La hermana Nancy Negrón, vicepresidenta de la CLAR (2018-2022), junto al papa Francisco durante una visita oficial al Vaticano de la presidencia de la CLAR para presentar el Horizonte Inspirador y visitar dicasterios, en noviembre de 2019. (Foto: cortesía Nancy Negrón)
Hay momentos en la vida en que Dios llama, y su invitación no siempre es fácil de entender ni de seguir. Escuchar ese llamado implica detenerse, mirar dentro de uno mismo y decidir con valentía, incluso sin tener todas las respuestas.
Este mes, las panelistas de La Vida exploran sus experiencias con esa invitación a decir 'sí' a Dios, guiadas por la pregunta:
¿Recuerdas un momento en tu vida en que sentiste el llamado a decir 'sí' a Dios, aunque fuera difícil o incierto? ¿Cómo impactó tu camino esa decisión?
En el panel La Vida de marzo, varias hermanas evocan el proceso de su ‘llamada’. En medio de las dudas descubrieron que el sueño de Dios germina gracias a los pequeños 'síes' de cada día, entretejidos en la vida en comunidad.
La Vida, testimonios de la vida consagrada
Aurora Becerra Guzmán, de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad, es licenciada en Matemáticas con estudios en Biblia y Teología. Ha desempeñado su actividad apostólica en México, Estados Unidos y Japón, principalmente en la pastoral educativa y formación inicial. Actualmente forma parte de la comisión de espiritualidad y colabora en la comunidad parroquial de Mito, Japón, apoyando la formación espiritual de los latinos que viven en este país.
A principios de marzo, después de un tiempo de vacaciones en México, regresé a la misión de Japón que me ofrece muchas oportunidades para renovar el 'sí, quiero' de mis primeros votos.
Además de descansar y compartir con mi familia, mis hermanas y amistades, viví dos experiencias importantes.
Acompañé a la hermana Ema en su primera profesión. Allí escuché el canto No sé decir. El estribillo decía: "Por ti, solo por ti me lanzo al mar". La letra me hizo pensar si serán distintos el 'mar' de una recién profesa y el de una profesa con más de 30 años de vida religiosa. Tal vez. Sin embargo, ambas nos lanzamos con audacia porque confiamos en que Dios camina con nosotras.
Al despedirme, algunas hermanas me dijeron: "Gracias por tu sí". No era la primera vez que escuchaba ese agradecimiento. En varias ocasiones me han dicho: "Gracias por tu sí de cada día". Pienso que ese 'sí diario' no es solo mío; es de Dios o, en todo caso, es un 'sí' compartido entre Él y yo. Creo que por mí misma no tendría la audacia para responder 'sí' a todo lo que Él quiere de mí.
Me explico. Un poco antes de terminar la primaria escuché por primera vez la invitación de Dios a seguirlo de forma radical. Mi mamá me propuso que estudiara la secundaria. Acepté, y con ello continuaron mis estudios hasta graduarme de la universidad. Por entonces trabajaba en una papelería transcribiendo tesis. Al aparecer las impresoras láser, decidí comprar una para ofrecer un mejor servicio.
Hna. Aurora Becerra Guzmán junto con Hna. Ema Aguilar Castellón el día de la primera profesión de Aguilar como una de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad en febrero del 2026. (Foto: cortesía Hna. Aurora Becerra)
Fue entonces cuando volví a escuchar la invitación de Dios. Su voz no reclamaba el paso del tiempo. Simplemente me decía que seguía esperando mi respuesta.
Cuando llegó la impresora a casa, no pude abrir la caja. Tenía miedo de que el negocio que empezaba fuera un obstáculo para responder a Dios. Un día, mi madre preguntó por qué la impresora seguía empacada. No pude responder.
