Una temporada de renovación, recuperación y descubrimiento

Antes de leer

Tómate un momento para reflexionar sobre la foto de las flores de primavera que irrumpen en la nieve. Solo o con un compañero, comenta:

• ¿Qué duras condiciones espirituales o emocionales pueden estar pesando sobre ti en estos primeros días de Cuaresma?

• ¿Qué crecimiento esperas que surja en tu fe a través de tus prácticas cuaresmales?

Ten en cuenta al leer

Mientras el artículo te llama a un compromiso más profundo con la oración, el ayuno y la limosna, párate a considerar tus prácticas actuales y cómo pueden ser más significativas.

Una temporada de renovación, recuperación y descubrimiento

1 de marzo de 2019

por Colleen Gibson

traducido por Carmen Notario

La nieve de febrero no ha impedido que lleguen los signos de la primavera. Los narcisos se abren paso lentamente a través de la dura tierra frente a mis ventanas, destellos de verde a pesar de los vientos fríos y las rachas de nieve. Parece mentira que sea tiempo de flores. El Miércoles de Ceniza está a la vuelta de la esquina, y la monotonía del invierno parece seguir en pie.

abstinencia: no hacer o no tener algo que se desea o se disfruta.

limosna: dar dinero o alimentos para ayudar a los necesitados.

encarnar: tomar vida (literalmente, hacerse carne).

inextricablemente: imposible de separar o desenredar.

Las corrientes de escándalo, tanto en la Iglesia como en el mundo, insensibilizan nuestros espíritus. Como un largo invierno, días como estos crean motivos para la desesperación y pasto para la desolación. Parecería que los profundos tonos púrpura de la Cuaresma, con sus temas de arrepentimiento, abstinencia y humildad, sería lo último que necesitamos en estos momentos. Sería más fácil rozar la superficie o evitarla por completo. Entonces, ¿por qué profundizar?

Profundizamos porque debemos hacerlo. Este tiempo es tanto de arrepentimiento como de renovación. De hecho, puede que la Cuaresma tenga más que ver con la luz que con la oscuridad, con aligerar nuestra carga y cambiar las prioridades de nuestras vidas. La Cuaresma nos llama a la autenticidad. Y tal vez, ahí es exactamente donde tenemos que estar. 

Las estaciones cambian, los días se alargan. Vuelve la luz. Y en medio de dolorosas revelaciones en la Iglesia y continuos escándalos en el mundo, la Cuaresma nos invita a un tiempo de descubrimiento y recuperación. Es un tiempo de renovación de la fe. 

Estos cuarenta días de reflexionar, de ser probado, de encontrar fuerzas y de reforzar la fe son exactamente lo que necesitamos ahora mismo. Desde la ceniza y el ayuno hasta la limosna y la oración, la profundización espiritual y la toma de conciencia que ofrece el tiempo de Cuaresma nos invitan a un espacio de renovación, un lugar al que, si somos sinceros, no nos vendría mal dedicar algo de tiempo, individual y colectivamente, estos días. 

Eres polvo

Las palabras que escuchamos al comenzar el tiempo de Cuaresma podrían interpretarse fácilmente como una señal del sombrío paisaje que nos espera: "Recuerda que eres polvo y al polvo volverás".

Somos polvo. Nacimos y moriremos. La vida que vivimos entre estos dos momentos es un regalo de Dios para nosotros. Reconocer nuestros humildes comienzos y nuestra mortalidad forma parte de la llamada cuaresmal a la renovación. 

Cuando recordamos que somos una creación amada de Dios, podemos abrazarnos a nosotros mismos, a los demás y a toda la creación con la maravilla que corresponde a ese designio divino. El mismo polvo del que estamos hechos compone a los que despreciamos, a los que juzgamos y a los que nos frustran, así como a los que nos alegran. Estamos unidos en nuestra creación. Viendo el mundo así, ¿cómo podríamos tolerar o hacer la vista gorda ante la injusticia? Tú eres polvo y yo soy polvo, y juntos somos polvo.

