Un profesor voluntario imparte una clase de español en el Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico, en Tapachula, México. Creado por las Apostólicas del Corazón de Jesús, el centro ofrece formación en español y un espacio de encuentro, orientación y acompañamiento para personas migrantes, en su mayoría haitianas. (Foto: cortesía Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico)
El aire en Tapachula amanece inmóvil. A unas cuantas cuadras del centro, las puertas de una casa permanecen abiertas. Quienes llegan no necesitan tocar: entran, saludan y buscan un lugar donde sentarse. La vivienda dejó de funcionar hace tiempo como una casa convencional. Las habitaciones se transformaron en salones de clase y la cocina en un punto de encuentro donde nunca falta agua, café y algo para compartir. Sobre una mesa se acumulan galletas, pan y otros alimentos que estudiantes y voluntarios llevan cada mañana.
Los ventiladores giran sin descanso mientras los cuartos se llenan de conversaciones en criollo haitiano, francés y español. No hay registros burocráticos ni espacios reservados. Las paredes están cubiertas de mensajes, dibujos y notas de agradecimiento dejadas por quienes han pasado por aquí. Más que una escuela, la casa se ha convertido en un punto de encuentro para la comunidad haitiana en Tapachula, México. Hoy los grupos son más pequeños de lo habitual: en los días previos, cientos de personas dejaron la ciudad integrándose a una nueva caravana que busca avanzar hacia el norte del país.
La hermana Ana Barboza forma parte de las Apostólicas del Corazón de Jesús y lleva 42 años de vida consagrada. Llegó a Tapachula hace tres años y medio. Como parte de la misión de su congregación, comenzó a recorrer la ciudad para identificar las necesidades más urgentes de la población. "El objetivo principal de nuestra congregación es estar atentas a tiempos y lugares en las necesidades más apremiantes desde el propio carisma, que es el más ardiente amor a Jesús y la máxima estima de la dignidad de la persona", explica.
Fue durante esos recorridos por las cuarterías donde encontró una situación que se repetía una y otra vez: la dificultad para comunicarse con las personas haitianas que no hablaban español. "El no poder comunicarnos con la población migrante no hablante de español fue el detonante para hacer surgir este proyecto", recuerda.
Las #ApostólicasDelCorazónDeJesús convirtieron una casa de una familia de #Tapachula en escuela de español, refugio y comunidad para los migrantes haitianos en tránsito por #México. #GSREnEspañol #HermanasCatólicas
La Hna. Ana Barboza, de las Apostólicas del Corazón de Jesús, impulsa el Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico en Tapachula, México, donde personas migrantes haitianas aprenden español y encuentran un espacio de encuentro comunitario. (Foto: cortesía Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico)
Apoyo del Servicio Jesuita a Refugiados y de la comunidad de Tapachula
De acuerdo con Barboza, desde sus inicios el proyecto ha contado con el respaldo de personas, organizaciones y comunidades que han acompañado su crecimiento. En los primeros meses, el Servicio Jesuita a Refugiados facilitó el mobiliario básico y las instalaciones donde comenzaron las clases. Con el paso del tiempo, la red de apoyo se amplió. Actualmente, la familia de Yamel Atie y el señor José facilitan la vivienda donde funciona el Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico. La religiosa también destaca el acompañamiento reciente de monseñor Luis Manuel López Alfaro, obispo de la diócesis de Tapachula, cuyo apoyo ha contribuido al suministro de despensas para las personas que participan en el proyecto.
Con el paso de los años, Barboza descubrió que las clases de español terminaron convirtiéndose en algo más amplio que un espacio educativo. "Este espacio se convirtió en su casa, donde la familia se encuentra", explica. Las personas llegan para aprender el idioma, pero también para compartir información, buscar orientación o simplemente encontrarse con otras personas que atraviesan experiencias similares.
La religiosa observa esas dinámicas todos los días. Ve cómo los estudiantes se ayudan entre sí a comprender documentos, encontrar vivienda o identificar oportunidades de trabajo. También presencia momentos más sencillos: una conversación durante el café, alguien que comparte pan con el resto del grupo o una persona que regresa para contar que consiguió empleo. "Me devuelven mucha esperanza y me comprometen a no quedarme con los brazos cruzados", dice.
