(Foto: Unsplash/Julia Taubitz)
Como miembro del programa de rehabilitación comunitaria de las Hermanas de San Luis, he tenido el privilegio de trabajar con personas con trastornos del desarrollo neurológico, como el trastorno del espectro autista y la parálisis cerebral. Me apasiona crear espacios inclusivos y proporcionar servicios esenciales a los niños con estas afecciones.
En Nigeria, donde el autismo parece estar aumentando, el apoyo gubernamental sigue siendo limitado. En mi trabajo he encontrado creencias culturales que interpretan el autismo como una aflicción espiritual o como consecuencia del descontento de los antepasados. Algunas familias acuden primero a remedios tradicionales o espirituales, lo que retrasa la búsqueda de ayuda profesional. También existe un estigma, porque para algunas personas, el autismo es motivo de vergüenza. Estas creencias influyen directamente en nuestro trabajo, ya que muchas familias pueden mostrarse reacias a acceder a los servicios o seguir los planes terapéuticos por miedo al juicio o al rechazo. Por lo tanto, nuestra labor es clave para derribar barreras y promover la aceptación y el empoderamiento de las personas con trastorno del espectro autista, ayudándolas a desarrollar su potencial.
Las dificultades en la comunicación son frecuentes en las personas con autismo. A algunas les resulta difícil la comunicación verbal; a otras, la no verbal, como comprender señales sociales o iniciar y mantener conversaciones. Cada estudiante con autismo es único, con sus propias fortalezas y desafíos. Partiendo de esta realidad, creamos un programa de arte inclusivo en la sala de recursos del programa de Rehabilitación Comunitaria de las Hermanas de San Luis, en Akure, que permite a los estudiantes expresarse de manera creativa.
Uno de los aspectos más gratificantes de mi trabajo ha sido aprender a comunicarme con estudiantes que se expresan de formas poco convencionales, un proceso que exige paciencia y empatía. Recuerdo a una niña llamada Ayomide, que no hablaba, pero se expresaba mediante dibujos llenos de color, en los que plasmaba sentimientos de ansiedad y agobio. A medida que trabajábamos juntas, aprendí a comprender su lenguaje visual y ella comenzó a florecer en nuestro entorno inclusivo. Esta experiencia me enseñó que la comunicación adopta muchas formas y que, al acoger expresiones creativas, podemos construir vínculos profundos con personas con autismo.
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Este trabajo también me ha mostrado el impacto de la terapia especializada y del acompañamiento adecuado. Uno de nuestros estudiantes, llamado Segun, tenía grandes dificultades para relacionarse con los demás y se sentía abrumado en ambientes ruidosos. Los ejercicios matutinos, el ruido de los casilleros, las conversaciones entre estudiantes y el sonido de las campanas entre clases le resultaban angustiantes. Se tapaba los oídos y, en ocasiones, comenzaba a gritar. Utilicé terapia basada en el juego, incorporando sus intereses, para generar confianza y fomentar su participación. Poco a poco se fue sintiendo más cómodo al expresarse y, tras meses de terapia, inició espontáneamente una conversación con un compañero durante el recreo. Su sonrisa iluminó el lugar, como testimonio de su crecimiento y del apoyo recibido.
Momentos como estos me recuerdan el potencial que habita en cada persona con autismo y la importancia de brindarles las herramientas y los recursos necesarios para salir adelante.
Al mismo tiempo, soy consciente de cuánto me falta aún por aprender para acompañar y valorar plenamente estos momentos. Esta experiencia profundizó mi comprensión de la resiliencia y de la importancia de la empatía, y reforzó mi convicción espiritual sobre el valor de la compasión y la interconexión de las experiencias humanas.
Recientemente asistí a la celebración del 15.º aniversario de Guaranty Trust Holding Company, titulada De la sensibilización a la acción: 15 años promoviendo la inclusión del autismo. Fui invitada a aportar mi experiencia en el acompañamiento de personas con discapacidades intelectuales, especialmente con autismo, como parte de nuestros esfuerzos de rehabilitación comunitaria. El evento reunió a más de 2000 participantes y puso de relieve el creciente reconocimiento del autismo y la necesidad de una acción colectiva. Fue un honor participar y compartir nuestras experiencias y reflexiones sobre cómo fomentar la inclusión.
Como parte de mi compromiso con esta misión, he continuado preparándome para fortalecer este ministerio mediante un programa de tres meses en terapia del habla. Al concluir esta formación, espero poder apoyar a más niños, adolescentes y adultos con trastornos del lenguaje.
Este trabajo me brinda un profundo sentido de propósito y realización. Me motiva saber que estoy generando un impacto positivo en la vida de personas con autismo y de sus familias. Ver avances, por pequeños que sean, y recibir el agradecimiento de quienes acompaño me impulsa a seguir aprendiendo y creciendo. Es un privilegio formar parte de su camino.
"Al optar por la inclusión y la comprensión, podemos construir una sociedad más compasiva y solidaria, que reconozca todo lo que estas personas aportan": Hna. Christie Udebor sobre su acompañamiento a personas con autismo en Nigeria
También resulta alentador observar que, a medida que el público en general conoce nuestro programa en el estado de Ondo, más padres y madres brindan a sus hijos la oportunidad de asistir a la escuela. Sin embargo, conforme aumenta el número de niños con autismo en nuestro centro, enfrentamos el reto de ampliar nuestro alcance y de adquirir equipos adecuados para cada edad. Para responder a estas necesidades, tenemos previsto:
- Establecer alianzas con organizaciones y donantes para asegurar fondos destinados a equipos y recursos.
- Desarrollar un plan estratégico que permita ampliar nuestros servicios y llegar a más niños con autismo en el estado de Ondo y más allá.
- Ofrecer capacitación continua y apoyo a nuestro personal, para que cuente con las herramientas necesarias para atender las necesidades específicas de los niños con autismo.
- Trabajar con las comunidades locales para sensibilizar sobre el autismo y promover la inclusión y, aún más importante, la aceptación.
A lo largo de este proceso he aprendido que las personas con autismo no pueden definirse por un diagnóstico. Están llenas de personalidad, curiosidad y potencial. Al optar por la inclusión y la comprensión, podemos construir una sociedad más compasiva y solidaria, que reconozca todo lo que estas personas aportan a nuestras familias y a la comunidad.
Al reflexionar sobre este camino, recuerdo el poder de la compasión, la comprensión, la aceptación y la inclusión. Si trabajamos juntos, podemos crear un mundo en el que cada persona, sin importar sus capacidades, pueda desarrollarse plenamente y alcanzar su máximo potencial. Me siento orgullosa de formar parte de esta iniciativa y entusiasmada por continuar promoviendo la comprensión del autismo mediante el empoderamiento, la aceptación y la inclusión de estas personas únicas y talentosas.
