La Hna. Joyce Meyer, enlace internacional de las religiosas de GSR y miembro del consejo de administración de la Conrad N. Hilton Foundation, planta un árbol en un proyecto de agricultura comunitaria en las afueras de Mombasa, Kenia. (Foto: Hilton Foundation)
Las recientes visitas a proyectos en Kwale, Nyeri y Kigali renovaron mi esperanza, reafirmaron mi compromiso y pusieron de relieve el poder de las acciones reflexivas y graduales, para avanzar hacia un futuro lleno de esperanza tanto para nuestros beneficiarios como para las personas a las que sirven las religiosas en las periferias de la sociedad.
Durante los últimos ocho meses, la Iniciativa de las Hermanas de la Fundación Hilton ha realizado más de 50 visitas a proyectos en distintos países y con diferentes organizaciones colaboradoras. (La Conrad N. Hilton Foundation es una de las principales financiadoras de Global Sisters Report).
Con estos viajes buscamos comprender cómo se están llevando a cabo los programas, evaluar los desafíos y las oportunidades, y conocer qué es posible gracias a nuestro apoyo. Pero las visitas sobre el terreno ofrecen algo que los informes y los datos, por sí solos, no pueden proporcionar: una cultura del encuentro.
El papa Francisco describió la cultura del encuentro como "no solo ver, sino mirar; no solo oír, sino escuchar; no solo pasar junto a las personas, sino detenerse con ellas; y después dejarse conmover por la compasión para actuar". De este modo, acompañamos a las personas para que vuelvan a imaginar el futuro de sus comunidades.
La Hna. Jane Wakahiu explica cómo las visitas de la Iniciativa de las Hermanas de la Fundación Hilton a proyectos en Kenia, Ruanda y Zambia revelan necesidades que los datos, por sí solos, no pueden mostrar. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
En nuestro trabajo con las religiosas aplicamos el enfoque de la doctrina social católica, que parte de la dignidad de la persona humana y nos pide construir estructuras sociales, económicas e institucionales que permitan que toda persona y toda comunidad puedan desarrollarse plenamente.
Por eso el encuentro es tan importante para nuestro trabajo: para comprender la realidad de las personas y valorar los dones que ya poseen.
Francisco observó en Fratelli Tutti que quienes se encuentran en las periferias suelen percibir aspectos de la realidad que permanecen invisibles para los centros de poder. Una visita sobre el terreno nos acerca a esa perspectiva. Llegamos con preguntas sobre un programa, pero a menudo nos marchamos con una comprensión más profunda de una comunidad: sus fortalezas, sus necesidades, sus relaciones y las oportunidades de transformación que quizá no aparecen en una propuesta o en un informe.
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De la vulnerabilidad a la participación en Zambia
Una reciente visita a la Iniciativa de Agricultores Emergentes en Zambia ofreció un ejemplo muy significativo. En las comunidades rurales, donde la pobreza puede hacer que las niñas sean vulnerables a la trata de personas bajo la falsa promesa de conseguir un empleo en las ciudades, las hermanas afrontan esa vulnerabilidad no limitándose a responder después de que se produzca la explotación, sino ayudando a las familias a alcanzar una mayor seguridad económica.
Esta iniciativa conecta a 10 congregaciones, cada una de las cuales apoya a 75 mujeres en proyectos agrícolas destinados a generar ingresos. Las religiosas han recurrido a agentes de extensión agraria del Gobierno para ayudar a las mujeres a aplicar mejores prácticas agrícolas, mientras que las cooperativas —creadas mediante la iniciativa— aportan valor añadido y comercializan productos, entre ellos aves de corral, cerdos y hortalizas, a grandes distribuidores.
Los resultados van mucho más allá de la agricultura. A medida que los ingresos familiares se vuelven más estables, las niñas permanecen en la escuela y se convierten en defensoras de la lucha contra la trata de personas en sus propias comunidades. Las familias permanecen unidas y se hace posible mantener la esperanza de recibir una educación y tener un futuro.
Esto es la doctrina social católica puesta en práctica. Las mujeres no son receptoras pasivas de ayuda. Sus conocimientos, su trabajo y su capacidad de actuar son elementos esenciales de la solución. Las religiosas las acompañan, los expertos del sector público aportan sus conocimientos especializados y las comunidades desarrollan la capacidad para un futuro más seguro. Es la solidaridad unida a la subsidiariedad y a la participación, orientadas al bien común.
Y el encuentro nos permite ver qué podría venir después.
A partir de lo aprendido en Zambia, la Iniciativa de las Hermanas ha reproducido el modelo en Kenia, involucrando a 10 casas de formación y a sus respectivas congregaciones, y apoyando a más de 300 madres jóvenes vulnerables y a sus familias. El modelo ayuda a las congregaciones a explorar el uso sostenible de la tierra, al tiempo que las jóvenes que están discerniendo la vida religiosa adquieren habilidades prácticas para sus futuros ministerios.
Sin embargo, la visita reveló algo más. Las madres ofrecieron a los miembros de nuestro equipo productos de sus tierras de cultivo, no porque les sobraran, sino como expresión de gratitud y generosidad. Su resiliencia era palpable. También lo eran unas necesidades que fácilmente podrían haber permanecido invisibles desde la distancia. El miedo visible de un niño y su apego a otras personas plantearon preguntas sobre si la protección de menores, el asesoramiento psicológico y el apoyo para la recuperación de traumas deberían formar parte del programa.
Ese es el valor del encuentro: cambia las preguntas que nos hacemos.
