
La hermana salesiana Ana Julia Suriel Sánchez durante la Conferencia Iberoamericana de Rectores de Universidades, celebrando el décimo aniversario de Laudato Si', del 20 al 25 de mayo en Río de Janeiro, Brasil. (Foto: GSR en español/Luis Donaldo González)
En un papel poco común para una religiosa en la educación superior, la hermana salesiana Ana Julia Suriel Sánchez administra y supervisa uno de los campus de la única universidad pública de la República Dominicana dedicada exclusivamente a la formación de educadores.
“Trabajo en una institución pública porque el Gobierno dominicano cree en la educación fundada en el humanismo cristiano”, dijo Suriel Sánchez a Global Sisters Report en español durante la Conferencia Iberoamericana de Rectores Universitarios realizada con ocasión del décimo aniversario de Laudato Si’ en Río de Janeiro, Brasil, el pasado mes de mayo.
“En este campus tenemos libertad para educar desde nuestra pedagogía y desde nuestra visión”, dijo Suriel Sánchez, quien agregó: “Dentro del marco de las normativas de la institución, nosotras implementamos y ofrecemos una formación que educa a los jóvenes de manera integral”.
Como vicerrectora ejecutiva del campus Emilio Prud’Homme (EPH) del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (Isfodosu), sor Ana Julia dirige la formación de los docentes, quienes educarán a las próximas generaciones de ciudadanos de su país.
Actualmente hay ocho universidades católicas en la República Dominicana. Sin embargo, en 1989, el Gobierno de ese país entregó la gestión del campus Emilio Prud´Homme a las Hijas de María Auxiliadora, la congregación de Suriel Sánchez.
“Trabajo en lugares en donde se definen políticas educativas de mi país”, dijo Suriel Sánchez.
"Busco que los programas educativos que ofrecemos tengan un buen fundamento en el humanismo cristiano. Esto incluye valores como justicia, servicio y rigor académico": Hna. Ana Suriel, vicerrectora en Isfodosu, República Dominicana

La hermana salesiana Ana Julia Suriel Sánchez (centro), junto con rectores o representantes de universidades, durante las conversaciones sinodales de la Conferencia iberoamericana de Rectores de Universidades en el décimo aniversario de Laudato Si'. (Foto: Luis Donaldo González)
Además de su cargo como vicerrectora de la universidad, Suriel Sánchez es representante de la educación católica ante el Ministerio de Educación de la República Dominicana. La religiosa también sirve como presidenta de la Unión Nacional de Escuelas Católicas, que está conformada por cerca de 400 escuelas católicas de este país caribeño.
"La educación católica en Latinoamérica se enfrenta a un tiempo muy complicado", dijo Suriel Sánchez. "Los nuevos paradigmas económicos, políticos, sociales y pedagógicos cuestionan el valor de la vida, el derecho a la libertad religiosa y el valor de la verdad", añadió.
"La educación superior debe comprometerse a formar a las nuevas generaciones con una profunda conciencia de las principales realidades del contexto latinoamericano: la pobreza, la desigualdad, la exclusión, la diversidad en todas sus formas y las múltiples formas de vulnerabilidad, incluida la migración forzosa", indicó la religiosa.
En 2019, el papa Francisco lanzó el Pacto Educativo Global (PEG) con el objetivo de fomentar la solidaridad universal y el entendimiento mutuo entre las generaciones más jóvenes y las mayores a través de la educación. Desde entonces, Suriel Sánchez ha trabajado activamente en su implementación tanto en su propio país como en toda América Latina.
"Desde la publicación del PEG, hemos acompañado su implementación en nuestras instituciones, promoviendo espacios de reflexión, acción pedagógica y evaluación compartida de logros, desafíos y aprendizajes", afirmó. "Este pacto es una forma de dejar a las nuevas generaciones un mundo más humano, solidario y habitable, tanto ecológica como socialmente", puntualizó.
Como una de los 230 rectores universitarios que asistieron al encuentro en Río, Suriel Sánchez afirmó que las universidades de diferentes países deben ser capaces de crear redes entre sí. "La educación superior no puede subsistir aislada. Es necesario construir puentes entre universidades", indicó.
