Pintura anónima alusiva al lavatorio de los pies a los discípulos por Jesús, en la basílica de Santa María del Mar, Barcelona. (Foto: José Luiz Bernardes Ribeiro / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0)
Nota de la editora: Bienvenidos a El Rincón de las Teólogas, donde cada semana una teóloga diferente de cualquier parte del mundo ofrece una nueva reflexión sobre las lecturas del Evangelio.
«Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y este le dice: "Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?". Jesús le replicó: "Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dice: "No me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo". Simón Pedro le dice: "Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza". Jesús le dice: "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no todos". Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos están limpios". Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: "¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman 'el Maestro' y 'el Señor', y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros: yo les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también lo hagan"» (Jn 13, 1-15).
El Jueves Santo se conoce como el día de la fraternidad (hoy en día se habla de la sororidad para visibilizar a las mujeres: frater, hermano; soror, hermana) y del servicio. También como el día de la institución de la eucaristía y, por esto mismo, se considera jueves sacerdotal. Pero el Evangelio de hoy hace énfasis en el primer aspecto y es lo que vamos a comentar.
"Confundimos con facilidad el Evangelio de Jesús con liturgias, doctrinas, tradiciones o ritos que ayudan a vivir la fe pero que no son lo esencial e incluso, a veces, lo distorsionan": teóloga Consuelo Vélez sobre Evangelio del Jueves Santo
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Este texto, previo a la pasión, relata un momento de encuentro de Jesús con los suyos antes de que lo tomen preso, lo crucifiquen y muera asesinado por los poderes de su tiempo. Más adelante, Jesús va a dar un mandamiento nuevo: "Que se amen unos a otros, como yo los he amado. En esto conocerán todos que son mis discípulos, si tienen amor los unos con los otros" (Jn 13, 34-35). Pero aquí Jesús realiza un gesto como el expresado en este dicho popular: "Una imagen vale más que mil palabras".
En efecto, el gesto realizado es tan contracultural —lavar los pies de sus discípulos— que Pedro se resiste a dejárselos lavar. Esta era una tarea de los esclavos, por lo tanto, al realizar esta acción Jesús se pone en el lugar de los últimos, más aún se hace último, servidor de todos.
El texto dice que ya Judas tenía la intención de entregarle y, sin embargo, Jesús no repara en lavar los pies a todos los presentes. El amor de Jesús es así: para todos, sin restricciones, ni reservas. Una vez que termina de lavar los pies, les explica el signo que acaba de realizar y explícitamente les dice: "Si yo siendo el Maestro les he lavado los pies a ustedes, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros".
Es bueno pensar que también en esa escena había mujeres. El texto no lo niega, con lo cual es posible pensar que estaban. Recordemos que el discipulado de Jesús no fue solo de varones y las mujeres lo siguieron de Galilea a Jerusalén, cumpliendo perfectamente con la condición requerida para ser discípulo, en el pasaje del reemplazo de Judas (Hc 1, 22).
Celebremos este Jueves Santo dejándonos enseñar, una vez más, por Jesús. Prestemos atención al signo realizado por Él y a sus palabras. Es urgente que los cristianos recuperemos lo esencial del Evangelio: el servicio, el amor incondicional, la misericordia infinita. Confundimos con facilidad el Evangelio de Jesús con liturgias, doctrinas, tradiciones o ritos, expresiones que ayudan a vivir la fe pero que no son lo esencial e incluso, a veces, lo distorsionan.
Con toda seguridad Jesús nos preguntaría nuevamente: "¿Han entendido lo que he hecho con ustedes?". Y con sencillez deberíamos responderle: "Explícanos de nuevo y ayúdanos a vivir con fidelidad tu misma calidad de amor". Esto es lo que necesita nuestro mundo, y quisiéramos vivirlo de verdad y ¡a fondo!
