La cena de Emaús, óleo de Diego Velázquez, 1618. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Aquel mismo día, dos de ellos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino conversaban sobre todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona los alcanzó y se puso a caminar con ellos. Pero ellos tenían los ojos incapacitados para reconocerlo. Él les preguntó: "¿De qué van conversando por el camino?". Ellos se detuvieron con rostro afligido, y uno de ellos, llamado Cleofás, le dijo: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que desconoce lo que ha sucedido allí estos días?". Jesús preguntó: "¿Qué cosa?". Le contestaron: "Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo. Los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. ¡Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel!, pero ya hace tres días que sucedió todo esto. Es verdad que unas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado; ellas fueron de madrugada al sepulcro, y al no encontrar el cadáver, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles asegurándoles que él está vivo. También algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como habían contado las mujeres; pero a él no lo vieron". Jesús les dijo: "¡Qué duros de entendimiento!, ¡cómo les cuesta creer lo que dijeron los profetas! ¿No tenía que padecer eso el Mesías para entrar en su gloria?". Y les explicó, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, lo que en toda la Escritura se refería a él. Se acercaban al pueblo adonde se dirigían, y él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día se acaba". Entró para quedarse con ellos; y, mientras estaba con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. Se dijeron uno al otro: "¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura?". Se levantaron al instante, volvieron a Jerusalén y encontraron a los Once y a los demás compañeros, quienes afirmaban: "Realmente ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón". Ellos por su parte contaron lo que les había sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan» (Lc 24, 13-35).
Después de la crucifixión y muerte de Jesús no queda sino la desesperanza y la frustración. Esto es lo que van comentando los discípulos de Emaús, regresando a su pueblo, a unos 10 km de Jerusalén, porque han pasado tres días y nada ha sucedido. Pero justamente en ese camino, Jesús se les aparece —sin que ellos sepan que es Jesús— y les pregunta sobre lo que están conversando. Ellos quedan muy extrañados de que él no sepa lo que ha sucedido y así se lo expresan. Pero Jesús les increpa llamándolos “duros de entendimiento”, porque lo acontecido era lo anunciado por los profetas y ellos no han logrado entenderlo. Comienza a recordarles las Escrituras para mostrarles que el Mesías debía morir para entrar en su gloria. Sin embargo, ellos no logran entenderlo.
"Jesús resucitado se ha quedado con nosotros en la Eucaristía. Jesús se ha quedado como alimento para que nosotros podamos vivir como resucitados": teóloga Consuelo Vélez, comentario al Evangelio del tercer domingo de Pascua
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Cuando llegan a la casa le piden al forastero que se quede con ellos, como buenos judíos para quienes la hospitalidad es un valor fundamental. Y será entonces cuando, con un gesto profundamente eucarístico —tomar el pan, bendecirlo, partirlo y dárselos—, se les abren los ojos y lo reconocen. Pero, inmediatamente, Jesús desaparece y, sin embargo, ellos saben que era Jesús. Más aún caen en la cuenta de que sus corazones ardían cuando él les relataba las Escrituras. Inmediatamente vuelven a Jerusalén para contar lo sucedido a los otros discípulos, quienes también están afirmando que Jesús ha resucitado porque se le ha aparecido a Simón.
Hagamos dos anotaciones más de este texto. Por una parte, Jesús resucitado se ha quedado con nosotros en la Eucaristía. Ya no se va ir de nuestro lado. Jesús se ha quedado como alimento para que nosotros podamos vivir como resucitados. Por otra parte, la exégesis actual no descarta que los discípulos de Emaús fueran un matrimonio, ya que viven en la misma casa y, si recordamos, una de las mujeres que está al pie de la cruz es María de Clopás (es el mismo nombre de Cleofas). Este dato es importante para seguir favoreciendo la presencia de las mujeres en el discipulado, en igualdad de condiciones que los varones.
Finalmente, estos textos de apariciones del Resucitado nos invitan a abrir nuestro corazón y nuestra mente para que sepamos descubrirle en nuestra realidad y sigamos siendo testigos del don de su presencia entre nosotros.
