La Hna. Rosily Kolencherry, de la Congregación de la Santa Cruz, visita una escuela en Bihar, India, a la que acuden los hijos de los padres a los que ella ayudó a formarse en oficios cualificados. (Foto: cortesía Rosily Kolencherry)
La hermana Rosily Kolencherry ha organizado a más de 60 000 mujeres en grupos de apoyo mutuo [que funcionan como organizaciones comunitarias de base] en todo el estado de Bihar, empoderándolas para abordar problemas sociales y poner en marcha proyectos generadores de ingresos durante sus cuatro décadas de ministerio en el este de la India.
Esta mujer de 73 años, miembro de las Hermanas de la Misericordia de la Santa Cruz, comúnmente conocidas como Hermanas de la Santa Cruz, dirigió —durante 33 años, hasta 2015— el Centro de Servicios Sociales de la Santa Cruz en Hazaribagh, la agencia de trabajo social de su congregación.
En 1982 la religiosa puso en marcha un programa de grupos de apoyo mutuo para apoyar a las familias dalit y tribales desfavorecidas social y económicamente. Formó 5194 grupos, con los que ayudó a aproximadamente 62 320 mujeres.
Con el tiempo, esta red de grupos de apoyo mutuo se convirtió en un movimiento en el este de la India que empodera a las mujeres para que luchen contra el trabajo en condiciones de servidumbre, el alcoholismo, la violencia y otras violaciones a sus derechos; también apoya su participación en programas como la construcción de escuelas en las aldeas, control de presas, proyectos de irrigación y la puesta en marcha de iniciativas forestales.
Igualmente, a través de estos grupos, las mujeres colaboran en fondos de ahorro y préstamos solidarios, y desarrollan proyectos generadores de ingresos, como la avicultura, la acuicultura y la cría de cerdos, además de poner en marcha ladrilleras, molinos de arroz y de harina, y talleres de costura.
Kolencherry ha recibido 17 premios a nivel regional, nacional e internacional, incluidos dos premios presidenciales: en 2006 por su destacado servicio humanitario y en 2007 por su labor en la conservación de las aguas subterráneas (Premio Nacional del Agua). Por otra parte, ha planteado cuestiones relacionadas con la mujer en conferencias internacionales celebradas en Suiza, China, Inglaterra, Estados Unidos, Burkina Faso y Canadá.
La Hna. Rosily Kolencherry, de la Congregación de la Santa Cruz, interactúa con mujeres que formaron un grupo de apoyo mutuo de base comunitaria para realizar actividades generadoras de ingresos, como la cría de animales. (Foto: cortesía Rosily Kolencherry)
La religiosa, que también dirigió la provincia central de su congregación entre 2015 y 2021, habló sobre su trabajo y sus retos en una entrevista con Global Sisters Report (GSR).
GSR: ¿Qué le llevó a comprometerse con el servicio social?
Kolencherry: En la década de 1960, leí y oí hablar de Madre Teresa de Calcuta, que dedicó su vida a servir a los más pobres entre los pobres, a los abandonados y a los moribundos. Su historia me inspiró a convertirme en misionera en el norte de la India, donde podía ayudar a los más necesitados.
La hermana Sigrid Voggel, primera provincial de nuestra provincia india (1970-1979) y mi supervisora en el convento del Instituto de Formación Profesional (1980-1986), me animó y me confió responsabilidades, así como la libertad de dedicarme al servicio social como ministerio.
¿Puede ilustrar su trabajo con un ejemplo?
A principios de 1982, trabajaba con trabajadores esclavos de la comunidad de casta inferior (oficialmente llamada «pueblo de casta registrada») en un pueblo aquí en Hazaribag. Mi objetivo era empoderarlos en todos los niveles y asegurarme de que defendieran sus derechos.
