La sinodalidad es imposible sin la voz y el voto de las mujeres

La hermana María Elena Méndez Ochoa y hermanas de la delegación de Catholic Extension en Roma junto a la hermana Raffaella Petrini. (Foto: cortesía María E. Méndez O.)

La hermana María Elena Méndez Ochoa y hermanas de la delegación de Catholic Extension en Roma junto a la hermana Raffaella Petrini. (Foto: cortesía María E. Méndez O.)

 

por María Elena Méndez Ochoa

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El 6 de abril de 2023, junto a un grupo de setenta personas, tuve la oportunidad de participar en la audiencia privada con el papa Francisco en Roma. Esta delegación, organizada por Catholic Extension y Saint Mary’s University de Minnesota, estaba conformada por cardenales, laicos, religiosas hispanas que sirven en diócesis pobres de los Estados Unidos, al igual que personas invitadas por el equipo de Catholic Extension. 

Fieles y monjas participan en "Juntos", una vigilia de oración con el papa Francisco y líderes de la Iglesia para el Sínodo de los Obispos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el sábado 30 de septiembre de 2023, tres días antes de la apertura oficial de la XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos el 4 de octubre. (Foto AP / Riccardo De Luca)

Fieles y monjas participan en "Juntos", una vigilia de oración con el papa Francisco y líderes de la Iglesia para el Sínodo de los Obispos en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el sábado 30 de septiembre de 2023, tres días antes de la apertura oficial de la XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos el 4 de octubre. (Foto AP / Riccardo De Luca)

El mismo día de la audiencia privada con el papa, horas más tarde, el Vaticano publicó la noticia, de que Francisco permitirá durante  el Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre, la participación de mujeres y laicos con voz y voto, marcando así un cambio sumamente importante. 

El papa Francisco tomó   una decisión revolucionaria al permitir que las mujeres y los laicos elegidos para participar en el próximo Sínodo de los Obispos, puedan votar por primera vez en esa asamblea. Hasta ahora, solo se había permitido el voto a los prelados sobre el documento final.

La noticia sobre la participación de las mujeres con voz y voto trajo a mi mente el recuerdo de la primera reunión del Ministerio Hispano Diocesano en Pensilvania en el 2010, en la que hasta entonces solo participaban sacerdotes y diáconos. 

Nosotras, las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo, fuimos las primeras mujeres en participar, aparte de la secretaria diocesana que se encargaba de tomar notas. Inicialmente, asumimos que, al ser religiosas, teníamos plena participación, pero después de algunos meses me enteré de que los sacerdotes se reunieron para decidir si nosotras tendríamos voz y voto en las decisiones del grupo. La verdad es que esto me sorprendió mucho, porque como religiosa, lo daba por asumido. 

Trece años después el papa extiende la invitación y da plena participación a las mujeres y los laicos en el Sínodo de los Obispos. Yo sentí una gran alegría porque estos dos grupos de personas aún estamos marginados dentro de la Iglesia. 

La decisión del papa de darle voz y voto a las mujeres y a los laicos en el Sínodo representa un punto de inflexión tanto para  la Iglesia como para la sociedad.

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Sesión inaugural del Sínodo de los Obispos en Aula Pablo VI en El Vaticano, el miércoles 4 de octubre de 2023. Un tema clave en la agenda es el papel de las mujeres en la Iglesia. Por primera vez, las mujeres y los laicos pueden votar sobre propuestas específicas junto con los obispos. (Foto de AP/Gregorio Borgia)

Sesión inaugural del Sínodo de los Obispos en Aula Pablo VI en El Vaticano, el miércoles 4 de octubre de 2023. Un tema clave en la agenda es el papel de las mujeres en la Iglesia. Por primera vez, las mujeres y los laicos pueden votar sobre propuestas específicas junto con los obispos. (Foto de AP/Gregorio Borgia)

El proceso de sinodalidad tenemos que hacerlo juntos si deseamos avanzar de una estructura jerárquica hacia una más circular, ya que debe involucrar distintas dimensiones: personal, comunitaria, eclesial y social. En este contexto la participación y la escucha son elementos importantes de la comunión. 

Durante nuestra audiencia privada con el papa en Roma, tuvimos la oportunidad de saludarle personalmente. Él nos animó a seguir edificando el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y a dar voz a aquellos que suelen ser ignorados, ya que de esa manera se demuestra la dignidad que Dios concede a cada persona. Esto es muy importante hoy, cuando la Iglesia entera está iniciando el camino hacia la sinodalidad. 

Es bien sabido que por más de veinte siglos las mujeres han enfrentado la marginación y han sido impedidas de plena participación en la mesa del liderazgo. Por lo tanto, la decisión del papa de darle voz y voto a las mujeres y a los laicos en el Sínodo representa un punto de inflexión tanto para  la Iglesia como para la sociedad. 

Sabemos que el camino sinodal no se limita a las audiencias o las conclusiones sinodales; todavía tenemos mucho trabajo por hacer, sobre todo con las nuevas generaciones de católicos que buscan ocupar un lugar en la mesa de la conversación y transformación. Esta tarea es imprescindible hoy en día.

