Entrada de Cristo en Jerusalén, óleo de Scipione Compagno, siglo XVII. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Al llegar cerca de Jerusalén, entraron en Betfagé, junto al monte de los Olivos. Entonces Jesús envió a dos discípulos diciéndoles: "Vayan al pueblo de enfrente y enseguida encontrarán una burra atada y su cría junto a ella. Desátenla y tráiganla. Si alguien les dice algo, ustedes le dirán que el Señor la necesita. Y enseguida los devolverá". Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el profeta: "Digan a la ciudad de Sión: 'Mira a tu rey que está llegando: humilde, cabalgando un burrito, hijo de asna'". Fueron los discípulos y, siguiendo las instrucciones de Jesús, le llevaron la burra y su cría. Echaron los mantos sobre ellos y el Señor se montó. Una gran muchedumbre alfombraba con sus mantos el camino. Otros cortaban ramas de árbol y cubrían con ellas el camino. La multitud, delante y detrás de él, aclamaba: "¡Hosana al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor. ¡Hosana en las alturas!". Cuando entró en Jerusalén, toda la población conmovida preguntaba: "¿Quién es este?". Y la multitud contestaba: "Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea"» (Mateo 21, 1-11). *
Llegamos a la celebración de la Semana Mayor. Es un tiempo intenso que hemos preparado con la vivencia de los cinco domingos de Cuaresma y que se condensan en una semana donde asistiremos a la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, su persecución, arresto, juicio, crucifixión, traición de los suyos, resurrección. Por eso el Evangelio de este domingo es la lectura de toda la pasión, en este ciclo litúrgico, según Mateo.
"Si estamos recibiéndole y aclamándole en su entrada a Jerusalén, pidámosle fortaleza y fidelidad para no apartarnos de su lado": teóloga Consuelo Vélez sobre el Domingo de Ramos
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No vamos a comentar ese Evangelio (lo cual haremos en cada uno de los días santos) sino lo que conocemos como el Domingo de Ramos. Según Mateo, quien tiene mucho interés en mostrar a sus destinatarios que con Jesús se van cumpliendo las Escrituras (ya que escribe a comunidades judías), Jesús envía a sus discípulos para que le traigan una burra con su cría y él pueda entrar a la ciudad. De esa manera se cumple lo dicho por el profeta sobre un rey humilde que entra a la gran ciudad de Sión y es recibido con gozo e inmenso júbilo.
Sin duda, es un día de fiesta y alborozo. El pueblo está reconociendo en Jesús al profeta, Jesús de Nazaret. Lo aclaman, cubren el camino con sus mantos y todo parece indicar que las gentes sencillas están acogiendo la buena noticia del Reino anunciado por Jesús y se sellará su éxito en Jerusalén, la ciudad de Dios. Sin embargo, rápidamente la situación cambia, mostrando una vez más que las fuerzas de las instituciones civiles y religiosas casi siempre acallan la voz del pueblo y consiguen terminar con todos los intentos de cambio y transformación de la realidad. Es lo que sabemos que pasará con la propuesta de Jesús: será incomprendida, atacada, juzgada y desechada. Y el fracaso será la marca de todo lo que se espera sucederá próximamente.
Pero no nos adelantemos. Por ahora, si estamos recibiéndole y aclamándole en su entrada a Jerusalén, pidámosle fortaleza y fidelidad para no apartarnos de su lado. Que las fuerzas poderosas no logren que le traicionemos. No vienen tiempos fáciles, pero, tal vez, con las mujeres que supieron mantenerse al pie de la cruz, podamos nosotros, hoy, morir con Cristo para resucitar con Él.
*Nota de la autora: En la liturgia de hoy se lee todo el relato de la pasión. Pero al inicio se lee el texto de la entrada a Jerusalén. Solo transcribo este pasaje.
