La Hna. Helga Leija, en su oficina como editora de columnas de Global Sisters Report y Global Sisters Report en español. (Foto: GSR)
Un día cualquiera recibo un mensaje de la Hna. Helga Leija, la editora de columnas para Global Sisters Report (GSR): "¿Las puedo llamar?". "Sí, claro", respondo. Poco después me llama y suelta: "¡Dejo GSR!". "¡No! ¡No fastidies!", fue mi primera reacción. Antes algo habíamos comentado de sus dudas sobre su hermoso plan futuro de realizar ministerios en su comunidad monástica benedictina. Su decisión de dejar GSR estaba tomada, pensada y discernida durante un tiempo largo y suficiente. Y la respeto, aunque me duela.
Yo la conocí cuando hace casi 5 años GSR contempló la posibilidad de tener un GSR en español ante la evidencia de la necesidad de la comunidad hispano hablante en el mundo y en concreto en la vida religiosa, tan diversa y rica según los diferentes países de Latinoamérica y España.
Ambas colaboramos con algunas cosas de preparación para GSR en español junto con la carismática Gail DeGeorge, que para entonces era la editora jefe de GSR. Pronto el equipo de GSR se dio cuenta del talento de Helga, de su total bilingüismo, de su energía incansable y de su aportación única como religiosa en una revista para religiosas. Y la contrataron para llevar adelante el proyecto de GSR en español, y seguir con GSR en inglés, junto con la ayuda de otras personas que colaboramos sobre todo con traducciones, algunas ediciones, buscando fotos para las columnas y el panel La Vida...
"He visto en ella una constante: su preocupación por la comunidad hispana". La Hna. Magda Bennásar se despide de la Hna. Helga Leija, editora de GSR, quien deja el medio para dedicarse a otro ministerio. #HermanasCatólicas #GSRenEspañol
Como nos cuenta en su carta de despedida, su estancia en GSR ha coincidido con su proceso de conocer vivencialmente la vida monástica y discernir su futuro: hermosa y difícil trayectoria para toda hermana y hermano que opta por un tiempo de exclaustración para, en muchos casos, iniciar una búsqueda de otra comunidad que en este momento vital responda mejor a sus necesidades y visión de futuro.
Y así fue para Helga. En el Monasterio de Santa Escolástica en un pueblecito de Kansas, Estados Unidos, halló su tienda de encuentro bajo las alas de la hospitalidad benedictina; hospitalidad que cada día se hace más necesaria.
Hoy la brújula de la vida la orienta hacia otros ministerios que arrancan del corazón monástico benedictino. Y le agradecemos su fidelidad y de nuevo su tesón para prepararse para su nuevo ministerio utilizando sus múltiples talentos.
En medio de todo este movimiento de la Ruah en su vida, en esos años en que la he conocido y tratado ya también como amiga, he visto en ella una constante: su preocupación por la comunidad hispana, sea por la vida religiosa o por la vida de las comunidades sencillas hoy perseguidas y maltratadas.
Ante esta situación de injusticia y persecución veo a Helga como a la mujer cananea, Mateo 15, 21-28. Ella le insiste a Jesús que los extranjeros también tienen derecho a las migajas de pan que caen de la mesa. Y Jesús flipa con ella, tanto que la actitud de la mujer le arranca una de las frases más hermosas del evangelio: "Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos" (Mt 15, 28).
¡Y ahí va su corazón y su talento! Ahora, no solo se va a dedicar a editar y traducir textos de hermanas que cuentan su lucha por la justicia y el amor evangélico en sus columnas, sino que preparará la mesa completa, no solo las migajas, para tantos hermanos y hermanas buscadores de sentido y de alimento de la Palabra.
Por eso, aunque me duela su partida, me enorgullece su proceso y creo que así nos pasa a todas las que la queremos. Porque no es un paso atrás en comodidad, sino un paso adelante para ser pionera de un ministerio en su monasterio que acogerá por igual a nativos y a extranjeros, 'eso es lo que la mujer Cananea pedía' y seguimos pidiendo, sobre todo las mujeres comprometidas en la Iglesia.
A las mujeres no nos dejan predicar en el templo, pero nadie nos impide hacerlo en las casas de espiritualidad o en los hogares, como hacían las primeras comunidades cristianas que contagiaron toda la cuenca mediterránea de Evangelio en menos de 20 años después de la muerte de Jesús. Y no, no tenían coches, ni internet, ni siquiera bicicletas. La fuerza salía de dentro, de una experiencia personal y profunda de Jesús Resucitado. Fuerza que Jesús descubre en la Cananea y en otras mujeres bíblicas que con su fe cambian la historia.
Eso te deseamos Helga. Tú vas a cambiar la historia de tu monasterio porque serás la primera que ofrezca una programación continuada para las personas que buscan las migajas; yo sé que tú las sentarás a la mesa. Y te lo agradecemos y acompañamos en el proceso.
Nos queda agradecerte infinito tu tesón y perfeccionismo en tu trabajo minucioso con la palabra orada, vivida y escrita de las hermanas que están en la brecha. GRACIAS.
Y mientras tanto:
Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos.
Que el viento sople siempre a tu espalda.
Que el sol brille cálido sobre tu rostro.
Que la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Y hasta que volvamos a encontrarnos,
que Dios te sostenga suavemente
en la palma de su mano.
(Bendición irlandesa)
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¡Shalom hermana!
