La parábola del siervo despiadado, óleo de Claude Vignon, 1629. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: 'Señor, dame un plazo y te pagaré todo'. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: ‘Págame lo que me debes‘. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?'. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos"»(Mateo 18, 21-35).
El perdón es una realidad humana que siempre nos cuestiona. En el Evangelio de hoy, Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces ha de perdonar al hermano y si debe ser "hasta siete veces". Jesús le contesta que setenta veces siete. En otras palabras, Jesús le dice que 'siempre'.
Y este es el misterio de la vida cristiana. Frente a la ley del Antiguo Testamento que apelaba al ‘ojo por ojo, diente por diente‘, el Evangelio va más allá: el perdón ha de darse siempre. La razón de esta actitud queda explicada en la parábola que Jesús cuenta a continuación sobre el rey que perdonó a quien no podía pagarle.
"Nuestro Dios nos perdona sin límites, y esa es la fuerza y razón para que nosotros también perdonemos a los demás": teóloga Consuelo Vélez, comentario al #EvangelioDelDomingo, #serieAlPartirElPan. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
En efecto, un obrero le debía diez mil talentos —una gran cantidad—y el rey dio la orden de que lo vendieran para que le pagara. Pero el obrero le rogó que le diera plazo y, efectivamente, esas palabras lo conmovieron y le perdonó. Pero lo que sucedió a continuación resultó muy contradictorio. Un compañero de trabajo le debía al obrero que fue perdonado cien denarios —una cantidad muy pequeña— y tampoco podía pagarle. Le pidió que le diera plazo, pero este obrero no quiso y lo envió a la cárcel.
Sus propios compañeros se entristecieron por la actitud de este siervo y fueron a contárselo al rey. Este último, al saber lo sucedido, se enfadó con el obrero y le recriminó que no hubiera tenido en cuenta el perdón recibido. De ahí que le reprochó fuertemente su actitud y decidió entregarlo a manos de los verdugos para que pagara todo lo que debía.
Esta parábola no es otra cosa que la oración que repetimos en el Padre Nuestro donde pedimos que Dios "perdone nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Así queda clara la razón de por qué Jesús nos invita a perdonar siempre: nuestro Dios nos perdona sin límites y esa es la fuerza y razón para que nosotros también perdonemos a los demás.
Que nuestra oración del Padre Nuestro nos comprometa con un perdón generoso y verdadero, acogiendo el perdón de Dios que se nos da total y gratuitamente.
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