La hermana Nelida Molina, de las Siervas Eudistas de la Undécima Hora, conversa con los reclusos durante una visita a la Penitenciaría Estatal de La Mesa, el 1 de diciembre de 2025, en Tijuana, México. Más tarde, esa mañana, se celebró una misa con motivo del cumpleaños de la madre Antonia Brenner, fundadora de la orden, que realiza labores ministeriales y sociales en la prisión, además de trabajar con pacientes de cáncer y VIH/sida y con los pobres. (Foto: OSV News/David Maung)
Antonia Brenner se había divorciado dos veces y había criado a siete hijos cuando renunció a su cómoda vida en el sur de California para vivir en una pequeña celda de prisión en la ciudad fronteriza de Tijuana.
La que fuera residente de Beverly Hills se convirtió en religiosa a los 50 años y, durante más de tres décadas, dedicó su vida a servir no solo a los que estaban entre rejas, sino también a otros fuera de la cárcel que eran pobres, enfermos y vulnerables.
Doce años después de su muerte, a los 86 años, los miembros de su comunidad religiosa están iniciando una campaña para canonizar a la Madre Antonia.
"Ella se preocupaba y amaba mucho", dijo la hermana Viola Lovato Ramírez, líder general de las Siervas Eudistas de la Undécima Hora, la comunidad religiosa que la Madre Antonia fundó para mujeres mayores como ella que sienten la llamada al servicio. "Amaba especialmente al pueblo de México, Dios puso eso en su corazón", afirmó.
La gente celebra el cumpleaños de la madre Antonia Brenner, fundadora de las Siervas Eudistas de la Undécima Hora, en la Casa Campos de San Miguel, en Tijuana, México, el 1 de diciembre de 2025. Doce años después de su muerte, a los 86 años, los miembros de su comunidad religiosa están iniciando una campaña para canonizar a la Madre Antonia. (Foto: OSV/David Maung)
Las hermanas, que llevan el nombre del santo francés san Juan Eudes, fueron aceptadas formalmente como asociación privada de fieles en 2003 por el obispo de Tijuana. La comunidad está formada actualmente por once hermanas de entre 56 y 85 años, cinco de ellas destinadas a Tijuana y el resto en diferentes partes de Estados Unidos. Sus reglas estipulan que las mujeres que se unen a ella deben ser autosuficientes y tener seguro médico. Renuevan sus votos anualmente.
A principios de este año, las hermanas comenzaron a colaborar con el Centro de Estudios sobre la Santidad, una organización católica sin ánimo de lucro con sede en Menlo Park, California, para iniciar la causa de canonización de la Madre Antonia. "Lo más importante de los candidatos a la santidad es el impacto duradero que tienen", declaró Travis Degheri, director ejecutivo del centro, a OSV News. "De todas las personas con las que he hablado y que han tenido algún tipo de relación con la Madre Antonia, queda muy claro que ella tuvo un impacto duradero en sus vidas", dijo.
En Tijuana, la mención de la Madre Antonia suele provocar sonrisas. Una mujer menuda, de penetrantes ojos azules y con un marcado acento español, se hizo amiga de los reclusos de la prisión estatal de La Mesa y los llamaba sus hijos. Durante un motín en la década de 1980, salió al patio de la prisión mientras los reclusos disparaban sus armas y les instó a que dejaran de disparar, según contó Alberto Licona, un comandante de policía jubilado de Tijuana que presenció el incidente.
"Las balas volaban", recordó y agregó: "Ella se acercó y habló con ellos durante mucho tiempo, y se rindieron".
Un recluso de la Penitenciaría Estatal La Mesa lee un programa durante la misa celebrada en la prisión de Tijuana, México, el 1 de diciembre de 2025. La misa se celebró el día del cumpleaños de la madre Antonia Brenner. (Fotro: OSV News/David Maung)
La Madre Antonia luchó por la dignidad de los presos de la superpoblada penitenciaría, proporcionándoles no solo consuelo espiritual, sino también artículos de primera necesidad, como jabón, papel higiénico, pasta de dientes y medicamentos. Recaudó fondos para pagar su atención dental y reunió la fianza para aquellos que estaban detenidos por delitos menores. Sus esfuerzos alcanzaron también a los guardias de la prisión y fuera de los muros de la penitenciaría, ya que apoyó a pacientes con cáncer y sida, así como a mujeres recién salidas de prisión y a los familiares de policías asesinados.
La Mesa era una de las prisiones más corruptas y superpobladas de México cuando la Madre Antonia convenció por primera vez a los funcionarios de la prisión para que la dejaran vivir allí en 1977. Hoy en día, la penitenciaría reconstruida alberga a 3500 reclusos, entre ellos 440 mujeres, en siete edificios construidos para 2500. Muchos reclusos siguen teniendo grandes necesidades, especialmente aquellos que no tienen familiares que los visiten y les compren artículos de higiene básicos.
El 1 de diciembre, en lo que habría sido el 99.º cumpleaños de la Madre Antonia, tres hermanas eudistas llegaron temprano para continuar su misión, llevando dos carritos de la compra llenos de rollos de papel higiénico, pasta de dientes, maquinillas de afeitar y caramelos a los bloques de celdas.
Las hermanas Ann Gertrude Djuidje, de 56 años, de Camerún, y Nelida Molina, de 77, de Perú, sonríen al entrar en la capilla católica de la Penitenciaría Estatal de La Mesa antes de la misa celebrada en la prisión de Tijuana, México, el 1 de diciembre de 2025. (Foto: OSV News/David Maung)
En un edificio, antiguos agentes de las fuerzas del orden estaban hacinados en una fila de pequeñas celdas con estrechas literas. Al final de un pasillo, algunos se secaban las lágrimas y se arrodillaban mientras la hermana Ann Gertrude Djuidje, originaria de Camerún, se situaba al otro lado de los barrotes, ofreciendo oraciones y bendiciones.
"A veces, ni siquiera nuestra familia nos visita, y este es nuestro único apoyo espiritual", dijo Luis, de 45 años, un antiguo agente de la policía municipal que lleva casi tres años encarcelado, pero que aún no ha sido condenado por ningún delito. Las visitas y las oraciones "son como un abrazo de Dios", afirmó.
Un guardia de prisión conocido como El Profe le enseñó a Madre Antonia la importancia de ver a la persona y no al delincuente. "Siempre lo tengo presente: detrás de cada delincuente hay un niño herido".
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Las menciones a la santidad de Madre Antonia surgieron por primera vez cuando aún vivía. En octubre, con la ayuda del Centro de Estudios de Santidad, su comunidad dio el primer paso presentando la documentación necesaria a la Arquidiócesis de Tijuana. Pero días después, falleció el arzobispo Francisco Moreno Barrón, y ahora están a la espera de que se nombre un nuevo arzobispo.
Mientras tanto, la hermana Anne Marie Maxfield, secretaria de la comunidad, se dedica a recopilar información y anécdotas para respaldar su iniciativa.
"Es un ejemplo para otras mujeres. Se puede vivir una vida plena de una manera y luego empezar otra vida. Esto anima a otras personas a decir: '¿Sabes qué? Si ella pudo hacerlo, yo también puedo'", dijo la hermana Anne Marie.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 18 de dicioembre de 2025.
