ENTREVISTA | Hna. María G. Trivilino sobre la pastoral de la escucha y la recuperación de personas con adicciones

Hna. María Graciela Trivilino, izquierda, en la Fazenda da Esperanza de Florencio Varela, donde reciben, acompañan y rehabilitan a jóvenes y adultos con adicciones. (Foto: cortesía Graciela Trivilino)

La Hna. María Graciela Trivilino, izquierda, en la Fazenda da Esperanza de Florencio Varela, donde reciben, acompañan y rehabilitan a jóvenes y adultos con adicciones. (Foto: cortesía Graciela Trivilino)

Desde que la hermana Graciela Trivilino descubrió el llamado de Dios en su vocación al servicio de los más necesitados, muchas fueron las vidas de personas a quienes como voluntaria en la Familia de la Esperanza ayudó a salir —junto a otras hermanas de su congregación— del mundo de las drogas y a vivir un camino de paz y armonía. 

Pedro (pseudónimo) es uno de los muchos casos y testigo de cómo la palabra y el entendimiento del prójimo pueden lograr cambios radicales en aquellos que creen haberlo perdido todo. “Yo tenía dos caminos: o venía acá, o no daba cuenta de mi vida”, le había compartido a Trivilino al conocerla.

Hace ya 12 años que las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción de María de Bonlanden realizan un servicio en uno de los barrios de Florencio Varela, en Buenos Aires, Argentina, que requiere de una amplia capacidad de escucha y también de cercanía, para que quienes transitan el proceso se sientan realmente acompañados  y así puedan recuperar su vida.

Este año Trivilino cumple 40 años de vida religiosa, con una gran trayectoria al servicio de recuperación de personas con problemas de adicción. En la fazenda o granja trabaja con varones exclusivamente; en este lugar pueden alojarse hasta 30 internados a la vez, cuyas edades van desde los 14 años hasta adultos mayores. Hasta el momento, unas 800 personas han pasado por sus puertas para cambiar sus vidas. 

Según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Delito,  Argentina es uno de los países sudamericanos donde más creció el consumo de cocaína en los últimos años. También tiene una alta prevalencia de consumo de drogas en el contexto de América Latina y el mundo, donde solo una fracción de los argentinos en situación de consumo problemático los recibe. En ese escenario, Trivilino, junto con el trabajo de otras hermanas y voluntarios, se encuentra colaborando en la Familia de la Esperanza, donde reciben, acompañan y rehabilitan a jóvenes y adultos a superar el flagelo de las drogas.

En una conversación con Global Sisters Report, Trivilino abrió las puertas de su comunidad para contar el trabajo que realiza y cómo este le abrió los ojos a un “nuevo mundo” desconocido para ella. 

Día de entrega de diploma como ‘Embajador de la esperanza’ a uno de los internados recuperados en la fazenda. (Foto: cortesía María G. Trivilino)

Día de entrega de diploma como ‘Embajador de la esperanza’ a uno de los internados recuperados en la fazenda. (Foto: cortesía María G. Trivilino)
 

GSR: ¿Cómo fue que se decidió abrir esta sede para trabajar sobre las adicciones?

Trivilino: La Familia de la Esperanza nació hace 30 años en Guaratinguetá, Brasil. Esta se fue expandiendo y llegó a oídos de la Diócesis de Quilmes (a la que pertenece Florencio Varela), donde el obispo Luis Stöckler junto al padre Armando Dessy fueron haciendo camino con los fundadores de la Familia de la Esperanza para abrir una Fazenda de Esperanza en el barrio Santa Rosa. El obispo Luis Stöckler preguntó en su momento, a la superiora provincial de las Franciscanas de Bonlanden si podrían colaborar en el proyecto que se iniciaría, y así fue que comenzó una hermana, y luego siguieron ayudando otras hermanas. Esto nos llevó a la necesidad de capacitarnos en instancias diocesanas y también en Brasil. Fue un despertar nuevo en mi vida religiosa este desafío que nos presentaba el Señor Jesús.

"Nosotros trabajamos [en la granja] sobre 3 pilares: espiritualidad, convivencia y trabajo. Se busca que cada persona recupere el sentido de la vida": Hna. María Trivilino, voluntaria en #FamiliaDeLaEsperanza contra las adicciones. #GSRenespañol

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Este año, la Hna. María Graciela Trivilino cumple 40 años en la vida religiosa. (Foto:  cortesía María G. Trivilino)

Este año, la Hna. María Graciela Trivilino cumple 40 años en la vida religiosa. (Foto:  cortesía María G. Trivilino)
 

¿Qué tipo de tareas realizan junto con los internos en la fazenda?

Nosotros trabajamos sobre tres pilares: espiritualidad, convivencia y trabajo. Se busca que cada persona recupere el sentido de la vida. Cabe destacar que en este centro no hay medicación ni psicólogos. He acompañado chicos al psiquiatra, pero con la anuencia de los responsables. Aquí se les da una formación muy especial.