Suriel Sánchez habló con Global Sisters Report en español y reflexionó sobre su ministerio, el estado de la educación superior en América Latina y la misión de las universidades católicas en medio de contextos culturales y políticos cambiantes.
Advertisement
GSR: ¿Cómo define su ministerio en favor de la educación superior?
Suriel Sánchez: Mi misión es ejercer un liderazgo que se enfoque en la educación integral de los jóvenes. Esto es formar a profesionales —en mi caso educadores— que no solo sirvan a los sistemas económicos, sino a las sociedades.
Como vicerrectora, busco que los programas educativos que ofrecemos tengan un buen fundamento en el humanismo cristiano. Esto incluye valores como la justicia, el servicio y el rigor académico. Al mismo tiempo, como religiosa, mi misión es estar atenta a las necesidades de los jóvenes y de aquellos que trabajan en mi campus. En mi oficina recibo a muchas personas que vienen a mí no solo para tratar problemas académicos o administrativos, sino también para hablar sobre temas esenciales para la vida.
Mi misión también es trabajar para que los estudiantes encuentren sentido a sus vidas y a su vocación. Más allá de graduarse para ganar el sustento de sus vidas, mi ministerio se centra en hacer personas capaces de transformar la sociedad.
¿Cuáles son los retos de la educación superior en Latinoamérica?
Actualmente existe un déficit educativo generalizado en América Latina. Según el Banco Mundial, más del 50 % de los estudiantes latinoamericanos de 10 años no pueden leer ni comprender un texto sencillo. Este es un fenómeno conocido como ‘pobreza de aprendizaje’.
En la educación superior hay desigualdad, poca inversión y una limitada coordinación entre la formación académica, las necesidades reales del mercado laboral y los desafíos sociales contemporáneos.
Además, muchas universidades en la región carecen de sistemas sólidos de evaluación y aseguramiento de la calidad. Estas situaciones crean una brecha entre los egresados universitarios de América Latina y los de otras regiones del mundo. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico los profesionales formados en universidades latinoamericanas enfrentan mayores dificultades para insertarse en mercados laborales globales debido a déficits en habilidades técnicas, digitales, lingüísticas y de pensamiento crítico.
Desafortunadamente, uno de los principales desafíos para la educación superior en Latinoamérica también es responder a los cambios sociales acelerados, las dinámicas migratorias y las nuevas necesidades que emergen de generaciones de jóvenes marcadamente influenciadas por la tecnología y la cultura digital.
Aunque ha habido avances en muchos países, la región aún arrastra problemas estructurales que exigen una transformación profunda del sistema educativo, con una visión integradora, sostenible y centrada en la equidad.

En febrero, la Dra. Nurys del Carmen González, presidenta del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, visitó el campus Emilio Prud’Homme, encabezada por la Hna. Ana Julia Suriel Sánchez, vicepresidenta ejecutiva y responsable del campus. De izquierda a derecha: Yenny Alt. Rosario, directora de asuntos académicos; Del Carmen González; sor Suriel Sánchez; Mary De León Hernández, directora de asuntos administrativos y económicos. (Foto: cortesía Ana Julia Suriel Sánchez)
¿Cómo la universidad puede impactar en ámbitos como la justicia social y el cuidado de la casa común?
La universidad debe ser agente de transformación social y del bien común. Desde su rol académico, la universidad investiga, analiza y propone soluciones científicas a los problemas sociales. Este esfuerzo solo alcanza su verdadero sentido cuando esas respuestas se traducen en acciones concretas que benefician a las comunidades reales.
En mi campus, nosotras implementamos programas de investigación y acción que son una estrategia clave para hacer que los estudiantes conecten con los problemas sociales y medioambientales actuales. Formamos a los futuros docentes para que desarrollen una mirada crítica, analítica y reflexiva, pero también los capacitamos para que sean capaces de intervenir propositivamente en sus contextos.
Con este tipo de visión, la universidad se convierte en un puente entre el conocimiento y la transformación social, contribuyendo así a una sociedad más justa y sostenible.