Como participaba en un grupo misionero con los Misioneros de Guadalupe, fui a platicar con nuestro asesor, quien conocía mi inquietud. Recuerdo que al escuchar mis temores me dijo: "Ahora mismo regresas a casa, abres la caja y comienzas a usarla. No temas. Si Dios te llama, ningún negocio se interpondrá a su llamado ni a tu respuesta. Es más, ese negocio te impulsará a dejarlo todo para seguir radicalmente a Dios".
Eso hice. Hoy, muchos años después, intento que cada temor sea un trampolín que me lance con audacia a seguir diciendo "sí, quiero", porque sé que Dios siempre camina conmigo.
"En varias ocasiones me han dicho: 'Gracias por tu sí de cada día'. Pienso que ese sí diario no es solo mío (...). Creo que por mí misma no tendría la audacia para responder sí a todo lo que Él quiere de mí": Hna. Aurora Becerra
Enedina Juárez, mexicana y miembro de la Congregación de las Hermanas de San José de Lyon, estudió Psicología Laboral y Ciencias Religiosas en la Universidad Iberoamericana. Cuenta con un diploma en Acompañamiento Psicoespiritual, Perdón y Reconciliación, y enseña a partir de la metodología de las Escuelas de Perdón y Reconciliación. Ha acompañado a Comunidades Eclesiales de Base en México y Honduras. Actualmente, está inserta en la Arquidiócesis de Xalapa, donde colabora en la Radio Católica con temas relacionados con la paz y el perdón, en el marco del Diálogo Nacional por la Paz, en el que participó en septiembre de 2023. Los sábados trabaja con grupos de jóvenes.
Recuerdo que estaba en la India, en una experiencia internacional, con el grupo de hermanas junioras de aquella provincia, en 1995. Era una oportunidad para descubrir toda la riqueza que aquel país podía ofrecerme y conocer su cultura y la vida religiosa a través de mis hermanas.
Al igual que todas las hermanas, recibí la convocatoria para discernir sobre un llamado a una nueva misión en Centroamérica. Decía la portada de ese proyecto: "Repara mi Iglesia" (Francisco de Asís).
Desde ese momento me sentí movida y cuestionada ante la posibilidad de poder colaborar, pero no podía anotarme porque estaba en preparación para los votos perpetuos, así que por el momento, lo descarté. Aun así, contesté que me entusiasmaba que, como Provincia de México, pudiéramos responder a ese llamado en Honduras.
Después de seis meses en la India regresé a México y en la entrevista con la provincial, en el mes de enero, platicamos sobre la fecha de la celebración de mis votos y, por supuesto, hicimos una relectura de la experiencia. Todo fue en breve tiempo porque me enviaba a la nueva misión con dos hermanas más, quienes conformaríamos la comunidad.
Para la fiesta de San José de 1996 ya deberíamos estar por aquellas tierras.
Al principio, ante la propuesta de ir a esa nueva misión, me sentí desconcertada. Llegaba de una experiencia fuerte, donde experimenté la interculturalidad en todo su esplendor, con aciertos y desaciertos, por el choque de culturas. Por eso mismo, pensaba que no daría el ancho ante algo nuevo y desconocido. De Honduras solo sabía que se hablaba español y que se comía tortilla como en México, pero nada más.
De izquierda a derecha: Lourdes González Sarabia, Guadalupe Gómez, Enedina Juárez, y Mons. Mauro Muldoon, OFM, cuando Juárez llegó a la nueva misión de las Hermanas de San José de Lyon en 1996 en Juticalpa, Olancho, Honduras. (Foto: cortesía de Enedina Juárez, restaurada con IA)
Sin embargo, me sentí contagiada al contemplar a María cuando el ángel la visita para sumarse al proyecto de Dios para la humanidad, y ella, al decir 'sí', acepta su participación en el camino de redención que Jesús escoge. María asume y acepta, como voluntad para ella, la manera como Jesús asume la redención (EE núm. 7).
En libertad y paz, me sentí llamada a dar mi 'sí' para ser enviada a la nueva misión, confiando solamente en Dios.
