Hna. Gloria Liliana Franco Echeverri, de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora y expresidenta de la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos (CLAR), invitó a ejercer un liderazgo evangélico —basado en la vocación, la humildad, la escucha y el discernimiento— durante la conferencia inaugural del Congreso Internacional SLDI: Liderazgos que Inspiran, Redes de Esperanza y Servicio, el 28 de enero de 2026 en el Teatro de la Universidad de Monterrey, en Nuevo León, México. (Foto: cortesía archivo UDEM)
El papa León XIV, reunido en Castel Gandolfo el 12 de julio de 2025, con un grupo de hermanas religiosas de distintas comunidades, expresó: "Vuestros respectivos Institutos encarnan aspectos complementarios de la vida y acción del Pueblo de Dios: la ofrenda en unión al sacrificio de Cristo, la misión ad gentes, el amor a la Iglesia y la educación y formación de los jóvenes".
Sus palabras me animaron profundamente. Como religiosa, me invitó a releer y actualizar el carisma propio de mi comunidad a la luz de los nuevos desafíos, siempre guiada por el Espíritu Santo y en comunión con los pastores de la Iglesia. Al insistir en la necesidad de "mantener vivo el espíritu misionero, imitar los sentimientos de Cristo", me impulsó a cultivar la esperanza y promover la paz, sintiéndome parte de un gran proyecto de salvación que Dios quiere para toda la humanidad.
Esa es mi vida: soy una mujer consagrada, y desde muy joven opté por el seguimiento de Jesús, entregándome a Cristo en el servicio y el amor a la humanidad. Vivo esta vocación en medio del pueblo trabajador, donde escucho permanentemente el llamado que me dice: "El grito de mi pueblo ha llegado hasta mí por eso ve pues, yo te envío" (Exodo 3, 7-14).
Ese envío, que sigue resonando en mi vida cotidiana, hoy se concreta también en procesos de formación que me ayudan a servir mejor. Recientemente tuve la oportunidad de participar en la certificación de liderazgo social brindada por la Universidad de Monterrey (UDEM), México. La Iniciativa de Desarrollo de Liderazgo para Religiosas (SLDI por sus siglas en inglés) es un programa formativo para religiosas, apoyado por la Fundación Hilton, fiel al legado de Conrad Hilton, quien buscó siempre la mejor manera de apoyar proyectos a favor de los más vulnerables.
"El proyecto social que estoy desarrollando responde al clamor del pueblo trabajador, especialmente mujeres y jóvenes vulnerables que sostienen a sus familias con ventas ambulantes": Hna. Martha Acosta sobre su participación en Congreso SLDI
Religiosas muestran sus certificados al cierre del Congreso Internacional SLDI: Liderazgos que Inspiran, Redes de Esperanza y Servicio, el 29 de enero de 2026 en el Teatro de la Universidad de Monterrey, en Nuevo León, México. El encuentro reunió a participantes de más de 60 congregaciones de México, Estados Unidos y América Latina para fortalecer el liderazgo social y el servicio a poblaciones vulnerables. (Foto: cortesía SLDI, Universidad de Monterrey. México)
Desde comienzos de marzo de 2025, a través de la virtualidad, me he congregado con religiosas de varios países de América Latina. En estos encuentros hemos vivido espacios de sinodalidad, calidez, acogida y sororidad-fraternidad. El Espíritu de Jesús Resucitado traspasa fronteras. Conectada con el amor de Cristo, comparto experiencias de servicio a la humanidad, que realizo de manera especial con la juventud trabajadora. En ese servicio contemplo el rostro sufriente de Cristo y me solidarizo con su realidad. Al mismo tiempo, he podido admirar los diferentes carismas de las religiosas con quien comparto esta certificación.
Este proceso formativo me ha permitido profundizar en temas como el autocuidado, la comunicación asertiva y el trabajo colaborativo. También he reflexionado sobre redes y alianzas, análisis de contexto, liderazgo transformacional e incidencia política. Estas experiencias fortalecen mi saber y me foguean en el trabajo comunitario. Además, me ayudan en la elaboración del proyecto final que aplica los contenidos del curso a la realidad de mi comunidad, con el acompañamiento de los profesores de la UDEM y las animadoras de SLDI.
Este caminar sinodal entre los profesores de la UDEM y nosotras, las religiosas, ha sido un testimonio significativo, porque en él interactúan la práctica pastoral y el saber científico, lo cual cualifica la misión que realizo.
En este proceso he admirado a religiosas jóvenes, adultas y mayores que, como yo, aprovechan este espacio de formación que ofrecen SLDI, y la UDEM.
En los espacios virtuales me siento acogida, protegida e integrada. Allí construimos redes y fortalecemos la amistad social, como nos invitó el papa Francisco, para trabajar en la construcción de mejores condiciones de vida para los pobres, a través de los proyectos sociales.
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El proyecto social que estoy desarrollando responde de manera concreta al clamor del pueblo trabajador, especialmente mujeres y jóvenes vulnerables que sostienen a sus familias con ventas ambulantes: arepas, empanadas, buñuelos, gafas, chucherías y comestibles. Cerca del 20 % son mujeres y jóvenes migrantes que, gracias a fondos destinados a sus iniciativas, impulsan una economía del trueque para cubrir sus necesidades básicas. También escuchamos el grito de jóvenes que se unen para capacitarse y hacer frente con dignidad al desempleo. Contemplo lazos de fraternidad, solidaridad y resiliencia, en el lugar donde entrego lo mejor de mi vida.
El Proyecto Peregrinos de Esperanza permite articular la acción pastoral en redes, organizaciones y movimientos para hacer alianzas y aportar a la construcción del Reino en esta peregrinación colmada de esperanza, siguiendo a Jesús con radicalidad y profecía.
Esta certificación ofrecida por la Universidad de Monterrey es una oportunidad para testimoniar la sinodalidad, un camino que no se realiza sino en comunión entre laicos, religiosas, y todo el pueblo de Dios. Como religiosa, me compromete a crear una comunidad de vida atravesada por diversos carismas, ministerios y proyectos de fraternidad.
Algunas de las religiosas que participaron en esta certificación viajaron a Monterrey, México, para asistir del 28 al 29 de enero al congreso. Allí, compañeras y profesores se conocieron personalmente, y la fraternidad se concretó en amistad. Fue un abrazo fraterno, como el de la prima Isabel y María; también una oportunidad para dialogar y asumir compromisos que se han convertido en una corriente de ayuda para nuestros hermanos y hermanas en los lugares donde se vive la misión.
Continuar formando una red de vida religiosa desde SLDI es un reto maravilloso. Estas nuevas formas enriquecen y nutren la vida consagrada con la diversidad de carismas. Agradezco profundamente a SLDI y a la Universidad de Monterrey por todos los conocimientos que me han ofrecido en esta certificación.