Los #migrantes haitianos llegan al centro de enseñanza de español en #Tapachula, #México, para aprender el idioma, compartir información, buscar orientación y encontrarse con otros haitianos. #GSREnEspañol #HermanasCatólicas
Cuando habla de la población haitiana, Barboza insiste en la importancia de mirar más allá de los prejuicios. "Si encuentran en su vida a una persona de Haití, [espero que] la acojan desde el corazón, no desde el prejuicio", señala. Para ella, esa disposición a recibir al otro forma parte del sentido profundo de su vocación: "Me devuelven la fe, me devuelven que es posible otro mundo más humano, otro mundo más fraterno".
Entre las primeras personas que llegaron al Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico estaban Mildhed, acompañada de sus hijos Adassa y Junior. Al día siguiente regresaron con otras personas interesadas en aprender español. "Fue a partir de ellos que se fue multiplicando", cuenta Barboza. En pocas semanas, las clases dejaron de caber en aquel primer salón. Tres años después, la religiosa sigue en contacto con ellos desde Estados Unidos, un vínculo que le recuerda los primeros días de la escuela y a quienes ayudaron a ponerla en marcha.
Buena parte del mobiliario del Espacio Intercultural de Idiomas Español Básico ha llegado mediante donaciones. Las sillas, los ventiladores, los armarios y las mesas pertenecían antes a otras organizaciones o personas que decidieron dejarlos ahí. Barboza conoce la historia de muchos de esos objetos. "¿Quién nos hizo llegar esa silla? ¿Quién nos hizo llegar ese armario? Porque ahorita a lo mejor son para nosotros, y al ratito pueden ser para otra organización con fines humanitarios", comenta mientras señala algunos de los muebles repartidos entre las aulas.
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Una red de voluntarios laicos, maestros y religiosas
El proyecto funciona gracias a una red de personas que sostienen las actividades cotidianas. Actualmente participan las religiosas Ana Barboza y Verónica Hernández Alegría, tres personas voluntarias de la localidad —entre ellas Eric, originario de Guatemala— y doce maestras y maestros haitianos. La mayoría llegó inicialmente como estudiante y, con el tiempo, comenzó a apoyar en las clases.
Uno de los maestros es Emmanuel Israel, quien en Haití trabajó como profesor y, tras verse obligado a abandonar su país, llegó a Tapachula, donde hoy enseña español a otras personas migrantes. Sus clases se centran en situaciones cotidianas: leer una cita oficial, solicitar trabajo, rentar una habitación o entender un documento. "Saber el idioma no es solamente un derecho, sino un arma para poder defenderse", explica. Su historia refleja una dinámica que la Hna. Barboza destaca con frecuencia: quienes atravesaron primero el proceso de adaptación suelen convertirse en los mejores acompañantes para quienes llegan después.
Tapachula se ha convertido en un lugar de espera para miles de personas migrantes. Miguel Hernández, jefe de la Unidad Tapachula en Chiapas de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (Chirla, por sus siglas en inglés), explica que muchos la describen como una "ciudad cárcel" debido a los retenes migratorios instalados en las carreteras que dificultan salir de la región. Josué Gómez, del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, señala que los procesos ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados pueden prolongarse durante meses e incluso más de un año, en oficinas donde no existen traductores oficiales para criollo haitiano o francés.
Dentro de la casa de la Hna. Barboza, esas dificultades aparecen todos los días convertidas en preguntas concretas: cómo leer un documento, cómo responder una entrevista o cómo pedir ayuda en una oficina pública. La convivencia cotidiana es una de las cosas que más la sorprende. Después de más de tres años de clases, dice que no recuerda haber presenciado un altercado dentro de la escuela.
Durante los descansos, algunos estudiantes se quedan conversando en el patio mientras toman café o agua. Otros aprovechan para preguntar por una dirección, revisar algún documento o intercambiar información sobre trámites, empleos y lugares donde rentar una habitación. Las clases continúan más allá de los cuadernos y el pizarrón.
Esos intercambios le recuerdan a Barboza los primeros días de la escuela y el camino que han recorrido quienes pasaron por ella. "Me devuelven la fe, me devuelven que es posible otro mundo más humano, otro mundo más fraterno", expresa.
Mientras la religiosa termina la conversación, algunas personas comienzan a llegar para la siguiente clase. Una mujer deja una bolsa de pan sobre la mesa de la cocina y el aroma del café recién hecho se mezcla con las voces que llegan desde las aulas. Afuera, el calor sigue inmóvil sobre las calles de Tapachula. Adentro, la casa vuelve a llenarse de personas, conversaciones y nuevas lecciones.
