Las hermanas ayudan a los isleños que se enfrentan a la subida del nivel del mar

Antes de leer

Nuestro espacio se ve invadido de muchas maneras. Demasiada gente que sube a tu autobús, una mascota impaciente que te lame la cara mientras duermes o las hormigas que inundan tu pícnic. 

Solo o con un compañero reflexiona sobre estas cuestiones:

  1. ¿Cómo respondes a estas invasiones? ¿Te mantienes firme o buscas otro lugar al que irte?
     
  2. ¿Te preguntas alguna vez por qué ocurren estos inconvenientes o simplemente te adaptas a los cambios? Explica por qué.
La Hna. Tenta Maritino, del Buen Samaritano, en un aula de Kiribati. (Foto: cortesía)

La Hna. Tenta Maritino, del Buen Samaritano, en un aula de Kiribati. (Foto: cortesía)

A tener en cuenta durante la lectura

Rara vez nos encontramos en situaciones de lucha o huida, al menos de las que amenazan nuestro modo de vida o la vida misma. Sin embargo, es importante reconocer cómo respondemos personalmente al conflicto o a la necesidad de desplazarnos. Imagínate a ti en la situación de los isleños de la siguiente historia.

Los ministerios de las Hermanas del Buen Samaritano hacen frente a los retos del futuro vulnerable de Kiribati

porJoyce Meyer

traducido por Purificación Rodríguez

4 de febrero de 2019  

"No dejar a nadie atrás" es el mantra de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas para 2030. El pasado mes de julio, cuando asistí al Foro Político de Alto Nivel de la ONU, escuché a personas de un país tras otro contar con orgullo cómo están aplicando estos objetivos. 

Sin embargo, el orgullo se transformó en actitud defensiva cuando los representantes de las organizaciones no gubernamentales preguntaron cómo se estaban beneficiando las comunidades indígenas. Estas comunidades suelen luchar contra problemas como la calidad del agua, la igualdad de género, la atención a los discapacitados, el cambio climático y los derechos humanos. No siempre es fácil darse cuenta de los que se quedan atrás. La visión puede verse nublada por nuestras suposiciones.

Mientras escuchaba, me di cuenta de mis propias suposiciones del año pasado, cuando visité el Pacífico Sur. Conozco tan poco esta parte del mundo que me sorprendió saber la larga historia de la Iglesia católica en Kiribati, una nación insular del Pacífico Central. También me entristeció conocer la grave amenaza a la que se enfrenta Kiribati debido al cambio climático.

El catolicismo, la comunidad religiosa más numerosa de Kiribati, fue introducido por los Misioneros del Sagrado Corazón procedentes de Francia en 1887. Una década más tarde lo hicieron las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, que partieron valientemente desde Francia en un barco viejo y destartalado; la compañía naviera temía perder barcos mejores en los arrecifes de coral de la región.

mantra: palabra o lema que se repite con frecuencia; también, palabra o sonido que se repite en la oración o la meditación.

indígena: relativo a las personas originarias de una zona determinada.

manglares: árboles tropicales que crecen junto al agua. Sus densas raíces ayudan a proteger las tierras costeras.

colonialismo: situación política en la que una nación más poderosa controla a otra, a menudo explotando a su población y sus recursos.

oficio: forma de oración y culto que rezan a diario los sacerdotes y las religiosas

lectio divinapráctica religiosa centrada en las Escrituras. Se leen las Escrituras y luego se medita, reza y contempla su significado.

carisma: don especial concedido por el Espíritu Santo para el bien de la Iglesia. 

Las hermanas tenían pocas comodidades en su nueva vida, pero se mantuvieron firmes en medio del calor, las enfermedades y la pobreza extrema. Abrieron una escuela para niñas y prosperaron a medida que las jóvenes se unían a ellas. Fueron el único grupo de hermanas hasta 1950, cuando el obispo Octave-Marie Terrienne fundó una nueva comunidad de hermanas indígenas, las Hermanas de Santa Teresa, que acabaron fusionándose con las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en 1968.

Otro grupo de hermanas no llegó a Kiribati hasta 1991, cuando el obispo Paul Eusebius Mea Kaiuea invitó a las Hermanas del Buen Samaritano de Australia a ejercer allí su ministerio.

Tuve la suerte de leer en un reciente boletín del Buen Samaritano la historia de dos mujeres kiribatianas Kawi Arebonto y Tenta Maritino. Ellas profesaron sus primeros votos en la congregación el año pasado, uniéndose a otras tres. Me alegré mucho cuando aceptaron ser entrevistadas para hablar de su experiencia de vida religiosa en una congregación internacional y también para preguntarles cómo creen que afectará el cambio climático al futuro de su país insular.