Cada persona que decide internarse dentro de las fazendas, lo hace por un año entero. Al principio nos dedicamos principalmente a la escucha, que consiste en un plan en el tiempo con cada uno de los jóvenes que se internan. Aquí asisten chicos con historias muy variadas, algunos que pasaron por juzgados, por otros centros, etc. Así fue que terminé haciendo una actividad que nunca me había imaginado: cómo ayudar a los internados en sus trámites, etc.

El trabajo integral implica ocuparse de todo el individuo, de escucharlo, de pasarle un pañuelito cuando llora; porque se logra una apertura con muchas heridas. Es como abrir una lata de tesoros, que estuvo cerrada por mucho tiempo y en donde quedó todo mezclado, para que surja un nuevo ser. Podría decir que con esta experiencia yo vi otra faceta de la vida.

Siempre digo que lo importante es el respeto en el modo de hablarles; al principio intentamos hablar lo menos posible, para recibir a la persona como viene. Este trabajo de escucha me llevó a desarrollar diferentes técnicas para lograr una mejor aproximación con los pacientes. Una de ellas: presentarse como un par.

El 20 de marzo de 2020 el Gobierno argentino decretó el aislamiento social preventivo y obligatorio, que prohibía a todos los ciudadanos (que no realizaban tareas esenciales) salir de sus hogares. ¿Cómo fue el trabajo durante el tiempo de la pandemia?

En este período formé parte de la Red de Pastoral de la Escucha,  desde la Diócesis de Quilmes, para ayudar a los que pedían ayuda de cualquier tipo. En el primer año de pandemia no pudimos recibir a ningún joven, por eso armamos una red de teléfonos a nivel diocesano con nuestros números y nombres colgados en cualquier lado, incluso en los alambrados de las calles. La primera llamada que recibí fue de la provincia de Salta (en el norte argentino) por un adicto, y comenzamos a hacer las redes para que se pudiera internar.

Hna. Trivilino junto con los internados de la fazenda Familia de la Esperanza luego de una jornada de actividades. (Foto: cortesía María G. Trivilino)

Hna. María G. Trivilino junto con los internados de la fazenda Familia de la Esperanza luego de una jornada de actividades. (Foto: cortesía María G. Trivilino)

¿Qué sucede con los recuperados?

Muchas personas, una vez que terminan el año en la fazenda, son enviadas como ‘Embajadoras de la Esperanza’. Aquí les damos un diploma donde acreditamos su recuperación y les armamos como si fuera una fiesta de egresados del colegio. Ese concepto de ‘embajadores’ fue tomado del papa Benedicto XVI que visitó la Fazenda de Esperanza en su ‘casa madre’ de Guaratinguetá en Brasil y donde hizo mención de ese término. Por otra parte, en Florencio Varela, junto al primer responsable de la Fazenda da Esperanza, Domicio Queiroz, y algunas hermanas y laicos, formamos el Grupo de Esperanza Viva (son los grupos que tienen el fin de acompañar a los recuperados que se reúnen a compartir la Palabra de Dios, animándose mutuamente a vivirla).

Hay jóvenes que perseveran, y hay también otros que recaen y se vuelven a internar. Muchas veces se debe al entorno, porque cuando vuelven a su origen, se insertan en contextos  muy difíciles para quienes se reintegran. Por eso muchos escogen ir a otros lugares donde puedan vivir el estilo de vida de la fazenda.

Este año usted cumple 40 años al servicio como religiosa, ¿qué reflexión puede compartirnos sobre su trabajo?

En primer lugar, destaco la misericordia de Dios. Yo era una adolescente muy entregada a lo social, abocada a la ayuda de los más necesitados; pero a la vez, fui muy contestataria y rebelde. Siempre decía frente a mis amigos que quería ser misionera en África, no acá. Pero al entrar al postulantado debí quedarme en Florencio Varela, y con el tiempo me di cuenta que la misión no pasa por un lugar específico sino por una actitud del corazón. 

Fue como que Dios me dijera: “Quedate en Varela que yo te mando la gente”. El Señor me fue llevando en la vida religiosa a esos lugares a los que yo pensé que para vivir una experiencia como consagrada religiosa tenía que ir lejos. Lo que me enseñó el Señor es que si uno está dispuesto a servirlo, él va mostrando los lugares.

Puedo resumir mi experiencia en la cita bíblica que elegí cuando hice mi consagración: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” [Filipenses 4, 13]. 

Siento que el Señor no se deja ganar en generosidad, porque a veces iba cansada a la fazenda y volvía con más energía de la que tenía. En ocasiones me encontré preguntándome: “¿Qué pasa que estoy tan contenta?”, y lo asocio con esta otra cita de Mateo 25: “Estuve enfermo y me visitaste”.

Mi comunidad y mi congregación son mi familia y desde el don del carisma, “servir a Dios en espíritu y verdad”, nos sentimos llamadas a descubrir el rostro de Dios en los servicios a los que Él nos envíe.