Reuní a 16 familias de la aldea y formé un comité llamado Comité Ujjwal (Brillante). Estas familias compartían 16 acres [6.47 hectáreas] de tierra que el Gobierno les había proporcionado a través de un proyecto llamado Bhoodan (Donación de tierras) en 1956. El objetivo era ayudarles a cultivar la tierra y ser autosuficientes. Sin embargo, no podían cultivar la tierra porque no había agua. Como resultado, continuaron trabajando como jornaleros para los terratenientes.
Durante más de 25 años, la tierra permaneció sin utilizar. En 1982, tras cuatro reuniones a las que asistieron todos los habitantes del pueblo, incluidas las mujeres y los niños, se formó un comité. Se decidió crear una escuela de educación preescolar, construir un estanque y crear un salón comunitario.
También decidimos plantar árboles frutales y árboles para madera, pero se dejaron 10 acres de tierra sin emplear. Los aldeanos trabajaron la tierra y el Centro de Servicios Sociales Holy Cross les pagó. En la reunión también se acordó recaudar el 50 % del pago para crear un fondo común para futuros proyectos de la aldea.
La escasez de agua se solucionó mediante la perforación de pozos y la construcción de un gran estanque, lo que proporcionó empleo tanto a hombres como a mujeres de comunidades desfavorecidas. Hoy, incluso después de 43 años, el estanque sigue siendo una parte importante de la comunidad.
Todos los aldeanos trabajaron juntos en el proyecto. Desde el año 2000 han gestionado todas las actividades de su aldea, excepto la escuela primaria, donde necesitaban nuestro apoyo y orientación. Ese es un ejemplo de verdadero desarrollo y empoderamiento por parte de los comités de aldea y los grupos de mujeres.
¿Cómo ve el servicio social en relación con su papel como misionera?
Servir a las personas no es solo una expresión de preocupación o una tarea que cumplir; es una vocación que refleja mi fe cristiana en acción, lo que implica trabajar para empoderar a los pobres. Es el Evangelio (Lucas 4, 18) lo que me impulsa a trabajar por la liberación de los cautivos y los oprimidos.
La Hna. Rosily Kolencherry posa con un grupo de mujeres invitadas a las reuniones del comité del grupo de trabajo para informarles sobre los programas de desarrollo del Gobierno. Estas mujeres desempeñaron un papel destacado en la implementación de la Campaña de Alfabetización Total en la zona. (Foto: cortesía Rosily Kolencherry)
Para mí, el servicio social es una forma de vida, una parte esencial de llevar una vida santa y construir una comunidad arraigada en el amor y la compasión. Mi trabajo ha consistido en crear una comunidad que encarne los valores del amor, la solidaridad y el cuidado mutuo. A través del trabajo de desarrollo y el empoderamiento de los marginados, cumplo con el mandato del Evangelio y la misión de compasión de la congregación.
¿Cuál es su visión para los beneficiarios de su servicio?
Mi decisión de tender la mano a las personas marginadas, especialmente a las mujeres de las aldeas, se debe a que quiero estar físicamente presente donde hay personas necesitadas. Quería encontrarme con ellas en su lugar de sufrimiento, ofreciéndoles programas de desarrollo, empoderamiento, educación, atención sanitaria o simplemente escuchándolas. Se trata de algo más que atender las necesidades materiales inmediatas; el objetivo es ayudar a las personas a desarrollar las herramientas necesarias para una vida digna y autosuficiente.
A través del trabajo con los pobres, los marginados y los vulnerables, estamos creando un mundo más justo y amoroso que refleja el amor y la gracia de Dios. Esta visión inspira a otros a ver el servicio social no solo como un deber, sino como una vocación significativa, una forma de vivir el Evangelio en el mundo.
¿Cómo ve la sociedad civil, incluidos los beneficiarios y las autoridades, su servicio social?
