado algo?
- ¿Qué te da esperanza de que las cosas se arreglen?
Presta atención a las situaciones que la escritora describe como 'quebrantadas'. ¿Estás de acuerdo con ella? ¿Qué otras situaciones podría estar pasando por alto?
Una Navidad quebrantada: Dios trabaja en la oscuridad
por Colleen Gibson
traducido por Purificación Rodríguez Campaña
La oscuridad iluminada por las velas más pequeñas. Me viene a la mente el diácono de mi parroquia que se pasea de un lado a otro mientras predica. Yo debía de tener alrededor de 15 años, y ahora, a toda una vida de distancia de aquel momento, sus palabras resuenan en mis oídos: Dios trabaja en la oscuridad.
Una y otra vez vuelvo a estas palabras, al pequeño predicador en mi cabeza dando vueltas para recordarme que Dios trabaja en la oscuridad. Dios debe estar trabajando en la oscuridad.
Así que ya he encendido las velas de la corona de Adviento. He horneado las galletas, colgado las luces y adornado el árbol. Sin embargo, soy consciente del sutil estruendo de la oscuridad que zumba de fondo, como un ruido blanco que rellena los vacíos de alegría. La Navidad es sinónimo de muchas cosas (alegría, esperanza, paz, confianza) y este año, sorprendentemente, de la ruptura.
Basta con echar un rápido vistazo a las noticias para darse cuenta de la profunda sensación de desasosiego que reina en el mundo. Alepo. Elecciones. Terror. Asesinatos. Conmoción. ¿Cómo es posible? Y, sobre todo, ¿cómo puede ser este el mundo en el que recibimos al Niño Jesús?
En un mundo que parece quebrantado, la alegría y la esperanza pueden ser difíciles de encontrar. La esperanza parece encontrarse ante una puerta que se le cierra en las narices mientras aumenta el cansancio de los refugiados que buscan asilo en todo el mundo. La alegría pierde su libertad cuando el miedo, alentado por el odio y la falta de voluntad para comprender, llena espacios comunes como calles y aceras, aulas y tiendas de conveniencia. El lenguaje es más duro, la violencia arraiga, el civismo flaquea y la desesperación se agrava.
En esta oscuridad, brilla la Luz. En una ruptura en la que todo lo que nos define parece dividirnos (ya sea la raza o las creencias, la orientación sexual o el estatus migratorio, el partido político o la posición socioeconómica), Dios interviene. No para curar la división, sino para abrazarla y trabajar en ella, para que en nuestro quebrantamiento encontremos luz y vida de nuevo.
Nuestro Dios, después de todo, es un Dios de ruptura. Aquel niño nacido al amparo de la noche, en el más humilde de los lugares, se enfrentaba a dificultades insuperables. Sus padres se encontraron con un futuro incierto, renunciando a sueños que se habían quebrantado y confiando en promesas que, en el mejor de los casos, no estaban muy claras.
En esa aparente oscuridad, Dios actuó. Y en el quebrantamiento y la oscuridad de hoy, Dios está obrando.
Esa es la promesa de fe en la que confiamos.
A pesar de toda la oscuridad del Adviento, la Navidad promete luz. Nos promete que Cristo ha venido, viene y vendrá. Esperamos y celebramos algo que ya hemos experimentado: un momento de revelación... de encarnación. Y porque, en cierto sentido, sabemos lo que esperamos... 'aquel' a 'quien' esperamos... esperamos con esperanza.
No con la esperanza de que esa venida o esta Navidad sean iguales, sino de que las cosas cambien. (Y que nosotros también cambiaremos en el proceso). Esperanza de que el 'amor' baje y habite entre nosotros, uniéndonos en nuestro quebrantamiento y revelándonos que el quebranto compartido es una bendición que ayuda a hacer carne a Dios en medio de nosotros.