Debido a la conexión limitada a Internet en las islas y a los problemas con el inglés, las hermanas pidieron ayuda a Brenda Keenan, una voluntaria laica australiana. Kiribati está formado por tres grupos de islas, Phoenix, Line y Gilbert, que constan de 33 islas, todas menos una son atolones coralinos (arrecifes de coral en forma de anillo, cada uno con una laguna en el centro y con la punta de un volcán submarino). La población, de unos 110 000 habitantes, se reparte entre 21 de las islas.

"La tierra es la excepción más que la regla en Kiribati", explicó Keenan. "Aunque su superficie es de apenas 810 km2, sus 33 islas se extienden a lo largo de 3.5 millones de km2 de océano y su distancia este-oeste es similar a la que separa Nueva York de Los Ángeles (3900 km). El punto más alto sobre el nivel del mar es de entre 2 y 3 metros. Los atolones son sumamente llanos y de poca altitud".

También señaló que la primera lengua de las hermanas es el i-kiribati, un idioma de tan solo 13 sonidos; 'ti' se pronuncia 's', por lo que Kiribati debe leerse como Kiribas.

Les pedí a las hermanas que compartieran su experiencia del impacto del cambio climático en sus comunidades isleñas. Ambas agradecieron que su congregación esté comprometida con la causa de la justicia ecológica. Fue allí donde descubrieron los problemas del cambio climático. Ahora lo reconocen ante sus propios ojos.

Han visto cómo se derrumbaban los diques, cómo se intensificaban las tormentas y las inundaciones en algunos lugares, mientras que en otros disminuían las precipitaciones, aumentaban las temperaturas, se frenaba el crecimiento de las plantas e incluso se extinguían las especies. A medida que el mar se eleva y erosiona las hermosas playas, les llegan noticias de pozos familiares que se contaminan con el agua del mar.

Hermanas jóvenes del Buen Samaritano en Kiribati. (Foto: cortesía)

Hermanas jóvenes del Buen Samaritano en Kiribati. (Foto: cortesía)

La hermana Tenta contó que una familia se había mudado cinco veces desde 1987 porque el mar invadía sus tierras. Temen que pronto no tengan adónde ir y están deseosos de ayudar a construir diques y plantar manglares para contener el mar. No puedo imaginar lo que se debe sentir al saber que mi país está desapareciendo.

Esta familia es una de las pocas que son plenamente conscientes de los cambios que se están produciendo; todavía muchos de sus vecinos afirman que el cambio climático es imaginario y a menudo hacen bromas al respecto. Pero están agradecidos al Gobierno por haber comprado tierras en las islas Fiyi, ¡solo por si acaso resultase ser cierto!

Las hermanas también están preocupadas por el uso masivo de plásticos en las islas y la ignorancia sobre la importancia del reciclaje y la reutilización. Hace falta mucha educación para que los isleños se den cuenta de las consecuencias de sus decisiones. Ellas dos participan en esa tarea educativa en la medida de lo posible.

La vida en los atolones me parecía idílica, pero aprendí que dista mucho de la realidad. La población es vulnerable en muchos aspectos, más allá del impacto del cambio climático. El colonialismo sigue presente a medida que China hace incursiones y las empresas internacionales se apropian de los recursos, dejando tras de sí escasos beneficios.

La vida cotidiana es sencilla, pero no siempre cómoda. La canoa, la barca, el barco o el avión son los principales medios de transporte, y dada su extensión marítima, se puede tardar muchas horas en llegar de un lugar a otro. En tierra, lo más habitual es caminar, pero algunos utilizan coches pequeños, camiones, motos y bicicletas.

¿Cómo se gana la vida la gente en este tipo de entorno? Unos pocos están contratados como funcionarios públicos, profesores, propietarios de comercios y restaurantes, y marineros. La mayoría se dedica a la industria artesanal, la pesca de subsistencia, la agricultura a pequeña escala y la recolección y venta de copra (pulpa de coco procesada para obtener aceite). La vida suele desarrollarse en aldeas y centrarse en la familia.

La Hna. Kawi Arebonto, del Buen Samaritano, trabaja en una escuela para niños discapacitados en Kiribati. (Foto: cortesía)

La Hna. Kawi Arebonto, del Buen Samaritano, trabaja en una escuela para niños discapacitados en Kiribati. (Foto: cortesía)

La hermana Kawi nació en Nonouti, una isla periférica a unas 12 horas en barco de Tarawa del Sur, capital de Kiribati, donde ella y su familia vivieron mientras cursaba la enseñanza secundaria. Nonouti es muy calurosa, ya que se encuentra justo al sur del ecuador, y tiene una población de unos 2600 habitantes.