Esta decisión me llevó a vivir una etapa de mucha creatividad pastoral.
Aún recuerdo nuestra llegada a Manto, Olancho, y cómo nos recibieron en la entrada del pueblo. A partir de ese momento permanecí cinco años en la misión, entre café, ríos, bosques y montañas, rodeada del cariño de las personas.
"En libertad y paz, me sentí llamada a dar mi 'sí' para ser enviada a la nueva misión, confiando solamente en Dios": Hna. Enedina Juárez sobre propuesta recibida para misionar en Centroamérica en los años 90
Ingrid Zhamaira Cortés Urbina, misionera y catequista, está en la etapa del juniorado de las Hermanas Dominicas de la Doctrina Cristiana. Tiene diplomados en Catequesis (Centro Catequístico Obra Niño Jesús, Colombia), Pastoral Juvenil Vocacional (Cebitepal del Cema), y Antiguo Testamento (Instituto San Pablo). Ha trabajado en Colombia y Perú con diversas poblaciones en contextos urbanos y rurales, en retiros y formación de grupos parroquiales. Actualmente reside en Perú y continúa su formación académica y espiritual.
Antes de ser quien soy hoy en mi congregación, hubo un momento exacto en el que le dije 'sí' al Señor. Fue una decisión que no se tomó de la noche a la mañana, sino que se fue cocinando a fuego lento durante años, entre aciertos y desaciertos.
Recibí mis primeros sacramentos ya grande, a los 22 años. Antes de eso, no tenía una relación cercana con la Iglesia, pero mi corazón siempre fue inquieto. Me conmovía la bondad de la gente y me perdía admirando la naturaleza; sentía cosas grandes, aunque en ese entonces no sabía que tenían el nombre de Dios.
Recuerdo especialmente un día, tres años antes de empezar mi camino como consagrada en la que ahora es mi comunidad religiosa. Subía una cuesta empinada hacia la casa de mi hermana, allá en la falda de la montaña. A mitad de camino me detuve a descansar en un mirador de la ciudad donde vivía. En ese silencio, se me vinieron mil cosas a la cabeza: mis estudios en la universidad, las ganas de tener mi propia casa, los viajes que soñaba hacer, la idea de formar una pareja. También era consciente que mi corazón había cambiado después de la catequesis que recibí en mi preparación sacramental y del deseo de acercarme a Dios.
Y ahí, en medio de la montaña, me puse a hablar con Él. Sentí que no quería que nada —ni los deseos del mundo ni mis propios planes— me distrajeran de su mirada. Así que, mientras seguía subiendo, le dije que 'sí'. Fui soltando mis anhelos y preocupaciones en sus manos, uno por uno, sabiendo que no podían estar en mejor lugar. Fue un giro de 180 grados en mi vida.
La Hna. Ingrid Cortés durante la celebración de la fiesta de santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores y el aniversario de su congregación religiosa en el colegio San Martín de Porres, en Arequipa, Perú, el 8 de agosto de 2025. Ofrenda en acción de gracias por las tres hermanas que laboran en el colegio. (Foto: cortesía Ingrid Cortés)
Después de eso, todo cambió de color. Empecé a pasar más tiempo en la parroquia, a conocer mis sombras y mis luces. Me veo a mí misma, muchas noches al salir del trabajo, arrodillada en el atrio de la iglesia, entendiendo por fin mi propia pequeñez y cuánta falta me hacía estar con Dios. Fue una etapa de aprender a verme y quererme como Dios lo hace. Mis prioridades dieron un vuelco: mi segundo hogar era la comunidad parroquial y trabajaba solo lo necesario, para poder dedicar tiempo a la catequesis y a las misiones.
