Ascensión, óleo sobre tabla —en el retablo mayor de la catedral de Valencia— de Hernando de los Llanos, entre 1507 y 1510. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús. Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron. Jesús se acercó y les habló: "Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo"» (Mateo 28, 16-20).
Celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús, y el Evangelio de Mateo que hoy consideramos no nos habla de la Ascensión sino del envío misionero. Es decir, las consecuencias de que Jesús suba a los cielos se reflejan en la tarea que encomienda a los discípulos.
Jesús les dice que por la autoridad que se le ha concedido —por su resurrección— él los envía a conseguir discípulos entre todos los pueblos. El gesto de inicio para ese discipulado es el bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Notemos que es una de las pocas veces que en los Evangelios se habla de las tres personas de la Trinidad.
La subida al cielo de Jesús no es solo una despedida sino el inicio de la misión encomendada a sus discípulos, escribe la teóloga laica Consuelo Vélez en su comentario al Evangelio de la Ascensión del Señor para la serie Al partir el pan
Jesús también les pide que enseñen a todos a cumplir lo que han aprendido con él y promete que estará con ellos siempre, hasta el fin del mundo. Jesús se va, pero no les deja huérfanos, sino que su promesa —que sabemos será su mismo Espíritu— se queda para siempre con los suyos.
Como es común en Mateo, esta escena ocurre en un monte, lugar del encuentro con Dios, y el gesto de los discípulos habla del reconocimiento que hacen de Él como hijo de Dios. Por eso se postran, y es cuando Jesús les confía la misión.
El texto dice que algunos dudaron, y esto se debe a que estos acontecimientos que estamos celebrando son objeto de fe. No pretendemos demostrarlos, solo creemos en el testimonio de los discípulos, quienes habiendo tomado en serio la misión confiada, hicieron posible que el anuncio llegara hasta nosotros. Más aún, hoy en día nosotros somos los destinatarios de esa misión y tenemos el compromiso de anunciar el Evangelio para que la Buena Noticia del Reino llegue hasta los confines de la tierra.
Será la primera lectura de la liturgia de hoy, tomada del libro de los Hechos (1, 1-11) la que narre cómo Jesús, después de darles instrucciones a los suyos y prometerles el Espíritu Santo, es elevado al cielo a la vista de todos. Lo interesante es la aparición de dos hombres vestidos de blanco que interpelan a los discípulos, preguntándoles qué hacen mirando al cielo. Es decir, es hora de ponerse en camino a cumplir la misión que se les ha dado.
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