El 7 de abril, siguiente día del encuentro con el papa, nos reunimos con la hermana Rafaella Petrini de las Hermanas Franciscanas de la Eucaristía. Ella es la mujer con mayor rango en el Vaticano y fue designada por el papa Francisco. A pesar de su apariencia frágil, lleva la responsabilidad de ser la secretaria general de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Ella lleva sobre sus hombros una gran responsabilidad, ya que además de representar a las mujeres en la Iglesia, está profundamente convencida de la importancia de que, como mujer y  religiosa, está generando cambios en el Vaticano, en la Iglesia y en la sociedad.  

Sabemos que el camino sinodal no se limita a las audiencias o las conclusiones sinodales; todavía tenemos mucho trabajo por hacer, sobre todo con las nuevas generaciones de católicos que buscan ocupar un lugar en la mesa de la conversación y transformación.

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Una monja observa desde una terraza mientras el papa Francisco preside una misa concelebrada por los nuevos cardenales para el inicio de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos en la Plaza de San Pedro en El Vaticano, el miércoles 4 de octubre de 2023. (Foto AP / Andrew Medichini)

Una monja observa desde una terraza mientras el papa Francisco preside una misa concelebrada por los nuevos cardenales para el inicio de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos en la Plaza de San Pedro en El Vaticano, el miércoles 4 de octubre de 2023. (Foto AP / Andrew Medichini)

Al verla y escucharla, las hermanas nos sentimos orgullosas de conocerla y apoyarla en su ministerio. Con esta posición y otras que han sido ocupadas por mujeres, también agradecimos al papa por designar a mujeres en posiciones de transformación estructural, ya que la Iglesia no está completa si las mujeres estamos ausentes de los espacios de toma de decisiones. 

Durante nuestro encuentro con la hermana Raffaella, a pesar de su tiempo limitado, pudimos escuchar su perspectiva sobre el impacto de la vida religiosa en el mundo de hoy. Para ella, la vida religiosa representa canales de paz donde estamos llamados a ser y servir. Nos recordó que no debemos olvidar que por encima de nosotros existe una autoridad superior, que es el Espíritu Santo, al cual es importante permitirle obrar en nosotros. Además, enfatizó la importancia de ser testigos en un mundo fragmentado y de trabajar en sinodalidad y en red con otros en esta sociedad individualista, tal como nos invita el papa Francisco. 

Otra pregunta fue acerca del liderazgo de las mujeres en la Iglesia, a la que ella respondió enfatizando la importancia de la humildad. En el liderazgo es importante ser humilde, incluso cuando se tiene autoridad; y tener en cuenta nuestra fragilidad y la de los demás para mantener los pies sobre la tierra. El liderazgo promueve lo mejor en las personas, ese es su valor fundamental. Otro tema importante del liderazgo es colaborar y trabajar en red para llegar a otros y establecer conexiones en la Iglesia.

El grupo tenía curiosidad por saber qué significa ser la secretaria de Estado y trabajar directamente con el papa, así que le preguntamos cuáles eran los aspectos de su trabajo que más le gustaban. Ella nos respondió que es un trabajo muy complejo y que lo que más le gusta es colaborar con el papa dentro del Vaticano para llevar a cabo cambios para mejorar la Iglesia y promover la diversidad. 

La hermana concluyó el encuentro pidiendo al grupo oración por ella, pues su trabajo no es fácil: incluye la gestión económica de edificios y estructuras, comunicaciones, atención a la salud, supervisión de museos, administración de residencias (villas), así como la coordinación de policía y bomberos. El Vaticano cuenta con una plantilla de 2000 empleados, y la religiosa se alegra de colaborar con un buen equipo. 

Es bien sabido que por más de veinte siglos las mujeres han enfrentado la marginación y han sido impedidas de plena participación en la mesa del liderazgo.

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Los participantes en la sesión de apertura del Sínodo de los Obispos llegan al Aula Pablo VI en el Vaticano, el miércoles 4 de octubre de 2023. Por primera vez, las mujeres y los laicos pueden votar sobre propuestas específicas junto con los obispos. (Foto AP / Gregorio Borgia)

Los participantes en la sesión de apertura del Sínodo de los Obispos llegan al Aula Pablo VI en el Vaticano, el miércoles 4 de octubre de 2023. Por primera vez, las mujeres y los laicos pueden votar sobre propuestas específicas junto con los obispos. (Foto AP / Gregorio Borgia)

Las mujeres que estábamos presentes en Roma, nos sentimos representadas en ella y motivadas a ser elementos de participación y transformación sinodal desde el lugar donde nos encontramos. Este proceso nos exige cambios a nivel personal, comunitario, eclesial y  social; sobre todo, como dijo la hermana Rafaella, requiere humildad para reconocer que somos humanas y que necesitamos la guía del Espíritu Santo para avanzar hacia la comunión, a pasar de la diversidad en nuestro diario caminar tanto humano como espiritual.

La reunión con la hermana Rafaella me confirmó que hombres y mujeres, juntos, tenemos la capacidad de trabajar en colaboración cuando cada uno pone sus dones y talentos al servicio de la sinodalidad para transformar la muerte en vida plena.

Oremos por el Sínodo y por todos los participantes, para que este encuentro eclesial sea un nuevo Pentecostés en el Espíritu y nos lleve a ser una comunidad eclesial. 

Editor's note: This story was originally published in Spanish on Oct. 18.