La exhortación de los apóstoles, acuarela de James Tissot, entre 1886 y 1894. (Foto: Wikimedia Commons)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.
«No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres» (Mateo 10, 26-33).
Los Evangelios nos relatan la vida de Jesús y su anuncio del Reino, pero fueron escritos a la luz de la Pascua y, por tal motivo, nos transmiten la experiencia de las primeras comunidades más que los hechos vividos por los discípulos de Jesús.
Esto se aplica muy bien al Evangelio de este domingo, porque es muy plausible que la persecución frente a la cual Jesús dice: "No teman", la esté viviendo la comunidad de Mateo más que los mismos discípulos de Jesús.
"No temamos en proclamar el Evangelio con alegría, audacia y profetismo, porque hemos recibido esta misión del mismo Jesús, quien cuida de nosotros": teóloga Consuelo Vélez, en su comentario al #EvangelioDelDomingo, serie #AlPartirElPan
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Recordemos que los primeros cristianos eran judíos y no se plantearon, en un primer momento, dejar el judaísmo, sino acoger al Mesías que llegaba con Jesús, según las promesas de Israel. Pero no todos los judíos acogieron a Jesús, y por eso se fue haciendo más difícil la pertenencia a la comunidad judía para aquellos que comenzaban a reconocerse 'seguidores del Camino'. Precisamente, este Evangelio parece estar dirigido a ellos, que en medio de esta situación encuentran en las palabras de Jesús una invitación a 'no temer', a pesar de las dificultades.
Tres veces aparece en el texto la expresión “no teman” (una de ellas, la variante “no les teman). La primera vez lo hace en referencia a lo oculto y a lo revelado. Jesús les dice que “no les teman” porque todo lo secreto será manifestado y todo lo que él les ha revelado en secreto, ellos lo deben anunciar a plena luz del día.
La segunda vez, Jesús les dice que "no teman" a quienes matan el cuerpo, porque ellos no pueden matar el alma. La persecución puede llegar, incluso, a quitarles la vida, pero Jesús les fortalece para que sigan firmes, porque la vida con Dios, la vida definitiva, nadie la puede quitar. Esto lo expresa con "no pueden matar el alma".
"No temas" aparece por tercera vez cuando Jesús hace una comparación muy sencilla, pero muy verdadera: si Dios cuida de los pájaros que valen muy poco —por eso la referencia a la venta de los pajaritos por un par de monedas—, ¿cómo no va a cuidarlos si las personas valen mucho más? Con mayor razón, ¿cómo van a pensar que Dios no los cuida, si Él los conoce plenamente? Esto lo expresa Jesús con la frase: "Ustedes tienen contados todos sus cabellos".
Con estas exhortaciones, Jesús les invita a no temer reconocerlo públicamente, garantizándoles que Él los respaldará delante del Padre.
En efecto, la misión encomendada trae dificultades, persecución e incluso la muerte. Conocemos a tantos mártires en la historia de la Iglesia y en nuestro tiempo reciente, como Monseñor Romero, quienes por alzar la voz en defensa de los débiles se ganan la furia de los poderosos. Pero esas vidas son las que nutren la fe, la sostienen y animan a otros a seguir danto testimonio del amor de Dios.
No temamos, entonces, en proclamar el Evangelio con alegría, audacia y profetismo, porque hemos recibido esta misión del mismo Jesús, quien cuida de nosotros en todo momento y hasta la eternidad.