Las familias de los atolones suelen tener cinco o más hijos y la familia de Kawi mantuvo esta tradición. Su padre, fallecido en 2013, era profesor. Su madre complementaba su salario como modista, manteniendo a cuatro niñas y cinco niños. Tres de sus hermanos son de los pocos que tienen un empleo remunerado, y los demás son agricultores y pescadores, así que disfrutan de una dieta a base de pescado, cerdo, frutos del árbol del pan, coco y toddy, que es la savia dulce de la palma de coco [no confundir con otras bebidas del mismo nombre, como el chocolate en polvo o el ponche caliente con wiski].

La hermana Tenta creció en el pueblo de Bikenibeu, en Tarawa, el atolón más poblado de Kiribati. Vivía con sus padres, tres hermanos, tres hermanas y otros familiares. Sus padres ya fallecieron, pero su padre era carpintero y su madre se ocupaba del hogar.

Tanto Kawi como Tenta destilaban amor por la historia de la isla y la cultura de fuertes lazos familiares, canciones, bailes, hospitalidad y generosidad.

Ambas señalaron con entusiasmo que el testimonio de la vida de oración de las hermanas las inspiró a entrar en la vida religiosa. Añadieron que los ministerios de trabajo pastoral, cuidado de ancianos y cuidado de niños en escuelas, guarderías y centros para niños con discapacidades físicas y mentales las inspiraron a servir a los demás.

Kawi contó que el deseo de ser hermana la acompañó durante muchos años. Tenía 24 años cuando decidió unirse a la congregación mientras asistía a un instituto diocesano de pastoral centrado en la teología y las Escrituras. Tenta asistió al mismo instituto y se sintió atraída por la alegría que mostraban las hermanas al vivir en comunidad.

La atracción es importante, pero adaptarse a un modo de vida diferente es todo un reto. Tenía curiosidad por saber cómo aceptaron sus familias su elección y qué cambios tuvieron que hacer al dejar un entorno familiar tan unido. Ambas hermanas afirmaron que sus familias estaban contentas con su elección de vida religiosa.

Los cambios supusieron un reto. La vida intercultural en comunidad fue un desafío debido a la gran diversidad de orígenes y culturas, desde los i-matang (australianos) hasta las mujeres de diferentes islas. "A cada una le gustan cosas distintas y tenemos puntos de vista diferentes", explicó la hermana Kawi. Aprender inglés es otro reto.

La Hna. Tenta Maritino, del Buen Samaritano, en la escuela primaria donde enseña. (Foto: cortesía)

La Hna. Tenta Maritino, del Buen Samaritano, en la escuela primaria donde enseña. (Foto: cortesía)

Kawi admitió que, al principio, su mayor desafío fue la disciplina del tiempo. "En la comunidad vivimos en función del tiempo. Tiempo para rezar, tiempo para comer, tiempo para dormir, tiempo para trabajar, tiempo para estudiar, tiempo para el ocio, tiempo para la reflexión, tiempo para cualquier cosa y para todo. En casa, somos dueños de nuestro tiempo, y en la comunidad religiosa, el tiempo es nuestro dueño: nos conduce el tiempo".

Aunque todavía se está acostumbrando a las disciplinas, compartió su alegría por la profundización en la fe y el conocimiento de Dios y también de sí misma. 

Para Tenta, el reto fue la oración, sobre todo aprender a rezar el oficio y la lectio divina. Ahora le encantan ambas cosas y especialmente la espiritualidad de san Benito, ora et labora (ora y trabaja). Conocer el carisma de la congregación y aprender todos los ejercicios espirituales, incluida la meditación y los mantras, le "proporcionan una gran alegría".

Las dos pasaron dos años en el noviciado de Nueva Gales del Sur (Australia) y regresaron a principios de este año para iniciar nuevas etapas en el ministerio y unirse a una de las dos comunidades del Buen Samaritano. Tenta trabaja ahora en la escuela preescolar, donde enseña y se encariña de los niños de 5 años. "Me dan mucha alegría y felicidad", pero según ella "hace falta mucha paciencia, ya que cada niño tiene una personalidad especial".

También está ilusionada con su futuro y sus estudios universitarios de educación infantil. Pero su sueño más importante es ser una "fiel hermana del Buen Samaritano viviendo la espiritualidad y el carisma, y llegar a ser una verdadera predicadora de la buena nueva".

Aunque dice que le gusta viajar, no espera que la envíen en misión fuera del país y se alegra de quedarse allí: "En misión con mi propia gente".

Kawi trabaja con niños discapacitados en el Early Childhood Center, donde trabajaba antes de entrar a la vida religiosa. Le encanta dar de comer, limpiar y cuidar a los niños. Su sueño es convertirse en profesora acreditada de niños discapacitados, aunque sabe que el trabajo puede ser muy duro. También quiere estudiar inglés y las Sagradas Escrituras e inspirar a otras mujeres de Kiribati para que se unan a ella y a las hermanas.