De ese polvo surge una nueva vida. Como los campos en barbecho, el polvo de nuestro ser nunca se desperdicia. Las semillas de la fe se plantan en el polvo de nuestra humanidad. La Cuaresma nos invita a reconocer nuestra humanidad, en qué hemos fallado y hasta qué punto dependemos de Dios. Cuando podemos hacerlo, la fe tiene espacio para crecer y florecer. Al abrazar honestamente nuestra humanidad y emplear los días de Cuaresma para comprometernos de nuevo a seguir a Cristo, nos renovamos y somos cada vez más conscientes de cómo Dios actúa en nuestras vidas y nos llama a arrepentirnos y a vivir vidas que reflejen la fe en la Buena Nueva.

Participar plenamente en la renovación que nos propone la Cuaresma consiste en examinar y volver a comprometernos con las prácticas que fundamentan nuestra fe y nos recuerdan quiénes somos y quiénes estamos llamadas a ser. Tradicionalmente, esto ha llevado a la gente a centrarse en la oración, el ayuno y la limosna de forma intencionada durante la Cuaresma. La mayoría de las veces esto implica renunciar a algo o adoptar una práctica en cada ámbito. Este año, sin embargo, me pregunto si no sería mejor considerar cómo estas prácticas pueden no solo centrarnos, sino transformarnos, si nos apoyamos en la verdad que subyace a nuestra práctica. 

Nuestra oración, por ejemplo, es una oportunidad para acercarnos más a Dios; podemos optar por considerar en oración nuestros defectos, examinar nuestro papel en la desigualdad racial o compartir con Dios las heridas de nuestro corazón. Dondequiera que nos lleve nuestra oración y sea cual sea el tema sobre el que reflexionemos, debemos recordar el objetivo esencial de nuestra oración: nuestra relación con Dios encarnado en Jesucristo. 

Este es el Dios con el que caminamos en esta estación, el que sufre con nosotras y, en última instancia, el que anhelamos conocer (y que anhela conocernos) más profundamente mientras recorremos el camino hacia la cruz. 

En palabras de la hermana Elizabeth Johnson, de las Hermanas de San José, en su libro La Creación y la Cruz:

"Para los creyentes, la llamada desde lo más profundo de su relación con Dios es hacer todo lo posible para solidarizarse con los que sufren; para enderezar lo torcido, contrarrestar la injusticia, aliviar el dolor y crear situaciones en las que la vida pueda florecer". 

De hecho, es nuestra práctica y nuestra relación cada vez más profunda con Dios, especialmente durante la Cuaresma, lo que nos orienta hacia esa renovación en nuestras vidas y para la vida del mundo.

Doblegando todos nuestros esfuerzos, mediante prácticas como el ayuno, reconocemos nuestra dependencia de Dios. Al pasar necesidad, descubrimos la verdad de dónde/de quién procede nuestra fuerza. También nos solidarizamos con nuestros hermanos y hermanas que no tienen más remedio que vivir con sencillez. Nuestro ayuno es voluntario, el suyo no. Al reconocerlo, renovamos nuestro sentido de la misión de ser uno con todas las personas y de trabajar para que todos tengan lo necesario.

Este renovado sentido de unidad y de llamada a la acción se refleja en la entrega que se nos pide durante la Cuaresma. Damos libre y plenamente, modelando nuestro compartir y sacrificio en el de Jesús. Hacer esto intencionadamente durante la Cuaresma refuerza nuestra relación con Dios y con el prójimo mucho más allá de este tiempo. 

Al dar con intención, renovamos y revitalizamos nuestra llamada a la compasión. Nuestra ofrenda puede incluir bienes materiales, pero para profundizar en nuestro sentido de la renovación en esta temporada, puede que nos sirva dar tiempo y presencia: para escuchar el dolor de otra persona, para relacionarnos profundamente con la confusión de otra persona, o para proporcionar una presencia amorosa que lleve nuestra ofrenda más allá de la caridad a una verdadera relación.  

