La parábola de los viñadores homicidas, óleo de Marten van Valckenborch, hacia 1580-1590. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«Escuchen otra parábola: “Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: ‘Respetarán a mi hijo’. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: ‘Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia’. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?". Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo". Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos’? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos" (Mateo 21, 33-43).
El Evangelio de Mateo muestra a Jesús en confrontación con las autoridades religiosas de su tiempo y a ellas les dirige varias parábolas.
En esta ocasión, la parábola se refiere a un hombre que poseía una tierra y planta en ella una viña, que deja al cuidado de los viñadores. Cuando llega el momento de la cosecha, manda a unos siervos para recoger los frutos. Pero los viñadores los golpean e incluso matan a alguno de ellos. Conociendo lo sucedido, el dueño de la viña manda a otros servidores, pero los tratan de igual manera. Finalmente manda a su propio hijo, creyendo que lo respetarán. Pero no fue así. Sabiendo que es el heredero, lo matan igualmente.
La teóloga Consuelo Vélez reflexiona sobre la parábola de los viñadores homicidas: los sumos sacerdotes condenan la culpa ajena, pero no reconocen que ellos mismos rechazan a Jesús. #GSRenEspañol #HermanasCatólicas #serieAlPartirElPan
Entonces Jesús les pregunta qué creen que hará el dueño de la viña. Y ellos respondieron que acabará con esos viñadores y dará su viña a otros para obtener el fruto.
Fue fácil, para los oyentes de Jesús, dar la respuesta correcta, pero más difícil fue entender lo que Jesús les quería enseñar con esta parábola.
Jesús, entonces, les recuerda lo que dice la Escritura —tan conocida por estas autoridades religiosas—. Concretamente se refiere a las palabras del Salmo 118: "La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular". Jesús es esa piedra angular que ellos no quieren reconocer. No ha sido por falta de profetas e, incluso, en ese momento, a través de su mismo Hijo, como Dios les ha hablado. Sin embargo, ellos rechazan la piedra angular y Dios no tiene más alternativa que quitarles el Reino y dárselo al pueblo que produzca frutos.
En otras palabras, Jesús les enseña que no son los malvados obreros de la parábola los que no acogen el Reino, sino que son ellos mismos que tiene al frente a Jesús y, escuchando su mensaje, se niegan a reconocerlo como enviado del Padre.
Pidamos al Señor no ser de los que sabiendo tanto de Dios, no reconocen a su Hijo y, por el contrario, lo desprecian e incluso llegan a matarlo.
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