Siento gran admiración por las personas que viven con esperanza y confianza en entornos tan vulnerables. Para mí es inimaginable. Estas mujeres se enfrentarán a muchos retos, pero está claro que se convertirán en líderes importantes para mantener unido al pueblo a la hora de afrontar las vulnerabilidades de su futuro como pequeña nación.

Después de leer

El impacto de la subida del nivel del mar aparece con frecuencia en las noticias, pero es especialmente alarmante en un lugar donde no hay nada a más de 3 metros sobre el nivel del mar. Si mides menos de 3 metros, responde a las siguientes preguntas:

  1. Si tuvieras superpoderes milagrosos, ¿qué harías para ayudar a los habitantes de Kiribati?
     
  2. ¿Cuáles son algunos ejemplos realistas de lo que pueden hacer para seguir viviendo en sus islas?
     
  3. La Hna. Kawi y la Hna. Tenta son líderes jóvenes de su pueblo. ¿Qué retos espirituales tendrán que afrontar cuando ejerzan su ministerio en Kiribati?
Las Escrituras en primer plano

A todos nos resulta familiar la historia del arca de Noé. La gente se había vuelto malvada y Dios se enfadó mucho. Inundó la tierra destruyendo a todas las criaturas excepto a un buen hombre llamado Noé, a su familia y a las criaturas que iban a bordo de su gran barco. Entonces Dios puso un arcoíris en el cielo como señal de su pacto de no volver a inundar la tierra y destruir a todas sus criaturas.  

Sin embargo, las condiciones de ese pacto, o trato, no nos resultan tan familiares. Dios reitera la responsabilidad que los humanos tienen sobre toda la creación. Dios también hace hincapié en que los humanos están hechos a su imagen y semejanza y tienen la responsabilidad de respetarse y protegerse unos a otros.

"Y yo pediré cuenta de la sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los animales, y también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo".

Génesis 9, 5

  1. ¿Cómo pueden nuestros actos dañinos, aunque parezcan algo personal y privado, perjudicar a los demás?
     
  2. Si tuvieras que hacer un pacto para evitar que el agua obligara a la población de Kiribati a abandonar sus hogares, ¿a qué estarías dispuesto a comprometerte?
El llamado de la Iglesia

La difícil situación de las personas que viven en zonas costeras bajas ha llamado la atención del Papa Francisco en su reciente encíclica sobre el medio ambiente. En ella escribe:

"El crecimiento del nivel del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad si se tiene en cuenta que la cuarta parte de la población mundial vive junto al mar o muy cerca de él, y la mayor parte de las megaciudades están situadas en zonas costeras (…).  Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en distintas partes del mundo. La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil". 

Laudato Si': Sobre el cuidado de la casa común [24, 25]

  1. ¿Cómo actúan tus amigos más íntimos o tu familia cuando uno de los dos está sufriendo? ¿Cómo te sentirías si se mostraran indiferentes ante tu dolor?
     
  2. ¿Debería esperarse que los países vecinos acogieran y refugiaran a las personas desplazadas por la subida del nivel del mar? ¿Cuál es nuestra responsabilidad en estas crisis lejanas?
Sinergia con las hermanas

Además de atender las necesidades espirituales y físicas de los habitantes de Kiribati, las hermanas sensibilizan a la población sobre el cambio climático dentro y fuera de las islas. Están haciendo que la gente se entere de su impacto. Lee este folleto en el que las hermanas cuentan sus historias de cómo la subida del nivel del mar destruye jardines, arrasa hospitales y anega a la gente. En él se cita a una persona que pregunta: "¿Alguien piensa en nuestro problema en estos momentos?". 

Comparte una copia o un enlace a este folleto con tu familia o amigos, y luego coméntalo con ellos.

Actúa

La Hna. Joyce Meyer comienza su artículo mencionando los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU. Se trata de una iniciativa mundial compuesta por 17 objetivos para el planeta y sus habitantes, incluida la lucha contra el cambio climático. La mayoría de las naciones del mundo se han comprometido con el Acuerdo de París, un ambicioso plan para frenar las emisiones de carbono y limitar su impacto en el clima. Estados Unidos, responsable de casi el 18 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, ha decidido retirarse del acuerdo. 

Oración

Dios creador, Tu obra de creación comenzó 

cuando Tu soplo, como viento impetuoso, surcó las aguas.

Que Tu Espíritu, que actúa desde el principio,

impulse nuestros esfuerzos para proteger Tus aguas, Tu tierra, Tus criaturas y Tu pueblo.

Infunde en nosotros toda la energía, la sabiduría y el valor 

para cambiar nuestras costumbres y responder a este desafío

para que todas las personas puedan vivir con seguridad, dignidad y paz.

Amén.

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