Cuando seamos capaces de hacer esto, señala Johnson, "entonces una palabra resucitadora podrá afianzarse en este mundo fracturado".

La elección activa de buscar la renovación en Cuaresma es una elección de abrazar la Buena Nueva de Cristo y todo lo que conlleva. Como escribe el teólogo David Tracy: "Cruz y resurrección viven juntas o no viven". La conexión entre ambas forma parte de nuestro camino de renovación en Cuaresma. Sabemos que el viaje cuaresmal nos llevará a la cruz, y estamos tan comprometidos por el Dios que nos llama a defender la Buena Nueva que no podemos evitarlo. Pero el camino no termina en la cruz. Nunca debemos olvidar que la cruz está inextricablemente unida a la resurrección. Ésta es la promesa de la fe, la promesa de una nueva vida en y con Dios. En los días oscuros, este es un buen recordatorio. 

El trabajo de renovación es profundamente personal y profundamente profético. La vida nueva emerge, pero debemos crear las condiciones para que brote. Ese proceso se parece mucho a morir, a una misma, a las carencias, a las intenciones equivocadas y a la acción institucional inmoral.

Al renovar nuestro compromiso con Cristo en este tiempo de Cuaresma, nos ofrecemos a la misericordia del camino. Refinando nuestras acciones y nuestro amor activo, podemos ser transformadas. Este es un tiempo de renovación. Debemos confiar en Dios y comprometernos. Estos próximos cuarenta días nos ofrecen un comienzo de ese proceso. Que aprovechemos este tiempo y sepamos que, tan seguro como que las flores florecerán, Dios trabajará con nosotras y a través de nosotras para hacer brotar una vida renovada.

"Tú eres polvo y yo soy polvo y somos polvo juntos".

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Después de leer

Piensa por un momento en algunas personas o grupos mencionados en el artículo que pueden ayudarnos a profundizar en nuestra experiencia cuaresmal:

  • Los que luchan por la desigualdad racial y otras formas de injusticia. 
  • Los que comen menos no como elección sino simplemente porque tienen menos comida.
  • Los que están dolidos, confusos o solos y necesitan el don de nuestra presencia.
  • Intenta identificar y acercarte a una persona o grupo concreto de tu comunidad que se beneficiaría de tu oración, ayuno u ofrenda más profundos durante esta Cuaresma.
Las Escrituras en primer plano

El Evangelio del segundo domingo de Cuaresma presenta la transfiguración de Jesús.

"Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano,

y los condujo solos a una alta montaña.

Y se transfiguró ante ellos;

su rostro brillaba como el sol

y sus ropas se volvieron blancas como la luz.

Y he aquí que se les aparecieron Moisés y Elías,

conversando con él.

Entonces Pedro respondió a Jesús

'Señor, es bueno que estemos aquí.

Si lo deseas, haré tres tiendas aquí,

una para ti, otra para Moisés y otra para Elías'.

Mientras seguía hablando, 

una nube brillante les cubrió,

entonces de la nube se oyó una voz que dijo:

'Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia;

escúchenle'.

Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron postrados

y tenían mucho miedo.

 

Pero Jesús se acercó y los tocó, diciendo:

'Levántense y no teman'.

Y cuando los discípulos levantaron los ojos,

no vieron a nadie más que a Jesús solo.

Mientras bajaban de la montaña,

Jesús les pidió:

‘No cuenten la visión a nadie

hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos'".

Mateo 17, 1-9

Solo o con un compañero, reflexiona sobre las siguientes ideas y preguntas:

  • Pedro, Santiago y Juan reaccionan con miedo y confusión ante la transfiguración de Jesús. ¿Cómo calma Jesús sus temores? ¿Cómo calma Jesús tus miedos?
  • La hermana Colleen Gibson escribe: "La Cuaresma nos invita a reconocer nuestra humanidad, dónde nos hemos quedado cortos y hasta qué punto dependemos de Dios". ¿Dónde te has quedado tú corto? ¿Cómo confías en Dios cuando te quedas corto?
  • ¿Nombra un defecto que te gustaría cambiar (transformar) durante la Cuaresma?
La llamada de la Iglesia

El papa Francisco reflexiona sobre la transfiguración con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

"La montaña en la Biblia representa un lugar cercano a Dios y un encuentro íntimo con Él, un lugar de oración donde uno se encuentra en presencia del Señor.... Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, debemos estar cerca de Él, seguirle...