Meditando sobre la oscuridad de esta estación, me ha sorprendido cómo Dios utiliza el quebrantamiento para brillar. En palabras de Leonard Cohen: "Olvida tu ofrenda perfecta / Hay una grieta, una grieta en todo / Así es como entra la luz".
Un mundo perfecto no necesita un salvador, del mismo modo que las personas perfectas no necesitan a Dios. Nuestro quebrantamiento, tanto personal como colectivo, nos lleva a la relación. Nos permite ver la luz en la oscuridad y celebrar los pequeños triunfos de la bondad en el mundo y en nuestras vidas, pero también nos lleva a preguntarnos por qué hay tanto sufrimiento en el mundo.
Un Dios que se hace humano sabe que no hay una respuesta fácil a esa pregunta. Emmanuel está con nosotros en ese sufrimiento y pide el cambio. "Dios trabaja en la oscuridad", repite el pequeño predicador en mi cabeza.
En la oscuridad, el viento sopló para separar las aguas del Mar Rojo... y el pueblo lo atravesó.
En la oscuridad, una luz brilló para mostrar a los sabios y a los pastores el camino... y decidieron seguirlo.
La obra de Dios se convierte en nuestra obra: una labor de fe, esperanza y amor.
Nos regocijamos en ese trabajo esta Navidad, reflejando la luz de aquella primera noche silenciosa. Descansamos sabiendo que no estamos solos. Cristo viene a habitar entre nosotros. No importa lo malas que parezcan las noticias, tenemos la Buena Noticia: la Palabra de Dios se ha hecho carne y ha entrado en el quebrantamiento.
Como linternas en la oscuridad, hacemos brillar un amor que nace en nuestro interior: nuestras grietas se transforman en luces que nos guían, en caminos hacia la justicia y en ventanas abiertas al mundo.
Piensa en una situación que creas que está quebrada, ya sea en el mundo o en tu vida personal.
- ¿A quién perjudica esta situación y cómo le afecta?
- ¿Cómo podría actuar Dios para traer esperanza a esta situación?
- ¿Qué podrías hacer tú personalmente para contribuir a la sanación?
Esta lectura se proclama en la misa nocturna de la víspera de Navidad que a menudo se celebra a medianoche. En ella, el profeta Isaías habla de la esperanza para las personas heridas:
"El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz:
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo;
ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha,
como cuando reina la alegría por el reparto del botín.
Porque el yugo que pesaba sobre él,
la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero,
todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre,
serán presa de las llamas, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.
La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre:
"Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz".
Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino;
él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre.
El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto".
Solo o con un compañero reflexiona:
- ¿Cómo podrías enfocar más atentamente tus esperanzas en estas fiestas basándote en la esperanza descrita en el pasaje de Isaías?
- ¿Quienes caminan hoy en tinieblas? ¿Cómo actúa Dios en sus vidas? ¿Cómo podrías llevarles paz y alegría en este Adviento?
- ¿Cuál de los nombres que Isaías utiliza para el Mesías te anima más? ¿Por qué?
El papa Francisco nos exhorta a no abandonar la esperanza en los tiempos oscuros porque Dios, con su amor, camina con nosotros.
"La necesitamos mucho, en estos tiempos que aparecen oscuros, donde a veces nos sentimos perdidos frente al mal y la violencia que nos rodea, frente al dolor de tantos hermanos nuestros. ¡Necesitamos esperanza! Nos sentimos perdidos y también un poco desanimados, porque nos sentimos impotentes y nos parece que esta oscuridad no se acabe nunca. […] Cuando estamos en la oscuridad, en las dificultades no viene la sonrisa, y es precisamente la esperanza la que nos enseña a sonreír para encontrar el camino que lleva a Dios. Una de las primeras cosas que les pasa a las personas que se separan de Dios es que son personas sin sonrisa. Quizás puedan reírse a carcajadas, una detrás de otra, un chiste, una carcajada... pero les falta la sonrisa. La sonrisa la da solamente la esperanza: es la sonrisa de la esperanza de encontrar a Dios.