En lugar de preguntarnos únicamente si un programa ha alcanzado los resultados que se había propuesto, podemos preguntarnos qué desafíos están surgiendo, qué futuro imaginan las propias comunidades, qué riesgos persisten y qué relaciones o recursos adicionales podrían reforzar una transformación a largo plazo.
En Zambia, 10 congregaciones apoyan a 75 mujeres cada una en proyectos agrícolas: así, las niñas permanecen en la escuela en vez de quedar expuestas a la trata de personas, cuenta la Hna. Jane Wakahiu. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
De los ministerios individuales a una cultura de colaboración
En todo el mundo, las religiosas católicas llevan generaciones permaneciendo cerca de las personas que viven en las periferias, comprendiendo a menudo a las comunidades de una manera que solo puede surgir de años de presencia y confianza.
Históricamente, gran parte de esta labor se ha llevado a cabo de manera independiente por congregaciones individuales. Hoy está sucediendo algo significativo: las religiosas están empezando cada vez más a poner en común esas experiencias.
En las distintas áreas estratégicas de la Iniciativa de las Hermanas, las religiosas han creado más de 135 redes que permiten a las congregaciones colaborar, compartir conocimientos especializados y responder colectivamente a desafíos que ninguna congregación por sí sola puede afrontar adecuadamente.
El cambio es visible en distintos sectores.
En África, las religiosas que ejercen la abogacía están fortaleciendo las relaciones regionales para poder atender mejor a mujeres, niños, personas en movimiento y comunidades que se enfrentan a situaciones de injusticia. Una reciente reunión celebrada en Kenia reunió a más de 200 religiosas abogadas de toda África. En la India existen redes similares a través de Streevani y se está comenzando a establecer conexiones entre religiosas abogadas en México.
Las religiosas que trabajan en comunicaciones también están encontrando maneras de colaborar. En el primer encuentro de este tipo de SIGNIS [Asociación Católica Mundial para la Comunicación] en África participaron 48 religiosas de todo el mundo junto con profesionales de los medios de comunicación, poniendo de relieve la importancia de contar sus historias y las de las comunidades a las que acompañan con precisión, respeto y dignidad.
Y en América Latina, una visita a la Universidad de Monterrey abrió un espacio para otro tipo de colaboración. Las conversaciones con religiosas estudiantes, dirigentes universitarios, profesores y miembros de la comunidad filantrópica permitieron a la Iniciativa de las Hermanas explorar cómo podría adaptarse a otra realidad regional el modelo de Educación Superior para Religiosas en África, no simplemente reproduciéndolo, sino escuchando una vez más en un nuevo contexto.
Esta distinción es importante: las personas que están más cerca de un problema deben participar en la elaboración de la solución. Colaborar no significa hacer que todas las comunidades sean iguales; significa reunir distintos dones, experiencias e instituciones en busca de un bien que ninguna de ellas podría alcanzar por sí sola.
En África y América Latina, las religiosas católicas han creado más de 135 redes para compartir conocimientos y afrontar juntas desafíos sociales que ninguna congregación podría resolver sola, escribe la Hna. Jane Wakahiu. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
El encuentro al servicio del bien común
Esta puede ser una de las lecciones más importantes que está surgiendo de nuestras visitas: las religiosas católicas colaboran cada vez más en favor del bien común.
Sus redes no son un fin en sí mismas. Permiten que los conocimientos desarrollados en una congregación o en un país beneficien a otros, identificar enfoques que han tenido éxito, adaptarlos a diferentes contextos, defender causas con una voz colectiva más fuerte y poner en contacto a los ministerios con conocimientos especializados de los que quizá no dispongan por sí mismas.
Esto refleja lo que la Iglesia entiende por solidaridad: reconocer nuestra interdependencia y convertir ese reconocimiento en responsabilidad hacia los demás.
Por eso las visitas sobre el terreno son importantes.
Mantienen la estrategia conectada con las personas. Y, sobre todo, nos ponen en contacto con religiosas y comunidades cuya proximidad a las periferias les proporciona unos conocimientos que no pueden adquirirse desde la distancia.
El impacto es palpable: una madre que construye su seguridad económica mediante la agricultura; una niña que permanece en la escuela en lugar de quedar expuesta a la trata de personas; una religiosa abogada que defiende a quienes no tienen voz; una comunicadora que cuenta las historias con mayor dignidad; una congregación que descubre que sus tierras pueden sostener tanto su ministerio como a las familias vecinas.
Cada uno de estos casos es una historia de dignidad humana. Juntos revelan algo más grande y nos recuerdan que, más allá del dolor y las dificultades, existen la alegría y la humanidad: "Yo soy porque tú eres, y porque tú eres, yo soy", como escribió el filósofo John Mbiti.
Cuando las congregaciones dejan de trabajar de manera independiente y comienzan a compartir sus dones, su experiencia y sus conocimientos, la colaboración se convierte en algo más que una estrategia organizativa. Se convierte en un camino hacia el bien común.
Cuando nos encontramos con las religiosas y con las comunidades a las que sirven, recordamos que nuestra función no consiste simplemente en apoyar lo que ya está sucediendo, sino en escuchar con suficiente atención para reconocer lo que podría llegar a ser posible cuando las personas que viven en las periferias se unen, se valora su sabiduría y se fortalece su capacidad para transformar sus comunidades.
Para la Iniciativa de las Hermanas Católicas, estas reflexiones son fundamentales a la hora de identificar programas eficaces y reforzar la atención integral que proporcionan las religiosas. Su labor se sostiene en una fe arraigada en la esperanza y en el amor por esas comunidades.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 30 de septiembre de 2026.