La sociedad civil valora mi dedicación a ayudar a quienes a menudo son ignorados por la sociedad en general. Reconocen mi empatía y altruismo al trabajar con los pobres en zonas remotas. Apoyar a las mujeres jóvenes a través de la educación es especialmente crucial porque puede romper el ciclo de la pobreza.
Algunos me ven como un modelo a seguir que trabaja sin buscar reconocimiento y se preocupa verdaderamente por los pobres. La sociedad civil respeta mi dedicación a una causa superior y mi disposición a hacer sacrificios personales por los demás.
¿Por qué la sociedad mayoritaria margina a un grupo de personas?
En el sur de Bihar (ahora estado de Jharkhand), durante los años 80 y 90, la vida de las comunidades marginadas se caracterizaba por las dificultades económicas, el acceso limitado a los recursos y la exclusión social. (Nota de la editora: El tradicional sistema hindú de castas de cuatro niveles considera que quienes están fuera de él, como los dalit y los pueblos tribales, tienen menos dignidad y los excluye. Aunque esta discriminación se prohibió en 1950, persiste de forma sutil, especialmente en las aldeas).
Estas comunidades, principalmente poblaciones tribales de Jharkhand, se enfrentaban a problemas como la alienación de la tierra, el desplazamiento causado por proyectos de desarrollo y el acceso limitado a la educación y la atención sanitaria. Sus formas tradicionales de ganarse la vida se veían a menudo interrumpidas, lo que provocaba un aumento de la pobreza y la dependencia de los recursos forestales. Estas personas extremadamente pobres dependían de los bosques para su sustento y estaban muy endeudadas con prestamistas que las explotaban. Necesitaban algo más que ayuda: necesitaban recuperarse y empoderarse.
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¿Cuáles fueron algunos de los obstáculos a los que se enfrentó en su trabajo?
Me he enfrentado a muchos retos, tanto personales como culturales, emocionales y físicos. Pero desde el principio, consideré estas dificultades como una parte fundamental de mi vida y mi misión. Ya no me preocupan y sigo estando en paz.
Cuando me encuentro con comentarios inútiles, me entrego a Dios y rezo por esa persona. Si es posible, discuto y resuelvo el problema. Sin embargo, cada obstáculo también me ayudó a fortalecer mi fe y a afianzar mi compromiso con el servicio desinteresado. A pesar de todo, me mantuve fiel a mi vocación, encontrando formas de superar estos retos, confiando en la voluntad de Dios, y continuar sirviendo a los demás con compasión y dedicación.
¿Encontró alguna oposición por parte de la población local?
Cuando empecé a trabajar en aldeas del interior, me enfrenté a algunas diferencias culturales y actitudes sociales que tuve que sortear. Al principio experimenté cierta resistencia, pero poco a poco fue desapareciendo. Necesité mucha paciencia, humildad, energía y tiempo para comprender la mentalidad y las costumbres de la gente.
A veces, me enfrentaba a un conflicto interno entre mi deseo personal de servir a los pobres de la manera en que me sentía llamada y las necesidades y limitaciones prácticas. La lucha por equilibrar mi visión con las expectativas de la comunidad fue dura. Siempre me puse a disposición de la gente en la oficina o en las aldeas, sin contar el tiempo ni tener en cuenta mis propias necesidades, incluyendo la comida y el descanso.
¿Se ha enfrentado a acusaciones de conversión por parte de los hindúes, que son mayoría?
Nunca. Desde el principio hemos contratado personal de diversas castas, culturas, idiomas y religiones. Nuestro personal de campo siempre ha sido hindú, musulmán, cristiano, tribal y no tribal. Siempre hemos sido transparentes con la comunidad sobre nuestra misión: desarrollar la zona y mejorar la situación económica, educativa y política de su población. Hemos hecho hincapié en que nuestro trabajo consiste en ayudarles a ser autosuficientes y a integrarse en la sociedad.
La comunidad nunca ha planteado preocupaciones sobre la conversión religiosa y siempre ha acogido con agrado nuestra presencia. Si existía alguna duda, los aldeanos tenían la oportunidad de hablarlo con nuestro personal y los líderes locales.