La vida es a menudo un desierto, es difícil caminar dentro de la vida, pero si nos encomendamos a Dios puede llegar a ser hermosa y ancha como una autopista. Es suficiente con no perder nunca la esperanza; basta que sigamos creyendo, siempre, a pesar de todo. Cuando nos encontramos frente a un niño, quizá tengamos muchos problemas y muchas dificultades, pero nos viene de dentro una sonrisa, porque tenemos delante a la esperanza: ¡un niño es una esperanza! Así tenemos que saber ver en la vida el camino que nos lleva a encontrarnos con Dios, Dios que se hizo niño por nosotros. ¡Y nos hará sonreír, nos dará todo!".
Papa Francisco, audiencia general, 7 de diciembre de 2016
Preguntas para reflexionar:
- Tanto el papa Francisco como la Hna. Colleen Gibson creen que Dios actúa en el mundo quebrantado y oscuro de hoy. ¿De qué manera crees que Dios da esperanza a las personas que se enfrentan a injusticias y tragedias personales?
- ¿Estás de acuerdo con el papa Francisco cuando dice que Dios, que se hizo niño por nosotros, puede hacer sonreír a la gente?
- ¿Sabías que de media cada día los adultos sonríen unas 20 veces y los niños unas 400? ¿A qué crees que se debe esto?
- ¿Quién o qué te hace sonreír? ¿De qué manera compartir una sonrisa con un desconocido o con alguien que tiene un día difícil puede levantar su ánimo o transformar el mundo que te rodea?
Lee The God of Brokenness [El Dios del quebrantamiento], un poema de la Hna. Colleen Gibson, autora del artículo que acabas de leer. Reflexiona:
- ¿Somos pacientes con Dios para arreglar lo que está quebrantado en nuestro mundo, tal y como debemos serlo con la curación de un brazo roto, o esperamos resultados más rápidos?
- ¿Qué nos separa de Dios durante este tiempo de Adviento mientras nos preparamos para la Navidad?
- ¿Qué nos acerca a Dios?
Elige una o todas
1) Es importante estar al día de las noticias, pero mucha gente sufre un 'hastío por las noticias negativas'. Es casi imposible evitar la información sobre guerras, violencia y crisis relacionadas con la inmigración y el medio ambiente. Esas noticias son cada vez más gráficas. Las investigaciones demuestran que las noticias negativas producen más tristeza y ansiedad.
2) Durante el Adviento, presta mucha atención a las buenas noticias. Empieza el día visitando la Good News Network, sitio web que difunde noticias positivas de todo el mundo (incluso hay una aplicación gratuita). Comparte las buenas noticias con tus amigos y familiares y comprueba si te levantan el ánimo.
3) Busca la luz de Cristo contemplando las luces que te rodean a lo largo del día, desde el amanecer hasta las luces de Navidad o el titilar de una vela. Haz una lista diaria de luces o utiliza tu teléfono para hacer fotos de las luces que te ayudan a ver la luz y la esperanza de Cristo.
4) Dedica tiempo a relajarte después de un día ajetreado. Apaga las luces. Siéntate en la oscuridad durante un rato. Respira hondo unas cuantas veces para relajarte y establecer un ritmo de respiración constante. ¿Sientes la presencia de Dios en la oscuridad? ¿Qué pensamientos te vienen a la mente? Ahora vuelve a encender la luz. ¿Sientes la presencia de Dios en la luz? Reflexiona sobre tus pensamientos mientras estás sentado en la luz.
Ven, Señor Jesús. Tú eres mi esperanza.
Ven, Señor Jesús. Tú eres mi paz.
Ven, Señor Jesús. Tú eres mi luz.
Ven Señor Jesús. Tú eres mi fuerza.
Ven Señor, Jesús. Tú eres mi alegría.
Ven Señor, Jesús. Tú eres mi cura.
Ven Señor, Jesús. Tú eres mi amigo.
Amén.
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