El milagro de los panes y los peces, óleo sobre lienzo de Giovanni Lanfranco, 1624-1625. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos". Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos". Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados". "Tráiganmelos aquí", les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños» (Mateo 14, 13-21).
La liturgia de hoy nos ofrece el conocido texto de la multiplicación de los panes. Casi siempre se pone el énfasis en el milagro del compartir que hace posible que lo poco se haga abundante. Pero conviene centrarse en el motivo de tal multiplicación: la compasión que Jesús siente frente a esa multitud.
Es por esa compasión que Jesús se dispone a curar a los enfermos y a enseñarles durante todo el día; cuando los discípulos le dicen que los despida, Jesús sigue comprometido con el pueblo y, por eso, no hace caso de este consejo, sino le pide a los discípulos que le den de comer al pueblo.
"La pobreza y la injusticia no pueden sernos indiferentes": la teóloga Consuelo Vélez comenta para la serie#AlPartirElPan el Evangelio de la multiplicación de los panes desde la compasión de Jesús. #GSRenEspañol #HermanasCatólicas
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Ante la respuesta de los discípulos de tener solo cinco panes y dos peces, Jesús dice que se los traigan y, en un gesto claramente eucarístico, los bendice y se los da a ellos para que los repartan. Jesús quiere que los discípulos palpen que el compromiso ha de llegar hasta el final y, como discípulos, han de hacer lo que hace su maestro. En esta ocasión, los discípulos constataron la abundancia que surge de seguir al maestro y tener sus mismos sentimientos.
La llamada actual para nosotros consiste en compadecernos como Jesús por las necesidades de nuestro mundo. La pobreza, la injusticia, la violación de derechos humanos, la exclusión y tantas otras realidades de sufrimiento no pueden sernos indiferentes.
Más aún, tenemos que preguntarnos por qué no ‘sentimos’ como sintió Jesús y por qué nuestra fe no se traduce en una voz profética y en obras de justicia. Hemos de salir de una fe intimista que solo se preocupa por el anuncio de la doctrina cristiana, pero no se compromete con la dimensión sociopolítica de la fe.
Esta es la gran deuda de nuestro cristianismo, porque no se explica, como ya lo dijo la Conferencia de Puebla (n. 28) hace más de 40 años, la brecha inmensa entre ricos y pobres, en un continente mayoritariamente cristiano.
Dos datos más sobre el texto. Antes de Jesús sentir compasión, Jesús acababa de enterarse de una noticia. Esta noticia era la muerte de Juan el Bautista. Por esto, Jesús se retira para estar a solas, porque el asesinato de un profeta ya mostraba el rechazo a la Buena Nueva del Reino que Jesús estaba anunciando. Con seguridad su oración a solas le dio la fuerza para mantener la fidelidad a su misión, contando con la persecución que esto podría traerle.
Y, finalmente, el texto dice que se alimentaron 5000 hombres sin contar mujeres ni niños. Parece una frase irrelevante, pero muestra el lugar que ocupaban las mujeres y que siguen ocupando en la actualidad. Simplemente un número que se añade, pero que no representa la centralidad de los acontecimientos y su importancia en ellos. Es necesario, por tanto, seguir denunciando los rasgos patriarcales del texto bíblico para transformarlos y continuar trabajando por la igual dignidad de mujeres y varones en todos los ámbitos.