¿Cómo le gustaría ser recordada?
Espero ser recordada por organizar, fortalecer y empoderar a miles de mujeres pobres a través de grupos de apoyo mutuo como movimiento. Este movimiento ha ayudado a las mujeres, incluso en las aldeas más remotas de los distritos de Hazaribag y Ramgarh, a ganar dignidad, respeto, autoestima y poder de decisión en sus familias.
Quizás se me recuerde por haber ayudado a formar líderes en las aldeas. Hemos creado un segundo y un tercer nivel de liderazgo dentro de los grupos de apoyo mutuo, sus agrupaciones y federaciones, dándoles el poder de gestionar sus propios asuntos. Ahora son capaces de mantener conversaciones significativas con funcionarios del Gobierno y la policía. Algunos de ellos incluso han ganado elecciones locales.
Algunas personas quizá me recuerden como alguien que trabajó para eliminar la pobreza y mejorar la situación económica, el estilo de vida, el estatus social, la salud y la higiene de las comunidades marginadas, así como la educación de sus hijos, entre otras iniciativas.
Algunos pueden recordarme como la persona que inició la labor social católica para las comunidades desfavorecidas en las zonas rurales más difíciles de Bihar. Otros pueden recordarme como alguien que colaboró con la sociedad civil y el Gobierno para mejorar la vida de los aldeanos, promoviendo la paz y la armonía.
La Hna. Rosily Kolencherry recibe un premio de conservación del Ministerio de Recursos Hídricos el 11 de septiembre de 2007 en Vigyan Bhawan, Nueva Delhi (India), por adoptar prácticas innovadoras de aumento de las aguas subterráneas mediante la recogida de agua de lluvia y la recarga artificial. El premio fue entregado por la entonces presidenta de la India Pratibha Devi Singh Patil. (Foto: cortesía Rosily Kolencherry)
Quizás también se me recuerde por organizar el primer taller sobre la tribu nómada birhor el 21 de octubre de 1995 en el distrito de Hazaribagh. Participaron más de 400 birhor, procedentes de 53 colonias birhor del distrito.
¿Cuál es su mayor satisfacción?
Mi mayor felicidad proviene de una profunda sensación de plenitud que surge de vivir mi vocación. A lo largo de mi vida he crecido espiritualmente, alineándome más con la voluntad de Dios y fortaleciendo mi relación con él. Cada acto de servicio a los demás me ha ayudado a desarrollar una mayor madurez espiritual.
Es increíblemente gratificante saber que realmente he marcado una diferencia en la vida de miles de familias, tanto de mujeres como de hombres y niños. Me alegra saber que estoy cumpliendo la voluntad de Dios y teniendo un impacto tangible en los demás. Mi profunda satisfacción en la vida religiosa proviene de una mezcla de plenitud espiritual, ayuda a los demás y crecimiento personal.
¿Por qué sus superioras le permitieron continuar en la misma misión durante 33 años, sin un traslado?
No tengo ni idea de por qué las superioras no me dieron un traslado, ni yo lo habría solicitado. Sigo las palabras de nuestra cofundadora, la beata M. Teresa Scherer: "Haz lo que esté en tu mano día tras día".
Mis superioras y mis compañeras me apreciaban y animaban mis esfuerzos. Estaban satisfechas con los progresos del centro de servicios sociales. Muchas hermanas fueron asignadas a trabajar conmigo para adquirir experiencia en el trabajo social. Algunas se quedaron tres meses o un año antes de pasar a trabajar en otros lugares.
Estoy profundamente agradecida a Dios y a las superioras provinciales por permitirme dedicar 33 años ininterrumpidos al Centro de Servicios Sociales de la Santa Cruz en Hazaribag, sirviendo al pueblo y a la nación.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 7 de octubre de 2025.