Cuando finalmente conocí a las hermanas de mi actual congregación, vi en ellas algo que me cautivó: la presencia real de Dios en lo cotidiano. Sentí que quería ser parte de algo mucho más grande que mis propios sueños. Hoy, cada mañana, vuelvo en mi memoria a esa montaña y camino con Él, dejando atrás a la mujer que fui para abrazar con fuerza a la consagrada que soy ahora.
"En medio de la montaña me puse a hablar con Él. Sentí que no quería que nada —ni los deseos del mundo ni mis propios planes— me distrajeran de su mirada. Así que, mientras seguía subiendo, le dije que 'sí": Hna. Ingrid Cortés
Advertisement
Maite Fernández, miembro de la Congregación de las Hermanas de Santa Dorotea de Cemmo, ingresó a la vida religiosa en 2017. Actualmente vive en una comunidad en Argüello Norte, Córdoba, Argentina. Es acompañante terapéutica y estudiante avanzada de Ciencias Sagradas.
Pensar en esta pregunta me lleva indudablemente al momento en que decidí ser religiosa, ser toda de Dios en este estilo de vida. Desde muy pequeña abracé mi fe y sentí a Jesús tan dentro de mi historia, que a medida que iba creciendo, más fuerte era mi adhesión a Él, a su proyecto de Reino y al servicio misionero cerca de los más necesitados.
Mientras me preparaba para recibir el sacramento de la confirmación, me iba integrando fuertemente a la vida comunitaria de mi parroquia: era parte del grupo juvenil, participaba en los campos misioneros en las zonas rurales más vulnerables y acompañaba a mi párroco a las diversas comunidades distantes a kilómetros y kilómetros de la sede. Todo eso, de una manera u otra, fueron forjando mi vínculo con el Señor, un vínculo que se fue tejiendo día a día, un lazo que me llenaba de amor y felicidad.
Como última experiencia espiritual fuerte antes de recibir el sacramento, nuestros catequistas de confirmación nos invitaron a realizar un retiro espiritual llamado "Estación". Fue en esos días que, de una manera única y especial, Jesús me habló al corazón con una nueva invitación que quería hacerme. Aún sin comprender bien de qué se trataba, acogí esa voz en mi interior. Luego de un tiempo comprendí que se trataba de un 'llamado'. No puedo negar el desconcierto que sentí, pero decidí ser fiel a ello y buscar hacia dónde el Señor me quería llevar.
Conocía ya a las Hermanas Doroteas de Cemmo y con ellas inicié el proceso de discernimiento.
Después de un tiempo descubrí que mi lugar estaba aquí, entre ellas, donando mi vida a través de su carisma.
La Hna. Maite Fernández profesa sus primeros votos en manos de la Consejera General de la congregación de las Hermanas Doroteas de Cemmo, la Hna. Blanca Sosa; en Clodomira, Santiago del Estero, Argentina, el 12 de febrero de 2022, en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. (Foto: cortesía Maite Fernández)
Pero no fue nada fácil; la incomprensión de mi familia marcó mucho mi decisión y frenó durante largo tiempo mi paso. Fue un tiempo que, sin dudas, Jesús acompañó, en el que me fortaleció y en el que pude crecer en libertad.
Luego de esos años, con más conciencia y tomando mi vida en mis manos, pude responder con la misma convicción que la primera vez. La realidad seguía siendo difícil; sin embargo mi actitud era otra, porque había asumido que era mi vida la que estaba en juego, la de nadie más, y que el Señor da el coraje cuando los planes son suyos.
Mi camino cambió por completo. Con el tiempo sigo confirmando que la decisión de ser toda de Dios, como una de las Hermanas Doroteas de Cemmo, nació en aquel primer 'sí', y que la adversidad no es obstáculo, sino un trampolín que nos lanza a la gracia.
