Nada especial, nada extraordinario: el equilibrio de Jesús y el nuestro

"La pregunta para nosotras podría ser: ¿Acojo el equilibrio que recibo en el bautismo como capacidad de encuentro con Dios y con las personas en igualdad y respeto?  ¿Y a través de ese amor, voy creando equilibrio (otra manera de decir Reino)?": Hna. Magda Bennásar

"La pregunta para nosotras podría ser: ¿Acojo el equilibrio que recibo en el bautismo como capacidad de encuentro con Dios y con las personas en igualdad y respeto?  ¿Y a través de ese amor, voy creando equilibrio (otra manera de decir Reino)?": Hna. Magda Bennásar

por Magda Bennásar

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¿Qué es lo que la Tierra tenía que no estaba presente en los otrosplanetas? Nada especial, solo el tamaño apropiado para permitir el equilibrio gravitacional y electromagnético. Nada extraordinario, simplemente una posición con respecto al sol. Estas determinaciones de la materia permitieron al sistema solar evolucionar hacia la creación de nuestro planeta. 

Si la particula de material estelar no se hubiera concentrado en cierta medida y lugar, probablemente el sistema solar habría continuado siendo un lugar sin vida a lo largo de sus miles de millones de años de existencia. Sin embargo, ese equilibrio y esas posibilidades emergieron, y la Tierra se convirtió en un pedazo evolucionado del sistema solar. 

Pensaréis que me he equivocado, pero no. Estoy tan fascinada ante el significado del bautismo de Jesús, según lo he ido comprendiendo a lo largo de mi vida de fe, como lo estoy ante la maravilla de la formación de la Tierra.

"Entiendo que la vida religiosa femenina puede aportar mucho más todavía de lo que ya aporta. Se necesita visibilizar muchísimo más el aspecto materno y sororal del Espíritu de Dios, conocido en hebreo como Ruah": Hna. Magda Bennásar

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Entiendo que la formación del planeta que habitamos es posible gracias a filigranas de equilibrio, y de la misma manera entiendo la experiencia vital de Jesús en su bautismo. Jesús logra equilibrar lo que siente y piensa con lo que recibe y acoge en su interior: "Hijo amado, complacencia del Padre" (Mc 1, 11)

Su experiencia religiosa es tan potente que transforma el modo de entender y vivir a Dios para siempre. Jesús, frente a una religiosidad entendida como cumplimiento, consigue —con su experiencia— establecer una línea de comunicación directa (cielo abierto) entre la persona creyente y Dios, sin necesidad de la mediación de nadie y sin necesidad de ofrecer sacrificios para obtener su favor.

Jesús restaura el equilibrio en la humanidad con la autoridad que le otorga su experiencia; la libera de cargas que la desequilibraban por injustas e inhumanas: el sentido del pecado, de la enfermedad, del sacrificio, de la limosna, de las leyes de pureza e impureza.

Jesús encuentra en el interior de su experiencia la autoridad para devolver el equilibrio a la sociedad y a la religión que consideraba (y sigue considerando) inferior a la mujer. Este desequilibrio es la razón por la cual no se utilizan para el bien común y el bien eclesial, más de la mitad de la inteligencia y creatividad de la humanidad que reside en la fuerza de las mujeres.

Este hecho, tan obviado, provoca un desequilibrio en multitud de mujeres llamadas y ungidas para la misión de Jesús, con plenos derechos para tomar decisiones y compartir responsabilidades. 

Igualmente, a nivel social y en muchas culturas, parece increíble que siga siendo tan  menospreciada la mujer. Nuestra religión no se libra ni un ápice. De ahí la 'desertización' generalizada. Por ejemplo, en Europa occidental, las mujeres jóvenes y de mediana edad no admiten ni comprenden, en general, la clericalización de la religión y buscan cultivar su espiritualidad en otros ámbitos como en la naturaleza o a través de  la meditación de inspiración oriental, desconociendo, en muchos casos, los métodos cristianos de meditación en silencio (como el método de  'la oración centrante' del padre Tomás Keating, cisterciense que yo practico desde hace muchos años y que ofrecemos en línea  semanalmente). 

"A nivel social y en muchas culturas, parece increíble que siga siendo tan menospreciada la mujer. Nuestra religión no se libra ni un ápice. De ahí la 'desertización' generalizada": Hna. Magda Bennásar

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Como consecuencia de la ausencia de las mujeres, las decisiones que se toman carecen del equilibrio necesario para —como he venido argumentando— que se dé la oportunidad de crear vida, en este caso, vida de fe. La comunidad cristiana necesita evolucionar, como lo hace el resto de la vida en sus múltiples facetas, y necesita de la mujer, como un hogar necesita de la madre. 

Entiendo que la vida religiosa femenina puede aportar mucho más todavía de lo que ya aporta. Se necesita visibilizar muchísimo más el aspecto materno y sororal del Espíritu de Dios, conocido en hebreo como Ruah, un término femenino que se tradujo como el Espíritu Santo. Nuevamente, observamos la influencia patriarcal en las traducciones de los textos originales.

Jesús, al saberse y sentirse infinitamente amado por un Dios que le llama 'hijo amado', descubre en sí mismo y para todos nosotros el eje de su equilibrio emocional y mental. El amor presente en esa experiencia de su bautismo se transforma en una llamada vocacional, en investidura para una misión universal, integradora y liberadora.

"Como consecuencia de la ausencia de las mujeres, las decisiones que se toman carecen del equilibrio necesario para que se dé la oportunidad de crear vida, en este caso, vida de fe": Hna. Magda Bennásar

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Cesa el tiempo de la espera, se abre el cielo, se escucha la voz. Y el varón, equilibrado por el amor que experimenta en su interior, empieza a transformar las mentes desequilibradas por falsas religiosidades que producen temor y sumisión.

Jesús acoge la filiación que se le revela a través de la voz amorosa del Padre. De igual manera, acoge al Espíritu/Ruah que le da la fuerza para la gran tarea del Reino. Su objetivo es mantener un equilibrio entre el diálogo con Dios y la acción. 

La pregunta para nosotras podría ser: ¿Acojo el equilibrio que recibo en el bautismo como capacidad de encuentro con Dios y con las personas en igualdad y respeto? ¿Y a través de ese amor, voy creando equilibrio (otra manera de decir Reino)?

No es necesario hacer nada especial, nada extraordinario. Simplemente necesitamos estar en el lugar adecuado, y utilizar la medida idónea para que pueda emerger una vida nueva: la de Dios en nosotros.

¿Cuál es el lugar? ¿Cuál, la medida? He ahí el reto. Solo aquellas personas que se sumergen en las aguas profundas del bautismo salen empoderadas del Espíritu y de la filiación; y van descubriendo tanto el lugar apropiado como la medida justa para que la vida de Dios siga siendo recreada a través de nuestras humildes vidas equilibradas por la santa Ruah. 

Jesús recrea la historia a partir de una experiencia y un proceso asumido de evolución: devolverle a la humanidad su equilibrio perdido. Esa es nuestra tarea; esa es la fuerza que nos impulsa. Sé por experiencia que frenarla o reprimirla es mucho más difícil que dejar que trabaje en nosotras. Eso sí; de tan sencillo, se nos puede escapar.

Si en esa fracción de segundo en el que todo coincidió para que la energía formara la materia no hubiese estado todo atento y a punto, la vida según la conocemos no existiría. Tal vez sea esa la tarea: estar atentas y disponibles en la fracción de segundo en que, para muchas de nosotras, una vez en la vida, el Espíritu de Dios nos cubre con su sombra.