Todos necesitamos apartarnos, subir a la montaña en un espacio de silencio, para encontrarnos a nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor. Esto lo hacemos en la oración. Pero no podemos quedarnos ahí. El encuentro con Dios en la oración nos inspira de nuevo a 'bajar de la montaña' y volver a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos agobiados por el cansancio, la enfermedad, la injusticia, la ignorancia, la pobreza material y espiritual".

Papa Francisco, 16 de marzo, 2014

 Preguntas de reflexión:

  • ¿De qué manera resuena en ti la invitación del Papa Francisco a escalar la montaña y estar en presencia de Dios? Si sintieras que Dios te llama a servir a los más pequeños, ¿qué podrías hacer para responder?
  • ¿Quién en tu comunidad está agobiado por el cansancio, la enfermedad, la injusticia, la ignorancia o la pobreza? ¿Cómo podrías ser para ellos un signo del amor?
Sinergia con las hermanas

La hermana Colleen Gibson trata de vivir las palabras que comparte trabajando "para que todos tengan lo necesario" en el Centro Vecinal SSJ de Camden, Nueva Jersey, Estados Unidos. Los ministerios del centro incluyen clases de inglés como segunda lengua, una despensa de alimentos y un huerto comunitario.

Esta Cuaresma explora los servicios de tu zona que apoyan a las personas marginadas por su necesidad de alimentos, conocimientos lingüísticos y otras necesidades. ¿Puedes ofrecer tu tiempo y tu presencia como mentor, cuidando a los niños o ayudando a clasificar y distribuir los artículos donados? Consulta con tu profesor o párroco para ver cómo tú y tu clase puedes lograr un cambio real.

Actuar
  • Con la hermana Colleen Gibson redescubramos nuestro sentido compartido de la misión de ser uno con todas las personas y trabajar para que todos tengan lo necesario. Termina el día con este vídeo: El arte del examen: Misión.
     
  • Ayuda a aliviar el sufrimiento de las familias sin recursos de tu comunidad religiosa. Piensa en tus hábitos de gasto. ¿Cuánto gastas a la semana en comida basura, café, ropa, aplicaciones móviles o películas? Considera la posibilidad de 'ayunar' de algunos de ellos. Comparte lo que hayas gastado en estos productos con el programa de ayuda de tu parroquia.
     
  • Lleva a cabo la misión de Jesús. Considera la posibilidad de crear un club de justicia social en tu colegio. Invita a formar parte del grupo a compañeros a los que se suele pasar por alto. Pide a tu profesor de religión que apoye tus esfuerzos. Busca películas y libros que traten temas de justicia y patrocina una noche de cine
Oración

Señor, guíanos en nuestro camino de misericordia.

Guíanos cuando la vida parezca demasiado ajetreada y caótica.

Guíanos cuando nos enfrentemos a la derrota y al desánimo.

Guíanos cuando nuestra mente se inunde de dudas.

Guíanos cuando nos hayamos perdido.

Guíanos cuando no sepamos ser tu presencia y compasión en un mundo fracturado.

Guíanos cuando ignoremos el sufrimiento de los pobres y los marginados.

Guíanos cuando elijamos la violencia en lugar de la diplomacia. 

Guíanos cuando las corrientes de escándalos en nuestras iglesias y en el mundo sacudan nuestra fe.

Guíanos cuando tengamos miedo de las acciones políticas de nuestros líderes. 

Guíanos a ser misericordiosos con los demás.

Señor, obra con nosotros y a través de nosotros para que surja una vida renovada.

Amén.