"La incomprensión de mi familia marcó mi decisión y frenó durante largo tiempo mi paso. Fue un tiempo que Jesús acompañó (...), en el que pude crecer en libertad": Hna. Maite Fernández sobre su llamado a la vida consagrada
Nancy Negrón Ortiz, religiosa puertorriqueña de las Hermanas Misioneras del Buen Pastor, estudió Consejería Psicológica en la Universidad del Turabo, Puerto Rico, y es psicóloga licenciada. Actualmente realiza estudios de posgrado en Misionología en la Universidad Católica Boliviana, sede Cochabamba. Ha servido en el liderazgo en su congregación, en la Conferencia de Religiosos/as de Puerto Rico (COR) y en la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR). Ha realizado labor misionera en Puerto Rico y Colombia. Actualmente ofrece acompañamiento psicológico y espiritual a jóvenes, adultos y personas consagradas.
Un día intuí que Dios guardaba en su corazón un sueño inimaginable —insospechado— para mi vida. Emergió desde lo más profundo de mi interior la imagen de aquel día en que Dios pensó en mí, me amó y me creó, compartiendo su aliento, su Espíritu y pronunciando su palabra creadora y recreadora: "¡Hágase en ella según lo he soñado!". El dinamismo de ese '¡sí!' desató el movimiento de la vida que va configurándome a imagen del sueño gestado en su corazón.
El movimiento de vida se ha ido tejiendo en el encuentro en libertad. A partir de pequeños '¡síes!' le he ido diciendo a Dios: "Aquí estoy, para dejarme hacer por ti, por tu voluntad. ¡Sí a la vida! ¡Sí a tu invitación a seguirte! ¡Sí al sueño de amor que quieres realizar en mí!"
He descubierto que para que el sueño de Dios germine necesita ser cuidado por los pequeños 'síes' de cada día. El sueño de Dios siempre me sobrepasa; va más allá de lo que yo pueda imaginar. Por eso he aprendido a navegar hacia aguas profundas desde la certeza de su presencia, desde el susurro de sus palabras: "No temas, pues yo estoy contigo; no te angusties, pues yo soy tu Dios; yo te fortalezco y te ayudo…" (Is. 41, 10).
Durante este recorrido, Dios me llamó a ejercer el servicio de liderazgo y animación en mi congregación religiosa y fuera de ella, en otras instituciones eclesiales. Estas llamadas me sorprendieron, y decir '¡sí!' supuso para mí un verdadero salto de fe, dada la conciencia de mi propia pequeñez. Por eso, esos '¡síes!' fueron los más difíciles que he pronunciado.
La Hna. Nancy Negrón, vicepresidenta de la CLAR (2018-2022), participa en la reunión plenaria de la UISG en 2019 en Roma. (Foto: cortesía Nancy Negrón)
En el diálogo de amor con Dios he aprendido a confiar cada vez más en su sueño, en su proyecto sobre mi vida y la de los demás. Esa confianza en su amor fue afianzando mi convicción de que su amor no lastima; por el contrario, libera y sana.
Sentirme hija, plenamente amada por Dios, en quien Él se complace, se convirtió en impulso y sostén para mi disponibilidad, para decir '¡sí!' con alegría. Cada día, Dios sale a mi encuentro y necesita mi disponibilidad para colaborar con Él en su proyecto del Reino: reino de amor, de justicia y de paz.
El entretejido de mis pequeños '¡síes!' se une y se entrelaza hermosamente con los otros '¡síes!' de mis hermanas, compañeras de camino. Mutuamente nos acompañamos y nos sostenemos en la misión de ser artesanas de comunión.
Así, todos los '¡síes!' se van entretejiendo hasta confeccionar un arte de vida, expresión sublime de la respuesta más radical: ¡Hágase en mí como lo has soñado! ¡Hágase en nosotras como lo has soñado!
"El movimiento de vida se ha ido tejiendo en el encuentro en libertad. A partir de pequeños ¡síes! le he ido diciendo a Dios: 'Aquí estoy, para dejarme hacer por ti, por tu voluntad'": Hna. Nancy Negrón
